El ataque de Richard fue muy previsible, por lo que pude esquivarlo con facilidad. Sabía que su lobo no estaba de su parte, lo que suponía una clara ventaja para mí en la batalla. Saqué mis garras y mis colmillos y ataqué, provocándole un gran arañazo en el brazo derecho. Aulló de dolor, furioso. Sus ojos cargados de odio se giraron hacia mí y fue entonces cuando pude ver que eran ojos inhumanos. Cualquier rastro del alma de Richard había desaparecido por completo de su ser. Simplemente era un monstruo. Se abalanzó sobre mí, propinándome un mordisco en la pierna izquierda. Me mordí el labio inferioros para no aullar de dolor, no pensaba darle esa satisfacción. Así seguimos durante bastante tiempo, atacándonos con mordiscos y profundos arañazos. Pero me harté de esos juegos. No había ven

