CAPÍTULO 15Alfonso Galán me había llamado por si quería ir a correr con él. Me pareció buena idea. Parecía un buen tipo y siempre era mejor correr en compañía que solo. Después de salir de la Font Màgica, el hombre había marcado un ritmo suave que se dejaba seguir con comodidad. Incluso las primeras cuestas de la calle de la Guardia Urbana se habían hecho más o menos llevaderas. Me sentía razonablemente bien. El problema empezó cuando llegamos a la altura del Mercat de les Flors. Las pantorrillas empezaron a dolerme con intensidad y el corazón palpitaba a todo trapo. Decidí seguir avanzando y no pensar en ello, más que nada para no hacer el ridículo delante de Galán, pero al llegar a la altura del Teatre Grec se me acabó el fuelle definitivamente. —Yo me planto —alcancé a decir a Galán—,

