CAPÍTULO 12Jamás había tenido atracción por las motos. Demasiado peligrosas e incómodas. Caer desde una moto era lo más fácil del mundo y cuando llovía era inevitable mojarse. Pero un día, un compañero del Cuerpo me dijo que me regalaba la suya, una Honda Scoopy 80 cc de color rojo que, aunque tenía más de veinte años, seguía funcionando correctamente. Como no me hacía falta sacarme ningún carné para poder llevarla, decidí aceptar el regalo y probar. La verdad es que estuve dos meses sin utilizarla. La tenía aparcada en la calle y cada día la miraba, pero no me atrevía a subirme a ella, hasta que un día me decidí. Tenía que reconocer que mi primer contacto con ella fue de lo más estresante. Poder mantener dignamente el equilibrio ya supuso un aprendizaje de una mañana entera y luego tuve

