CAPÍTULO 48Me quedé clavado en el suelo. No podía ser una mera coincidencia. Era demasiada casualidad. Pero ¿qué tenía que ver el chileno con Alfonso Galán? ¿Y conmigo? —¿Vamos, Tiki? —me preguntó Elvira cuando el chileno ya se había marchado. —Sí… —¿Te sucede algo? ¿Te encuentras bien? —Vamos —contesté—. He de hablar con Carreras. —¿Qué pasa? —Por el camino te lo cuento. No atinaba a entender qué podía haber detrás de todo aquello. Intenté serenarme y analizar las cosas fríamente. —¿Me lo cuentas? —me dijo Elvira al subir al coche. —¿Recuerdas lo que te conté de Genta Dreshaj? —Sí, que recibió dinero de un tipo para encargar a los dos albanokosovares que te dieran una paliza. —Bien, pues también me comentó un detalle que en su momento me pasó inadvertido. El tipo que le dio el

