Juri camina hasta la terraza, toda la planta estaba cubierta de placas finas de mármol blanco y n***o, formando un elegante patrón de tablero de ajedrez, por consiguiente, el lugar era más frío de lo que recordaba. Se acerca al balcón y nota que ahora el edificio era por mucho más alto, por lo menos 40 pisos, podía verse toda la ciudad.
Desde sus manos libera unas diminutas chispas anaranjadas que vuelan por todo el Pent-House, iluminando con una tenue luz amarilla y volviéndolo más cálido, mira con nostalgia cómo las paredes y suelos reflejan las luces.
- Te traje para que descanses y repongas energía, no para que le hagas modificaciones a mi casa.
Se miran y sonríen, las vistas desde cualquier perspectiva eran increíbles, sin duda el cambio les daba aún más privacidad. Se sentían de pronto agradecidos por haber vuelto a estar juntos.
Alejandra llevaba el pequeño saquito con la aguja de Noe en el cuello, sin duda un amuleto infalible por parte de su madre. Instantes después del sacrificio de Noe, el pequeño objeto apareció en sus manos, sin saber cómo había llegado hasta ella, lo puso en su cuello desde entonces. En sus momentos tristes este emitía un confortable calor que la consolaba.
Una solitaria lágrima asoma en sus ojos y se escabulle entre sus pestañas, tenía la mirada fija en la puesta de sol y una mano jugueteando con el saquito. Le pareció algo irónico ya que el mismo dios del sol estaba a su lado. No había sido capaz de lamentar la muerte de sus padres, le hacía sentir frágil y egoísta, ellos habían perecido por una causa enorme, pero ahora con él a su lado las firmes riendas de sus emociones se aflojaban y salían en una estampida implacable, sus piernas perdieron firmeza y estabilidad.
Sus rodillas se doblaron y quedaron a centímetros del piso, unos brazos cálidos y fuertes la sostuvieron justo antes de impactarse. Su pequeño cuerpo se comenzó a sacudir nuevamente, liberando la tristeza y los sentimientos con tal violencia, que Juri sencillamente creyó que el daño causado por su ausencia era la causa. Pensaba que de no haberse ido de aquel modo ella no estaría tan inestable, pues habría estado para ella en momentos tan oscuros.
Hasta que puso atención a las imágenes que pasaban en la mente de ella, mismas que eran enviadas hacia él. La sujetaba con fuerza y ternura, ambos la pasaron mal los últimos años, se extrañaron y necesitaron intensamente. En silencio mientras ella permanecía en sus brazos, le prometió no irse nunca más, lamentándose profundamente.
Alejandra finalmente se queda dormida, él la deja en su enorme y lujosa habitación, regresa a la sala y encuentra a Gio sentado con los brazos apoyados en sus rodillas, lo vio salir y se incorpora, se acerca a un refrigerador y saca un par de cervezas ofreciéndole una, Juri no sabía si tomarla fría o esperar a que se calentar aun poco, no podría arriesgarse a quedar debilitado por una bebida. Había permanecido incapacitado el tiempo suficiente.
Estuvieron en silencio algunos minutos, Juri intentaba recordar lo más posible de su encuentro con aquella criatura, para tener a la mano pistas sobre cómo proceder en el futuro. Comenzó a notar que su piel parecía haberse vuelto más bronceada. De inmediato comienza a hacer cálculos de su próximo renacimiento, deberían haber pasado 3 mil años del último. Con horror confirmó que faltaba aproximadamente un mes para ello. Debía comenzar los preparativos.
Gio notaba que la mente de Juri estaba muy lejos de la realidad, por lo que le deseó un buen descanso y salió del edificio, no sin antes tomar las llaves del auto de Noe. Se dirigía a la casa de Coyoacán, sabía que su hermana necesitaba tiempo a solas con él. De camino se puso en contacto con Meztli, la asistente y mejor amiga de Alejandra. Ambos se conocieron en la agencia de modelaje, él aseguraba haberse enamorado a primera vista, ella tuvo que ser cortejada, pues no deseaba arriesgar su trabajo, hasta que Alejandra habló por ella con el gerente.
Él la recoge en un punto medio del camino, se detienen en una tienda para comprar bocadillos y bebidas. De vuelta al camino comienzan a comer y beber, hasta llegar a la casa. Gio usa sus poderes para encender las luces. Ella era una mujer de 20 años, era delgada y curvilínea, con un metro y sesenta, ojos cafés y cabello liso y demasiado oscuro, su tez era morena y lisa, sin marcas ni manchas. Entraron y dejaron las viandas en la cocina, Gio enciende una suave y sensual música que ella no reconoció, pero que no impidió que se estrellaran en un frenesí lleno de necesidad. Él comenzaba a comprender lo que había entre su hermana y el dios y lo que había entre sus padres. Muy recientemente reconocía los síntomas en Fausto y Sofía.
Desde hacía un tiempo había querido experimentar aquello, se imaginaba que no tendría esa oportunidad, hasta que Meztli aceptó comenzar a salir con él.
Creía perderse en aquellos minutos, que le parecían horas, lo cual lo dejaba extasiado, cansado y lleno.
Entendía todo.
Juri permaneció tanto tiempo en la sala solitario mientras repasaba los temas que en aquellos momentos le obsesionaban, no la escuchó salir de la habitación y tampoco la escuchó preparar café en la cocina y sentarse a su lado mientras lo bebía. Hasta que el dulce y amargo olor de la bebida le llenó la nariz. Su cuerpo reaccionó de inmediato, el simple vapor del café estilo americano lo llenaba de vigor y alerta.
Vio con deleite cómo los vapores rodeaban el rostro pequeño y atractivo de la joven, mientras daba pequeños sorbos para evitar quemarse. Él envío una orden al calor del líquido, para desprenderse y unirse a su piel, fue un espectáculo hipnotizante ver el humo salir de la taza y dirigirse hacia él, que la miraba con atención y hambre.
Alejandra tragó con fuerza, aquella mirada le hacía recordar a sus padres quienes a menudo se miraban de aquel modo. Recordó que no vieron a Gio cuando llegaron al Pent-House, por lo que su mirada se desvía para buscarlo.
- Él salió hace rato, me parece que se sintió incómodo aquí. Asumo la responsabilidad, me encontraba analizando ciertas cosas y me parece que lo ignoré. Incluso me ofreció una cerveza de lata, pero por seguridad no la tomé.
Alejandra lo escuchaba sin mirarlo, su corazón latía demasiado deprisa al darse cuenta de que estaban solos en la casa. Se sentía atrapada como un pequeño conejo, y aquello la seducía como nada lo había hecho antes. Juri notaba que estaba muy agitada, quizás era el mejor momento para dejarla y no causar más problemas, suficiente era lo que había sucedido durante el día. Ella debía estar muy cansada y necesitada de meditar.
- Si mi presencia es demasiado para ti, puedo retirarme a mi casa y dejarte asimilar lo sucedido, sabes que puedes buscarme cuando quieras y las veces que desees...
Ella seguía sin mover un sólo músculo, sin embargo, sus latidos eran cada vez más rápidos.
- ¿Estás bien? ¿Necesitas de algo?
Alejandra lo miró lentamente, sus ojos tenían un brillo extraño, tenían el instinto de un animal acorralado, miró la taza y que se agitaba en su mano, había olvidado por completo su afección cardíaca al tomar bebidas con cafeína o cualquier estimulante.
Se levantó tambaleante y caminó lo más de prisa que pudo hasta su habitación, donde guardaba un medicamento que le ayudaba a controlarlo. Casi cayó encima del estante donde lo tenía, las cajas cayeron en un ruidoso desorden, mientras ella se lanzaba encima de ellas para buscar la indicada.
Juri la miraba sin comprender del todo lo que tenía, hasta que entró en la mente de ella y lo supo, sólo bastó un instante para enterarse de aquello y revolver las cajas con más desesperación que Alejandra, hasta que la encontró. Mientras ella tomaba rápidamente la píldora, él analizaba la composición del activo y comenzaba a formular el antídoto definitivo para ella, le tomaría máximo una semana, considerando que estaba en una muy mala condición.
Lentamente ella se estabilizaba, mientras repasaba el regaño a su hermano por no mantener los frascos que ambos usaban por separado, ya que él prefería las bebidas muy cargadas. Habían tenido bastantes problemas antes por aquello, sin duda ahora debía darle una buena lección.
Él notaba cómo ella se calmaba, demasiado lento para su gusto, pero estaba mejorando, desafortunadamente recordó que quizás ella necesitara tiempo a solas, por lo que, al intentar retirarse, ella lo detuvo.
- No quiero más tiempo sola, mi hermano hizo cortar los lazos entre los dos, creía que yo necesitaba espacio e intimidad, nunca le dije que moría de miedo. Él, en cambio, sí aprovechó la ocasión. Cada vez que tengo una crisis se aleja casi corriendo, supongo que no sabe cómo manejarlo. Juri, no quiero que te vayas más.
Juri sintió que todo el peso de sus hombros de pronto le fue quitado de encima, él se habría ido, sin duda le habría dado ese espacio, aunque cada paso le daría puñaladas en las entrañas. La miró con inseguridad, creyendo que habían sido sus demonios hablando, burlándose de nuevo por el añoro que sentía por aquella mujercita. Ella estaba sujetándose de la cama para levantarse, el medicamento le hacía sentir mareada y a veces con náuseas, hoy sólo estaba un poco desorientada.
- Aquí, déjame ayudarte.
Él corrió y la sujetó con suavidad del brazo, mientras ella se apoyaba de él y la hacía sentarse en la cama.
- He intentado deshacerme de esta condición desde que apareció, pero nada de lo que hago la quita, he llegado a pensar que es una marca emocional, pero de igual forma no sé por dónde comenzar, jamás tuve carencias, ni afectivas ni económicas, sé cuánto me amaban mis padres, no existe nada en este mundo que me haga reprocharles algo. Sólo este medicamento logra calmarme, ni siquiera sé qué es.
- Pequeña, no es momento de pensar en esto, yo sí sé lo que es, y descuida, encontraré el modo de revertirlo.
Alejandra lo mira con aquellos enormes ojos avellana con motas verdes, parecía desenfocada, como si mirase hacia la pared de detrás. Juri sentía sus extremidades temblar violentamente, sólo por acercarse más a ella, rozar sus dedos por la delgada piel de su rostro. Se preguntaba cuándo ella logró meterse debajo de su piel y afectarle de aquel modo.
Ella le tiende una delgada y blanca mano en invitación para sentarse a su lado, un rápido examen de sus signos le dijo que estaba más tranquila, por lo que la aceptó y, sintiendo ésa típica descarga al tocarla, tomó asiento junto a ella. La sonrisa que le regaló cuando aceptó, fue como recibir el impacto de una flecha. Siempre pensó que la expresión de haber sido flechado se trataba de una exageración. Ahora entendía perfectamente cómo se sentía.
- Siento que estás siendo demasiado cauteloso, no es como si me fuera a romper. - Alejandra ahora pasaba a reírse abiertamente de su actitud.
Él continuaba mirándola embobado. Sus temblorosas manos se levantaron con la lentitud de una eternidad, ambas se detuvieron en las mejillas de Alejandra, mientras sus pulgares pasaban ligeramente sobre sus pómulos, ella cerró los ojos mientras disfrutaba de la atención. El rostro delicado y juvenil se teñía de rubor, mientras el dios luchaba contra sus instintos, la habitación se elevaba de temperatura y los cobijaba del frío de las paredes. Ella supo que él estaba cediendo, por lo que usó sus propias artimañas para convencerlo de que no podría lastimarla, su cuerpo se cubría de una capa fría y húmeda que recibía y dirigía el calor de sus manos, sin llegar a ella.
Juri quedó embelesado por sus intentos desesperados por su toque, ella se puso de pie, quedando casi a su altura sentado sujetando sus manos en su rostro, subió a horcajadas sobre las piernas de él y lo mantuvo atrapado con ella.
No hubo necesidad de dormir, ambos tenían demasiada energía para tolerar una noche despiertos, tuvieron momentos en los que él se sometió por completo a ella y otros donde ella se dejaba dominar.
Ambos estaban aún en la cama cuando la abuela Ana llegó al Pent-House, anunciando que les prepararía el desayuno a sus queridos nietos, pero al no obtener respuesta se fue por las habitaciones buscando.
Primero abrió la puerta de Gio y la encontró vacía. Al intentar abrir la de Alejandra, esta aparece en una delgada r*****a, cubriéndose con la sábana de su cama, le sonreía y repetía en varias ocasiones que saldría enseguida. Ana lo toma con extrañeza y decide esperar en la cocina.
En ocasiones le aconsejaba a su nieta que no se involucrara con hombres aún, pues la seguía considerando una niña pequeña, sin importarle que tuviera el periodo y en ocasiones las hormonas tan descontroladas que no sabía qué hacer.
Alejandra se precipita a la ducha de su cuarto con Juri escondido dentro, ambos sonríen mientras ella abre la regadera hasta una temperatura agradable y lo acorrala en el agua. Decide que aún puedes disfrutar de una vez más.
Ana llama al teléfono de Gio, habían adelantado su visita a los chicos, por temor de que la estuvieran pasando mal, además de que deseaba que Miguel presenciara el desfile conmemorativo de la independencia.
Gio se compromete a estar en casa en una hora, mientras el desayuno estaría listo, además de comprar algunos complementos de camino.
Se acerca a la puerta de Alejandra y escucha risitas y expresiones divertidas, Ana temía cada vez que la joven se rodeaba de otras personas, pues su corazón y emociones eran aún inmaduras como para tener ya experiencia con despechos. Así que las risas y los juegos dentro de su habitación le indicaban que estaba con alguien más. Se arma de valor y entra en la pieza, descubriéndola con nada más y nada menos que el mismísimo dios Tata Juriata en el piso con una toalla en la cintura y Alejandra sobre él en bata de baño. Ambos mojados y forcejeando.