Con un golpe rápido y seco, tumbé a Miguel en el suelo, inmovilizándolo. Ambos estábamos empapados en sudor, y jadeábamos por el esfuerzo que habíamos hecho. Como cada día desde hacía una semana, nuestros espectadores rompieron en aplausos. Desde que la gente había descubierto que yo era su Luna, se concentraba una gran cantidad de personas alrededor del campo de entrenamiento para ver como nos peleábamos Miguel y yo. Había pasado ya una semana desde el incidente de Nathan. Este permanecía encarcelado en las mazmorras, atado con cadenas de plata y vigilado constantemente. Kayden y yo aún no habíamos decidido que hacer con él. Su destino había sido fuente de grandes discusiones entre Kayden, Ian, Cas y yo, ya que no nos poníamos de acuerdo en cual era el castigo más adecuado y proporci

