Allí mismo en la habitación del Jeque, fueron a una de las esquinas donde descansaba un hermoso librero, Isabella parecía confundida de que la llevara allí y dejó escapar un sonido de sorpresa cuando él tiró de un libro color violeta y el mueble comenzó a moverse. -Santo Dios, como en las películas. -Si- dijo él con una sonrisa de medio lado- recuerda que para entrar, debes tirar del libro violeta, es el único con ese color en el librero. -¿Querer usarlo yo?, ¿para qué?- le preguntó con ojos enormes. -Uno nunca sabe cuándo han de surgir las emergencias, mi amor- le dice sonriéndole- podrías llegar a necesitarlo. Avanzaron por un oscuro pasillo que parecía interminable, todo se sentía tan lúgubre y frío que la piel de Isabella, se erizó. Luego de caminar en silencio llegaron a una enor

