Lorenzo No iba a permitir que ella bajara, no, ella me pertenece, y no soy un maldito egoísta, su caída fue el momento oportuno para tomarla en mis brazos y colocarla sobre mis hombros. Desde luego que la iba a encerrar, pero lejos, hoy menos que nada debo llevarla lejos, así que baje por la parte trasera de la casa, y aunque sus patadas se fueron intensificando, la lleve hasta la ruinas que quedan en la parte trasera. Ya uno de mis hombres me estaba esperando, él va ser el encargado de cuidarla y responderá con su vida si algo le llega a pasar. —Listo señor, ya todo está arreglado —dijo, yo asentí, mientras seguía caminando con ella a mis espaldas. Tan pronto ingresé a la pequeña cabaña y la puse sobre un mueble viejo. —¡Eres un bruto!, ¿Cómo te atreves a hacerme esto? —dijo, mirán

