Había llegado la hora de compartir sus votos. En la elegante mesa, estaba un cojín con sus anillos entrelazados, una tarta, un pequeño plato con sólo dos dátiles y dos copas con leche líquida, además de una pequeña copa que contenía miel. Zabdiel llegó hasta ella. -Estás hermosa, mi amor. -Tú estás impresionante- le susurró ella. él sonrió y tomó el pequeño cojín de donde extrajo una sortija, luego la tomó de ambas manos y la miró directamente a los ojos. -Isabella. . . Desde que te conocí y me miré en esos hermosos ojos, sentí que mi vida cambiaría, y estoy inmensamente feliz de no haberme equivocado. Amarte me hace sentir inmensamente feliz, que me ames me hace sentir el más afortunado de todos los hombres. Pido a Alá, bendiga este amor eternamente, porque no hay nada que desee más q

