Violeta salió del despacho como una tormenta que no encontró dónde descargar su furia. El taconeo por el pasillo fue una declaración de guerra. Empujó la puerta con rabia, y una de las empleadas tuvo que hacerse a un lado para no ser atropellada. — ¡Inútiles todas! — Murmuró mientras se acomodaba el abrigo de piel que no necesitaba. — Esto no se va a quedar así... — En su mente, el plan ya se estaba armando. Si esa mujercita insignificante quería jugar, iba a saber con quién se había metido. Iba a destruirla poco a poco, con elegancia, con veneno. Porque si Mikhail no le daba su lugar, entonces lo tomaría por las malas. *********** Natalia, por su parte, seguía explorando los rincones de aquella mansión como una sombra prudente. Su vínculo con Anya la ayudaba a sobrevivir a la rutina, a

