MASHA Tomo una bocanada de aire, dejando que mis pulmones se llenen hasta el tope. Intento que los latidos frenéticos de mi corazón no resuenen tanto en mis oídos, pero es inútil. Las manos me sudan y el estómago se me revuelve con una angustia que no puedo contener. Joder. Nunca había estado tan nerviosa. Afrodita y Thanos caminan a mi lado, silenciosos. Mis dedos alisan con torpeza las arrugas inexistentes de mi vestido n***o. Acomodo mi cabello con un ademán tenso y trago con fuerza. Me detengo frente a la enorme puerta de madera y siento el pulso desbocarse. Un torbellino de emociones me sacude el cuerpo. —¿No va a entrar, señora Vitale? —la voz grave del hombre que custodia la entrada me devuelve bruscamente a la realidad. Lo miro, intentando mantener la compostura. —¿Mi madre?

