El murmullo no cesaba, y la gente no reaccionaba ante mis palabras. Les había dicho que íbamos a atacar hoy mismo, y deberían haber acudido a buscar sus armas y prepararse. Pero ahí estaban, totalmente quietos. Miraban a Kayden, preguntándole a través de la mirada si debían hacerme caso no. Eso me enfureció. Yo era su Luna, por lo que debían obedecer mis órdenes, no esperar a que Kayden diese su visto bueno. -“Acudid ahora mismo por vuestras cosas.”- ordené, con tono autoritario y mirada fría. –“Partiremos en cuanto estéis listos.” Mi tono pareció asustarles, ya que pusieron cara de terror y acudieron a sus tiendas de campaña a por sus cosas. Mis hermanos, mis amigos y los desconocidos que les acompañaban se acercaron hacia nosotros. El hombre más alto a quien yo había identificado como

