El alfa se hace cargo del celo del omega

2442 Palabras
—Buenos días, señor Lightwood —canturreó Magnus cuando entró a la oficina de la dirección por la mañana. Alexander, que estaba sentado detrás de su escritorio, sonrió con amplitud al mismo tiempo que extendía una mano en su dirección. En cuanto Magnus la tomó, fue tironeado en el regazo de su prometido. —Buenos días, futuro señor Lightwood —respondió Alexander besando sus labios. —Estamos en el trabajo, esto no es muy profesional —mencionó con una media sonrisa sin hacer ningún esfuerzo por levantarse. —Por si no te has dado cuenta, no hay nadie en este piso más que tú, Lydia y yo, además de tu equipo. Aunque todavía es muy temprano como para que lleguen. —De hecho, es algo que todavía no comprendo —respondió mirando el pasillo de afuera— ¿por qué desde que estableciste el laboratorio en este piso no está tu personal directivo? Los brazos alrededor de su cintura se apretaron y la cola de Alexander azotó en el piso. —No voy a dejar que ningún alfa se acerque a ti —refunfuñó su prometido quien tenía una posesiva e intensa mirada puesta en él. Magnus rio con suavidad. —Esto —señaló la marca en su cuello—, es una muestra de que no me encuentro disponible para nadie más. El semblante serio de Alexander se tornó suave y preocupado. — ¿Te sientes bien? —Susurró acariciando con suavidad su rostro. —No quieras cambiarme el tema —respondió con una sonrisa traviesa. —Estoy hablando en serio Magnus, estás sonrojado y tu frente está sudorosa —exclamó Alexander acercándose más —Paranoico —respondió entornando los ojos. A decir verdad, tenía mucho calor, lo había relacionado con que el día estaba muy soleado—, entonces, ¿algún día regresará tu personal directivo a sus oficinas? —Tal vez—respondió su destinado mirando con seriedad su frente. Magnus sabía que su prometido no estaba poniendo atención a su conversación así que decidió cambiarla a un tema que estaba ansioso por tratar. — ¿Saliste ayer con Izzy? —No pudo evitar sonreír sintiéndose divertido. La mirada de Alexander cambió de nuevo, tornándose seria y sufrida. —No tienes ni idea de lo que sufrí ayer —protestó su prometido—. Visitamos quince tiendas y todo porque Izzy no encontraba la corbata perfecta para el traje. Magnus se carcajeó. — ¡Qué bueno que te hizo sufrir! ¡Te lo merecías! —Logró pronunciar entre sus risas. — ¿Por qué me lo merecía? —Mencionó Alexander indignado. — ¡Porque me dejaste solo con tu hermana con los planes de la boda! ¡Y ni siquiera me advertiste de lo desgastante que es tratar con ella! Alexander dejó caer sus brazos a los costados de su silla viéndose derrotado. —Tienes razón, fue mi culpa. Me lo merezco —sus ojos brillaban con diversión mientras su tono era de un falso arrepentimiento. Lo que lo hizo sonreír, amaba verlo así, feliz e insinuante. —Además —, continuó y se removió en el regazo de su prometido hasta que su cara quedó frente a una de sus orejas para susurrarle un secreto—, fue mi idea que visitaran tantas tiendas. Se alejó un poco para ver la cara sorprendida de Alexander. —Eres tan cruel —protestó él con un brillo lujurioso en los ojos haciendo que su piel se estremeciera de placer al escuchar el tono grave que usó en las siguientes palabras—: ahora tendré que castigarte. Antes de que pudiera reaccionar, las traviesas manos de su prometido ya estaban bajo su camiseta picando sus costillas provocando que se carcajeara en contra de su voluntad. Agitó sus piernas con la intención de parase y alejarse de ellas, pero Alexander lo mantenía sobre su regazo haciéndole cosquillas a lo largo de su torso. Intentó enfocar su mirada borrosa por las lágrimas de risa en la cara de felicidad de su prometido, aunque era muy difícil. De pronto, una marea de calor lo sofocó y lo dejó sin aliento, sus garras se extendieron y tomó las manos de su prometido con fuerza para impedirle que siguiera con sus movimientos, borrando de esa forma la expresión divertida de su alfa. — ¿Qué pasa? —Ahora, Alexander sonaba preocupado. —Yo... —apenas pudo articular, ya que no pudo evitar soltar fuertes jadeos mientras sentía claramente como las feromonas de su celo salían en grandes ondas de su cuerpo. Alexander lo atrajo sobre él para respirar sobre su cuello. —Deseaba que ya fuera tiempo para oler este delicioso aroma —susurró con voz ronca sobre su piel. Un maullido desesperado salió de su boca y de inmediato la cubrió con sus manos. —Duele mucho —logró decir a través de su garganta cerrada—, duele más que otras veces. Alexander tomó su mano libre y lo miró fijamente. Sus ojos estaban dilatados y se notaba que le costaba concentrarse. —Respira, Magnus —susurró su prometido aspirando y exhalando despacio. Magnus imitó sus movimientos y ambos respiraron profundo varias veces. Aun así, se le escapó otro largo maullido desesperado cuando sintió un golpe en su vientre. —Mírame —exigió su prometido tomándolo de la nuca. Su naturaleza omega se retorció para obedecer al alfa, odiaba cuando esto sucedía y más cuando estaba en celo pues era casi imposible ignorar las órdenes de Alexander—. No te resistas, déjate llevar por mi voz, yo te voy a ayudar. El dolor que recorría su cuerpo era tan fuerte que su naturaleza omega salió a flote por sí misma así que agachó las orejas al igual que su cabeza en un gesto de sumisión. En el fondo de su mente había un pequeño grito de pánico, pues era un omega fuerte y no le gustaba someterse ante nadie. —Vamos, Magnus —gruñó su prometido tomándolo por los hombros con fuerza —relaja tu cuerpo. —Si me relajo se extenderá mi dolor —replicó tensándose más. —No quiero obligarte a que lo hagas, por favor confía en mí. Magnus levantó su vista con miedo a encontrarse con la mirada furiosa que reflejaba la voz de su prometido, en cambio se encontró con unos ojos cálidos, atentos y comprensivos. Suspiró entrecortadamente y soltó tanto su cuerpo que Alexander tuvo que sostenerlo por la espalda y recostarlo sobre su regazo. Como había previsto, el dolor quemó cada fibra de su cuerpo y aun así se obligó a mantenerse tranquilo. La mano de Alexander desabotonó con rapidez su camisa y sobó su torso con suavidad. —Estoy aquí para ti, nunca te dejaré solo, yo cuidaré de ti por el resto de tu vida así que relájate, mi amor —susurraba Alexander sobre su oreja, a la vez que lo sostenía con fuerza de una mano y la otra seguía con las caricias en su adolorido pecho. Después de unos cuantos minutos de caricias recobró un poco el aliento y el inmenso dolor se convirtió en un desbordante deseo. — ¿Alexander? —Jadeó al mismo tiempo que se ponía a horcajadas sobre su prometido para besarlo con ansiedad. Magnus gimió impaciente, necesitaba que lo tomara en ese preciso momento y no estaba muy seguro de ser capaz de aguantar más. —Vamos a tu apartamento —susurró contra sus labios. Su destinado lo obligó a recostarse de nuevo y se puso de pie con él en brazos. Al salir de la oficina, Magnus lo tomó del cuello de la camisa y gimoteó por la necesidad de tener esos labios sobre él. —Mantente en silencio en lo que salimos del edificio —pidió Alexander con voz gutural. Echó las orejas hacia atrás mientras tapaba su boca y cerró los ojos con fuerza en un intento de mantenerse callado para cumplir con la orden. Pasaron algunos minutos antes de que llegaran al estacionamiento, aunque sintió que fue más tiempo, estaba ansioso por llegar a su apartamento. Alexander casi corría en dirección a su automóvil hasta que se detuvo con brusquedad. Magnus abrió los ojos y vio a otro alfa que los estaba observando con atención, el sujeto estaba parado a unos cuantos metros de ellos y se podía percibir su fuerte aroma. Alexander abrió la puerta del copiloto y lo depositó con suavidad en el asiento, al cerrar la puerta gruñó en dirección al sujeto y este solo se dio media vuelta para irse. Atravesaron las calles de Nueva York a toda velocidad, aunque Magnus no podía evitar retorcerse en su asiento y emitir todo tipo de sonidos para tratar de controlarse. —Mete el automóvil en el estacionamiento —jadeó cuando estaban por llegar al edificio en el que vivía. El portón estaba abierto así que el carro entró y aparcó en el primer sitio libre sin importarle que el espacio fuera de otro vecino. Vio a su prometido salir con prisa del vehículo y él intentó hacer lo mismo, pero no atinaba a quitarse el cinturón de seguridad. Al abrir la puerta de su lado, las manos de Alexander le ayudaron a quitárselo y salir del sofocante espacio. De inmediato se abalanzó sobre sus brazos queriendo arrancarle la ropa. —No puedo más, te necesito ya —gimió tironeando de la ropa de su prometido. Creyó que Alexander se negaría, en cambio le ayudó a retirar los pantalones y ropa interior de ambos. —Estás muy húmedo —gruñó su destinado cuando palpó su entrada que se humedecía de manera natural, reaccionando a la cercanía de su alfa. Magnus se sentía muy excitado como para contestar solo podía jadear y restregarse contra su prometido quien lo obligó a soltarlo, lo hizo girar y se recargó en él hasta que lo aprisionó contra el automóvil. Se tapó la boca cuando sintió la necesidad de maullar y reclamar para que se apurara, de exigir que lo tomara. Para su fortuna no se necesitaban palabras, solo acciones. Suspiró complacido cuando los dientes de su alfa se aferraron a su cuello al mismo tiempo que las manos de su destinado se clavaban en sus caderas y ese m*****o tan conocido entraba en él. Magnus tuvo que morderse el brazo cuando se sintió lleno pues quería gritar de placer y no era el lugar adecuado para hacerlo. Creyó que su destinado comenzaría con un ritmo lento y gimió complacido cuando sintió las embestidas furiosas de Alexander contra él. Esos movimientos eran maravillosamente satisfactorios, presionaban una y otra vez su próstata por lo cual veía estrellas sintiéndose extasiado. Quería corresponder a las duras embestidas, pero no pudo hacerlo al verse inmovilizado por esas manos que se encajaban en su cadera. Magnus recostó su caliente cara sobre el techo del vehículo jadeando y disfrutando del choque de sus caderas encontrándose cada vez más rápido. —Tócame —pidió con su voz omega con la intención de sonar lo más dulce posible y su prometido cediera a su petición. De inmediato sintió la mano de Alexander encerrarse en su duro m*****o y masajearlo a toda prisa. Ya no podía mantenerse callado así que gimió con fuerza cuando sintió que el clímax estaba cerca. Los dientes de Alexander abandonaron su cuello para recorrer con la lengua sobre su sensible piel haciendo que ya no resistiera más y se corriera de manera ruidosa, gritando el nombre de su amante. Magnus se mantuvo pegado al automóvil siendo sostenido por el cuerpo de su prometido que se apretaba contra el suyo. Agradeció el hecho de que Alexander no se hubiera corrido todavía porque el celo todavía le quemaba, su deseo no había sido saciado por completo y más sintiendo esa respiración entrecortada que rozaba su piel. Su destinado salió de él y lo giró sobre su espalda, unos cuantos segundos después ya tenía en sus manos su ropa y ambos se apresuraron a vestirse. —Ahora que estás un poco más tranquilo, vamos a tu apartamento, todavía no hemos acabado —gruñó el deseoso alfa al tomar su mano. Quiso pedir que moviera el auto, tomando en cuenta que ese no era su sitio para estacionar, pero estaba tan excitado que no le importó nada más. Juntos subieron las escaleras con prisa y a pesar de que ya no se sentía tan ansioso, todavía se sentía muy caliente. Algo que estaba seguro de que su alfa podía sentir pues se veía igual de agitado de lo que él se sentía. En cuanto llegaron al tercer piso, una puerta se abrió y un hombre salió de ella, era uno de los alfas que vivían en su edificio. Alexander se detuvo en su andar y Magnus brincó detrás de él por reflejo sabiendo que el aroma de sus feromonas podrían enloquecerlo. —Buenos días —saludó el sujeto apenas audible. —Buenos días —respondió Alexander con su voz gruesa y siguió caminando por el pasillo. Magnus lo siguió con su cuerpo completamente pegado a él y no pudo evitar voltear a ver al alfa para asegurarse de que no los estaba siguiendo. Se sorprendió al verlo cerrar la puerta y dirigirse a las escaleras con tranquilidad. De pronto Alexander se detuvo y chocó con él sin querer. — ¿Por qué ese alfa no enloqueció con mi aroma? —Susurró impresionado mientras Alexander abría su puerta con la llave que le había dado hace varias semanas. Su destinado sonrió de lado. —Por lo visto no te has dado cuenta de tu propio aroma —respondió él al empujarlo con suavidad para que entrara—. Tu olor sigue siendo dulce y fuerte, pero desde que te marqué está combinado con el mío, así que la reacción de los alfas es de mantener su distancia porque saben que los atacaré si se atreven a acercarse a ti. Magnus se le quedó viendo a la vez que su destinado cerraba la puerta, no sabía de esta gran ventaja al ser marcado por un alfa. Después de todo Ragnor tenía razón, a pesar de ser un científico de renombre ignoraba demasiadas cosas de los alfas. Emitió un pequeño grito de sorpresa cuando fue levantado en brazos de nuevo. —Ahora vamos a saciar tu deseo para que estés más tranquilo y podamos seguir trabajando —expresó Alexander dirigiéndose a su habitación. Se abrazó con fuerza al cuello de su destinado sintiéndose cálido, protegido y amado; algo que nunca pensó que sentiría y menos por algún alfa de los cuales pensaba que eran presuntuosos y arrogantes. Una idea que Alexander había derrumbado en un par de semanas.
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