EROS El aire se vuelve denso, irrespirable. La tensión carga la atmósfera como un veneno suspendido en el aire, listo para filtrarse en la piel y corroer los nervios. La mirada que Agust y Génesis se intercambian es un código que no logro descifrar, pero que grita peligro. Algo más grande que todos nosotros se esconde tras esta farsa, tras cada palabra no dicha, tras cada gesto calculado. —Eros... —la voz de Ness es un lamento tembloroso, un ruego desesperado que me revuelve el estómago. Tenso la mandíbula. La rabia es un veneno ardiente en mi garganta, la decepción es una daga helada clavada en mi pecho. Su traición es un incendio que arrasa con todo lo que soy, que me consume hasta dejar solo cenizas y odio. —¿Cómo pudiste...? —gruñe mi padre, su voz grave y carcomida por algo que pa

