Nos despertó la agradable luz de la mañana, acompañada por unos desagradables golpes en la puerta. Mi cuerpo aún no estaba listo para levantarse y afrontar la realidad que un nuevo día traía consigo. Sin embargo, Kayden sí que debía de estar preparado, porque, al tercer golpe en la puerta, se levantó a ver quién nos estaba molestando. Escuché como intercambiaba unas palabras con alguien. Segundos después, pude oír como abría el armario y comenzaba a vestirse. Como no estaba dispuesta a perderme ese espectáculo, rodé sobre mi misma, para tener a Kayden frente a mí, y, no con poco esfuerzo, abrí los ojos. Frente a mí tenía la musculosa y perfecta espalda de Kayden, que se contraía constantemente por los movimientos que estaba haciendo para vestirse. -“¿Nunca te han dicho que mirar

