Reaccioné lo más rápido que pude, pero cuando llegué a la ventana, Nathan ya había empezado a descender con ayuda de una tubería. -“¡Bajo por el otro lado!”- Escuché que me gritaba Miguel, antes de escuchar como abandonaba el cuarto. Me encaramé a la ventana, y comencé a bajar por la misma tubería que Nathan. Él acababa de alcanzar el suelo, y comenzó a correr. Cuando iba por la mitad de la tubería perdí la paciencia y salté. Noté una fuerte presión sobre las piernas, por la altura de la caída, pero la ignoré, y comencé a correr detrás de Nathan. Nathan miró hacia atrás, y, consciente de que estaba a punto de alcanzarlo, dejó que su lobo tomase el control, logrando así ganar cierta ventaja. Con un feroz aullido, dejé que Electra tomase el control. Ella, feliz, empezó a perse

