CAPÍTULO 51—Has hecho bien —le dije al chileno—. Aunque me cueste, y te juro que me cuesta mucho, te prometo que hablaré con el juez para que te trate bien. Y ahora dime: ¿por qué tenían que darme una paliza? —Von Reiniger me dijo que usted necesitaba un escarmiento. —¿Un escarmiento? —pregunté—. ¿Por qué? —Eso sí que no lo sé —contestó con aparente convicción—. Se lo juro. Solo me dijo que debíamos dar un toque de atención a un policía. No sabía que era usted. Si lo llego a saber... —Déjate de bobadas —corté—. ¿Estás seguro de que no sabes por qué Von Reiniger te hizo el encargo? No me gustaría volver a darte otra hostia, pero si me obligas no me quedará más remedio. —Se lo juro, sargento, se lo juro —imploró. —Bien, háblame de tu relación con Von Reiniger. ¿Desde cuándo lo conoces?

