EROS Me subo a mi auto con un sin sabor en la boca. El corazón late como un tambor de guerra, tan fuerte que retumba en mis costillas. Mis manos están tensas sobre el volante, los nudillos blancos, y mi respiración se entrecorta, como si el aire se negara a entrar del todo en mis pulmones. Reprimo las ganas de volver a ella. Por uso instantes me debatí si era una buena idea irme del piso, pero la rabia, la ira, el dolor de sus mentiras me sobre pasaron. No fui nada delicado ni cuidadoso cuando la tomé. Descargué toda mi ira y frustración sobre su cuerpo. Ella lo tomó todo, como el torbellino que representa. No se quejó, me pedía más y eso solo hacia volverme mas loco por ella. Eso solo alimentaba mas mi obsesión. La odiaba. Y al mismo tiempo, la deseaba de una forma tan enfermiza que

