—Magnus, deja de moverte —espetó Izzy cuando clavó sin querer un alfiler en la pierna de Magnus.
— ¡Izzy! —Exclamó indignado al sentir el pinchazo—. Le hiciste las modificaciones necesarias al traje unos días antes, ¿¡por qué tienes que hacerle más arreglos en este preciso momento!?
La vio enderezarse y erizar el hermoso pelaje de su cola, su omega interior se retorció al ver a la alfa enojada. Aunque, como siempre, su orgullo lo hizo enderezarse para enfrentarla y se sorprendió al darse cuenta de que no había sido nada difícil hacerlo.
—Lo estoy acomodando porque estás a unos minutos de caminar por el pasillo y encontrar a Alec en el altar. Hoy el traje te queda flojo y no voy a permitir que se te vea mal —sentenció ella tomando aguja e hilo entre sus manos. Era cierto, cada vez que su cuñada le hizo la prueba del traje le quedaba más flojo. Algo no iba bien en su cuerpo y no había tenido tiempo para averiguarlo— ¿estás comiendo bien? —El tono preocupado aminoró su enojo.
—Sí… —respondió mientras se quitaba el pantalón para entregárselo a Izzy—, probablemente solo sea el estrés por la boda.
La vio zurcir seria y concentrada, aunque no estaba seguro si le estaba poniendo completa atención a la prenda.
—Toma —dijo Izzy extendiéndoselo de nuevo—, no tienes de qué preocuparte, lo único que debes hacer hoy es disfrutar de tu día —su cuñada sonrió con calidez y alegría agitando la cola, lo cual lo contagió y por primera vez en el día se sentía eufórico por lo que estaba a punto de suceder—, ahora, tengo que arreglarme así que siéntate y relájate porque todavía tenemos una hora antes de la ceremonia.
La vio tomar un vestido púrpura y entrar al baño que se encontraba ahí mismo.
Suspiró con distintas emociones embargándolo y se dejó caer en la lujosa silla que tenía frente al tocador lleno de distintos productos de belleza.
En ese momento se encontraba en la mansión Lightwood, siendo específico en la recámara de Izzy. Al final, Alexander cambió casi todos los planes de su hermana y decidió que se casarían en su propia casa. Le había insistido en varias ocasiones que fuera en otro lugar, pero él quería dejarles bien en claro a sus padres que su decisión era incuestionable y que estaban prácticamente forzados a aceptarlos.
Magnus echó la cabeza hacia atrás, iba a pasar la mano por su cabello, pero recordó que Izzy y él habían pasado las últimas horas haciendo infinidad de retoques en su cabello y maquillaje en tonos negros brillantes y no estaba dispuesto a arruinar el magnífico trabajo que habían logrado.
La relación con los padres de Alexander no mejoraba a pesar de la inevitable boda, inclusive ya ni siquiera se les veía en el edificio de la corporación. Lo peor era que siempre que intentaba hablar de este tema con su prometido la única respuesta que obtenía era que no tenía de qué preocuparse y que en algún momento ellos cederían. Cuando en realidad lo que él deseaba era que lo aceptaran y quisieran, o mínimo lo respetaran porque no le gustaba la idea de que cuando tuvieran hijos los rechazaran.
«Bebés» pensó al mismo tiempo que llevó una mano a su vientre.
A pesar de que ya llevaban seis meses de relación y habían atravesado varios celos juntos, en ningún momento se había embarazado. Tampoco era como si hablaran del tema pues no se atrevía a decir nada al ver que él tampoco hacía ninguna mención al respecto.
El llanto de un bebé en la planta baja lo hacía sentir más ansioso, el bebé de Clary y Jace ya había nacido y rápidamente se convirtió en el centro de atención de la familia. Esa situación también acrecentaba su deseo de brindarle esa misma felicidad a Alexander.
— ¿Qué te preocupa? —Escuchó la suave voz de su cuñada preguntar.
No se había dado cuenta en qué momento salió del baño. Inclusive ya estaba peinada y en ese momento estaba pasando una brocha sobre su cara mientras se veía en un espejo que llevaba en la mano. La mirada de Izzy viajó a su mano que todavía tenía sobre su vientre, se acercó un poco y aspiró con fuerza—. No estás embarazado, tu aroma sigue siendo el mismo, ¿eso es lo que te preocupa?
—No… —respondió en voz baja—, no lo sé, es solo que… es extraño. A pesar del tiempo que ha pasado no me he embarazado, ni siquiera nos hemos cuidado y yo…
Se quedó callado al darse cuenta de que ni siquiera sabía lo que estaba diciendo.
—Magnus —dijo ella tomando sus manos—, toma en cuenta que has estado estresado, tal vez tu cuerpo no esté preparado para concebir. Todo llega a su tiempo así que no te desesperes. Además —continuó con una pequeña sonrisa—, no eres el único que ha pensado en eso. Alec me confesó que también le parece extraño, pero que no te ha dicho nada porque ve que tú no mencionas el tema.
Magnus se carcajeó al mismo tiempo que se levantó para abrazar a su cuñada.
—Somos unos tontos, creo que el tema de los bebés es un poco difícil para ambos.
—Te diré lo mismo que le dije a él: Es comprensible y no tienen de qué preocuparse, ya llegará el momento en que se sientan capaces de hablar del tema. Aunque si te sientes con la inquietud, da el primer paso.
Magnus la soltó y sonrió con amplitud.
—Gracias.
Detrás de Izzy la puerta de la recámara se entreabrió.
—Traigo el botonier—comentó con timidez Cat.
Izzy se enderezó e hizo pasar a Cat quien lucía hermosa y elegante con un vestido muy parecido al de su cuñada. Antes de preguntar a qué se refería con eso del botonier, su amiga se acercó para colocarle un racimo de diminutas flores moradas en el bolsillo de su traje. Ambas chicas se alejaron un poco y después de recorrerlo con la mirada, suspiraron enternecidas.
—Magnus te ves radiante —exclamó su amiga con los ojos sospechosamente brillantes.
Estaba a punto de decirle que no se pusiera sentimental cuando la puerta volvió a entreabrirse.
—Ya es hora —dijo una conocida voz gruesa.
Magnus se erizó cuando vio el perfil de Robert Lightwood asomándose por la puerta.
—Gracias, papá —comentó Izzy con una pequeña sonrisa poco genuina.
Cat y Magnus compartieron una mirada extrañada. Hasta donde sabía los padres de Alexander seguían en desacuerdo con la boda.
Cuando Izzy tiró de él caminando hacia la puerta, esperó que Robert se fuera, aunque solo se mantuvo en la puerta viéndolos acercarse.
— ¿Quién te entregará, Magnus? —Habló el hombre mientras los cuatro caminaban por el largo pasillo en dirección a las escaleras principales.
—Nadie, señor Lightwood —respondió con la cabeza agachada fingiendo que veía por donde caminaba.
A pesar de que tenía a Cat y a Ragnor para acompañarlo había decidido caminar hacia el altar completamente solo para demostrar que de esa manera había salido adelante. Y que solo en ese momento estaba aceptando compartir sus pasos con su amado Alexander.
—Si quieres puedo acompañarte, no tengo ningún problema en hacerlo.
Magnus se detuvo de golpe observando a Robert que también se había detenido, su expresión era de total tranquilidad, inclusive se le veía un poco animado.
— ¿Por qué? —Había algo en ese repentino interés que lo hacía desconfiar.
—Mira —comentó el señor viéndose un poco avergonzado—, no estoy en contra de su relación. Estoy molesto por la irresponsabilidad de Alec al desarrollar la fórmula para los omegas sin consultar a nadie. Tú mismo viste lo que provocó esa decisión —se estremeció al recordar el atentado y que estuvieron muy cerca de matar a Izzy—. Desgraciadamente somos parte de la comunidad más problemática y si quiere mantener la empresa debe ser más cuidadoso, lo único que quiero es que piense con la cabeza fría.
—Sí, claro —se burló Izzy cruzándose de brazos— ¿y qué hay de eso que teníamos el “deber” de casarnos con alfas?
—Haz memoria, ¿quién te dijo eso?
—Mi madre —respondió Izzy en un susurro.
— ¿Estás de acuerdo en que, si yo quisiera que se casaran con alfas, yo mismo me hubiera casado con una? —La respuesta pareció desarmar a Izzy quien se quedó callada con las orejas levantadas—. Ella siempre se ha sentido intimidada por ser beta y quiso darles un futuro que estuviera a su altura, una vida que ella misma logró tener. Y no quiero que por esto la juzgues, ella solo se dejó llevar por sus creencias.
Magnus parecía estar viendo un partido de ping pong, cambiando su mirada de un jugador al otro con mucha frecuencia.
—Eso ahorita no importa —exclamó de repente Izzy apretando su brazo—, en este momento lo más importante eres tú y mi hermano, así que vamos porque Alec ya debe estar esperándote en el altar.
Cuando empezaron a bajar las escaleras, sintió que Cat se aferraba a su otro brazo libre, volteó a verla para encontrarse con una alegre sonrisa.
Caminaron por otro largo pasillo y se detuvieron antes de llegar a unas grandes puertas de madera que estaban abiertas de par en par y que conectaban al amplio patio trasero de la mansión.
—Bien —exclamó Izzy girándose para acomodar el cuello de su saco blanco— entonces, ¿de verdad quieres entrar solo? —Magnus asintió completamente confiado—. De acuerdo, entonces, cuando escuches la música, sal al patio. No te asomes antes, no hagas trampa.
Magnus asintió agitando su cola con nerviosismo, se despidió con un gran beso de las chicas y con un asentimiento serio hacia Robert, los vio salir al gran patio y los murmullos comenzaron a llegar a sus oídos.
Se obligó a relajarse y parar sus orejas cuando sintió que su lazo se apretaba. Podía sentir con claridad los nervios y la ansiedad de su prometido por verlo, él se sentía igual, también deseaba estar a su lado.
Unos segundos después, todos guardaron silencio y comenzó a sonar una hermosa canción instrumental interpretada por violines. Tomó una respiración temblorosa y salió al gran patio.
Tuvo que detenerse un momento para admirar la hermosa decoración del lugar. Era de noche y el pasillo estaba iluminado por suaves luces amarillas, los invitados estaban de pie frente a sus sillas decoradas con flores blancas. Enfocó su mirada al fondo y sintió como si su corazón se derritiera cuando vio a Alexander vestido en un perfecto esmoquin n***o. Sus hermosos ojos azules estaban posados en los suyos con esa expresión que provenía de él en la que reconocía como admiración y hasta orgullo. Siempre que veía esa expresión sentía que cualquier barrera impuesta por sus diferencias sociales era destruida al sentirse que era lo más valioso para su alfa.
Un carraspeo proveniente de algún lugar lo regresó a la realidad y se obligó a caminar con lentitud por el pasillo con su clásico andar seductor y su ondeante cola. Sonrió cuando vio a Alexander sonreírle con complicidad, sabía que esos movimientos le encantaban a su amado por eso los había pronunciado más al caminar. Se sentía como un elegante felino hipnotizando a su presa.
Cuando llegó al altar tomó de la mano a su destinado y sonrió con todo el amor que le pudo expresar. Una de las manos de Alexander acarició su rostro y se apoyó en el toque a la vez que ambos movían sus colas con alegría. Magnus se rio cuando un eco de expresiones enternecidas llegó a sus oídos, al parecer su audiencia disfrutaba mucho de ver su intercambio cariñoso.
La ceremonia comenzó con las palabras del juez, aunque en realidad no estaba prestando atención a lo que decía el hombre porque no podía parar de mirar de reojo a su prometido y sonreírle cuando él lo descubría mirándolo.
No podía creer que eso estuviera pasando en realidad y no tanto por el hecho de que se estuvieran casando, sino que el roce constante de sus manos y el intercambio de gestos cariñosos de manera pública lo tenía en las nubes, lo hacían querer ronronear de felicidad. Alexander nunca se había comportado de esa forma con él habiendo tanta gente alrededor que los estuviera observando.
— ¿Alec? —Escuchó decir al hombre que se detuvo en su discurso.
Magnus volteó a ver a su destinado y lo descubrió observándolo con sus pupilas dilatadas. Unas suaves risas resonaron en el jardín provocándole a el mismo sonreír.
— ¿Alexander?
— ¿Qué? —Respondió su prometido agachando sus orejas.
—Te habla el juez.
Su destinado volvió a parar las orejas y miró al hombre con algo de sorpresa y vergüenza en el rostro.
—Decía —continuó el juez con seriedad—, si fuera tan amable de decir sus votos.
Ambos se giraron para quedar frente a frente y se tomaron de las manos.
—La primera vez que te vi —comenzó Alexander con su voz gruesa y calmada—, supe que cambiarías mi vida, aunque no sabía que te convertirías en mi mundo.
Magnus sintió sus ojos arder por la amenaza de las lágrimas al mismo tiempo que muchos sonidos emocionados provenían de la audiencia.
—Yo… —comenzó, olvidando por completo lo que iba a decir. Tenía todo un discurso preparado, aunque lo olvidó al perderse en esos hermosos ojos azules que brillaban tanto como la noche estrellada más bella de su vida— te amo —logró balbucear echando sus orejas hacia atrás.
Alexander acarició de nuevo su rostro antes de que Jace se acercara con un pequeño cojín con las alianzas doradas en él.
—Recibe este anillo como prueba de mi compromiso —continuó el alfa con esa hermosa, seductora y grave voz que le derretía el corazón—. Prometo cuidarte, amarte y permanecer a tu lado para siempre.
—Tu compromiso también es el mío —respondió en voz baja extendiendo su mano para que le fuera puesta la alianza—. Con este anillo prometo honrarte, serte fiel y estar a tu lado para compartir la vida que hemos soñado —siseó con su voz omega mientras ondeaba su cola y colocaba la alianza dorada en el dedo de su destinado.
—Lo recibo confiando que unimos nuestras vidas para caminar en la misma dirección —respondió Alexander viéndose un poco hipnotizado.
—Por el poder que me confiere el estado, yo los declaro unidos en legítimo matrimonio.
Ni siquiera esperaron a que el juez terminara cuando ya tenía los labios ansiosos de Alexander devorando los suyos. Su cuerpo se quedó flácido en los brazos de su ahora esposo mientras escuchaba los aplausos y gritos de felicidad de sus amigos y familiares.