Me admiré en el espejo. No era por echarme piropos, pero estaba espectacular. Ya que Kayden había decidido obligarme a asistir a la fiesta de Bela, yo había decido demostrarle lo que se estaba perdiendo al rechazarme. Me había puesto un vestido de seda que me llegaba hasta la rodilla, ajustándose a mi figura, con el cuello alto y la espalda entera abierta. El color del vestido era muy parecido al de mis ojos, haciendo que resaltasen. Lo había acompañado con unos tacones plateados, no demasiado altos, pero que realzaban mis piernas. Me había planchado el pelo y me lo había recogido en una coleta alta, dejando que mi pelo rubio cayese como una cascada por mi espalda descubierta. No me había maquillado demasiado, ya que estaba muy morena de entrenar al sol, pero me había hecho unas sombras de ojos con las que estaba muy satisfecha, y me había pintado los labios de un color mate.
Cuando estuve totalmente satisfecha conmigo misma, cogí un pequeño bolso de mano y guardé una daga de plata. Siempre había que estar preparado. Miré el reloj y decidí bajar. Llegaba muy tarde, aunque tampoco le había puesto mucho esfuerzo en llegar en hora. La fiesta no podía apetecerme menos.
Me dirigí al jardín. Al entrar me quede impresionada. Quien quiera que hubiese decorado el lugar de la fiesta, había hecho un trabajo admirable. Habían decorado todo con pequeñas lucecitas colgantes. También abían puesto un gran número de mesas decoradas con preciosos manteles de lino blanco y una preciosa cubertería. Al fondo del jardín una banda tocaba música animadamente. Decenas de camareros caminaban alrededor de la gente ofreciendo bebidas y comida.
Había muchísima gente. Sabía que iba a haber un gran número de invitados, pero jamás me había imaginado que habría tantos. Busqué a alguien conocido entre la marea de gente y por fin conseguí divisar a Cas, Ian y Kayden. Comencé a caminar hacia ellos. Kayden e Ian estaban de espaldas a mí, por lo que fue Cas la primera en verme. Me sonrió ampliamente y se acercó a mí.
-“Bueno, bueno, bueno, ¡Estás impresionante!”- Dijo Cas mirándome de arriba abajo.-“Estoy segura de que le va a encantar este vestido tan ajustado.”- Me dijo al oído, dándome un azote en culo y soltando una risita traviesa.
Justo en ese momento mi mirada se cruzó con la de Kayden. Sus ojos estaban absolutamente oscuros. Me devoró con la miraba sin molestarse en disimular. Claramente, a él y a su lobo les gustaba lo que veían sus ojos. “Estas muy guapa”, escuché su voz en mi cabeza. Nada más escuchar sus palabras noté como mis mejillas ardían, y sentí aún más vergüenza. Maldito mate-bond que me hace reaccionar como una adolescente enamorada. El también estaba muy guapo. Llevaba una camisa azul claro y unos pantalones beige. Además, se había peinado su normalmente desordenado cabello.
-“Que guapa Cat.”- Escuché una voz detrás de mí. Kayden gruñó molesto. Le ignoré y me giré para sonreír a Miguel agradecidamente.
-“Veo que has sacado tus mejores galas para esta noche”. Dije, guiñándole un ojo.
-“Hombre, lleva tres años esperando este momento. El pobre chico esta ansioso, va a ser la mejor noche de su vida, y no me refiero a la fiesta.”- Dijo Casandra, uniéndose a la conversación.
Miguel puso los ojos en blanco y comenzó a alejarse de nosotras. Cas y yo llevábamos toda la semana haciéndole bromas sobre Bela y él, y ya estaba harto de nosotras. Miguel siempre había sido un chico muy tímido y nunca había tenido especial interés en las mujeres, aunque es un chico muy guapo. Eso nos había dado a pie a Cas y a mí a un gran número de ingeniosas bromas sobre como iba a perder la virginidad esta noche. Bromas que no le habían precisamente encantado a Miguel.
-“¡¡Espera!!”- Dije riéndome y corriendo hacia él. –“Sé que a las doce quieres estar con Bela, pero te agradecería si me acompañases un par de horas a hacer preguntas a personas de otras manadas, sobre los rogues.”
Miguel suspiró, resignado. Le sonreí contenta y me enganché a su brazo. Durante las siguientes dos horas hablamos con un gran número de personas. Kayden e Ian se iban a encargar de los Alphas y Betas, ya que no estaría bien visto que alguien que no fuese de su rango social se dirigiese a ellos para hacerles preguntas. En el mundo de los hombres-lobo había demasiadas normas sociales. Todas las respuestas que obtuvimos Miguel y yo fueron que habían tenido ataques de rogues, pero nada fuera de lo normal.
Resignados, buscamos a Kayden, Ian y a Cas. Los encontramos cerca de una de las mesas. Kayden e Ian estaban de pie hablando animadamente con un hombre alto y rubio. Era muy guapo y musculoso. Por el aura que desprendía, no tuve ninguna duda de que era un Alpha. En la mesa sentados estaban Mark, Kate, Cas y mi persona favorita en este mundo, Lily. Llevaba un vestido rojo de terciopelo y sus ricitos estaban recogidos con una diadema plateada, a juego con sus ojos. Nada más verme corrió hacía mi y me abrazó. Me agaché para abrazarla de vuelta.
-“Pareces una princesa”. Dijo cuando nos separamos de nuestro abrazo.
-“Tú si que pareces una princesa.”- dije acariciándole el pelo y sonriéndola.
-“Hace un montón que no te veo.”- dijo, mirándome con pena.
-“Lo sé, esta semana he estado súper ocupada. Pero te prometo que cuando Nico salga del hospital nos vamos a ver mucho más.” Dije, abrazándola de nuevo.
-“Creo que no tenemos el placer de conocernos”- dijo una voz detrás de mí.
Me levanté y me giré hacia la voz. El hombre rubio con el que hablaba Kayden se había acercado a nosotras y me tendía la mano a modo de saludo. Miré a Kayden. Estaba muy tenso, tenía la mandíbula apretada y las manos cerradas en un puño. Noté un movimiento a mi izquierda y vi por el rabillo del ojo como Miguel se colocaba a mi lado. Ignorando a ambos, acepté la mano del hombre rubio y se la estreché.
-“Catalina.”
-“Alpha Caleb, encantado. Soy el mejor amigo de Alpha Kayden.”- dijo sonriéndome.- “Veo que tienes varios guardaespaldas.” Dijo, mirando primero a Miguel y después a Kayden. Me limité a encogerme de hombros, sin decir nada. “¿Sois mates?”- Preguntó señalando a Miguel.
-“No.”-Contesté rápidamente, pero sin dar más datos. No es de su incumbencia.
-“Entonces…”- dijo mirándome confundido. Después miró a Kayden. “¿Pero…?”
-“Si me disculpa, Alpha Caleb.” Dije, forzando una sonrisa educada, antes de ir a sentarme con Cas, Mark y Kate. Claramente Caleb estaba empezando a atar cabos y no quería tener que responder a sus preguntas.
Mientras los demás hablábamos, Miguel se marchó discretamente. Miré mi reloj. Quedaban 30 minutos para las 12 de la noche. Sonreí para mis adentros. Espero de verdad que Bela sea la mate de Miguel, hacen muy buena pareja. Cas, Mark, Kate y yo bebíamos champán hablando animadamente, mientras Lily jugaba a nuestro lado. Llevaba ya varias copas, y mi mente estaba empezando a relajarse y a disfrutar de la música.
A las 12 en punto todo el mundo empezó a cantar el cumpleaños feliz, formando un coro alrededor de Bela. Nos levantamos de la mesa y nos acercamos para felicitarla. Lily empezó a correr, pero la paré justo a tiempo, cogiéndola en brazos. Miguel y Bela se miraron a los ojos y lo supieron. Sin ninguna duda eran mates, pensé feliz.
-“Mate.”- Susurró Miguel sonriendo.
Bela le sonrió, se puso de puntillas y le besó. Todo el mundo empezó a aplaudir emocionados, celebrando la unión de la nueva pareja. En mis brazos Lily miraba boquiabierta a su hermana. Justo en ese momento Kayden e Ian llegaron a nuestro lado. Ambos parecían confundidos.
-“¿Miguel y Bela son mates?”- Preguntó Ian confundido.
-“¿De verdad no lo sabíais?”- Pregunté riéndome.
-“¿Tú lo sabías?”- Preguntó Kayden mirándome fijamente.
-“Todos lo sabíamos.”- Dijo Cas riéndose también.
Nos mantuvimos apartados mientras todo el mundo felicitaba a la cumpleañera y a la feliz pareja. Cuando terminaron de saludar a todo el mundo, Miguel y Bela se acercaron a nosotros cogidos de la mano. Los acompañaba una chica alta y muy guapa. Todos felicitamos y abrazamos a la pareja. Yo fui la primera en felicitar a ambos, así que mientras los demás les abrazaban y felicitaban, estudié detenidamente a la chica que los acompañaba.
La chica era despampanante. Muy alta y de complexión atlética. Tenía el pelo muy largo, n***o como el carbón. Sus fracciones faciales eran perfectas, definidas y sus labios gruesos. Pero lo que me puso los pelos de punta fueron sus enromes ojos azul claro. Exactamente iguales a los ojos que me rondaban en mis peores pesadillas.
-“Cat, Cas, esta es Amy, mi mejor amiga. Vive en Washington, así que no nos vemos mucho. Pero ha venido de visita sorpresa por mi cumpleaños.”- dijo Bela, casi saltando de alegría.
Amy nos sonrió amablemente y nos tendió la mano para saludarnos. Cas y yo se la estrechamos. El corazón me latía a mil por hora. Necesitaba saber si mis sospechas eran ciertas.
-“Disculpa Amy, ¿Nos conocemos de algo? Me suenas mucho.”-Dije, intentando disimular mis ansias de saber la respuesta.
-“Mmm… No creo. No me suenas nada, lo siento.”-Contestó sonriéndome.- “Aunque igual conoces a mi hermano, dicen que somos iguales, ¿Alpha Richard, de Blue Mountain, te suena?”
-“Claro que le suena”- Dijo una voz detrás de mí.
Me giré instintivamente y me encontré con esos enormes ojos azules que tanto había deseado olvidar. Noté como la copa de champán que tenía en la mano se caía al suelo y se rompía en mil pedazos. Pero no reaccioné, ningún m*****o de mi cuerpo respondía. Solo podía mirar esos enromes ojos azules y la sonrisa burlona en el rostro de Richard. Sentí como el terror invadía mi cuerpo y me sentí furiosa conmigo misma. Llevaba dos años preparándome para este momento y la primera reacción de mi cuerpo era sentir miedo.
-“No esperaba verte, que sorpresa más agradable”- Dijo sonriéndome. Un escalofrío recorrió mi espalda. –“Estas mucho más guapa que la última vez que nos vimos.”-Dijo, dando un paso hacia mí.
Rápidamente una enorme figura se puso entre los dos. Agradecí internamente el movimiento de Miguel. Ahora mismo no era dueña de mi cuerpo y no era capaz de reaccionar. Dos años. Dos malditos años imaginando este momento en mi cabeza. Imaginando como le torturaría y mataría nada más verle. Y en vez de eso, aquí estaba. Absolutamente paralizada.
-“Veo que te has buscado un guardaespaldas”- Escuché como decía Richard.
Respiré e intenté recobrar la compostura. Caminé al lado de Miguel y miré a Richard. Fue entonces cuando me di cuenta de que su Beta estaba a su lado. Ambos me miraban divertidos, con un gesto burlón. Se lo estaban pasando en grande viendo mi reacción a nuestro encuentro.
-“Richard”- Dije por fin, consiguiendo recomponerme y adoptando una expresión indiferente.
-“Es Alpha Richard para ti.”- dijo, sin dejar de sonreír.
-“Solo llamo por su título a gente a la que respeto. Y tú no mereces ningún tipo de respeto, Richard.”- Le dije, remarcando su nombre.
La sonrisa desapareció de su rostro. Sus manos se cerraron en puños y dio un paso hacia mí. Esta vez fue Kayden quién se puso entre Richard y yo, parándole con una mano. Richard le miró, sorprendido por su intervención. No era común que un Alpha interfiriese en los asuntos de otro, podía desencadenar en un conflicto entre manadas. Yo aproveché ese momento de confusión para darme la vuelta sobre mis talones para irme. Me encontré con la mirada preocupada de Cas y la mirada confundida del resto, no entendían que estaba pasando. Pero ahora mismo no tenía tiempo para responder a sus dudas.
Salí corriendo hacia la casa. La recorrí por dentro y salí por la puerta principal. Noté como Miguel me seguía. Deseé que mis hermanos estuviesen aquí ahora mismo, pero Nico seguía ingresado y Juan había decidido quedarse con él, haciéndole compañía. Intenté respirar, pero no conseguía que el aire entrase en mis pulmones. Noté como empezaba a marearme y tenía ganas de vomitar. Apoyé las palmas de mis manos sobre mis muslos, arqueando la espalda, intentando buscar una bocanada de aire.
-“Catalina”- Escuché la voz preocupada de Miguel.-“Tienes que intentar respirar, te estás ahogando.”- Dijo mientras me acariciaba la espalda, dibujando pequeños círculos para intentar relajarme.
Empecé a relajarme y conseguí por fin que el aire entrase en mis pulmones. Fue entonces cuando escuché unas pisadas dirigiendose hacia nosotros. Levanté la cabeza, alerta. Kayden caminaba hacia nosotros. Su rostro estaba cargado de indisimulada preocupación. Rápidamente, mi quité los tacones y se los di a Miguel, quien me miró confundido.
-“Si le dices algo sobre lo que pasó entre Richard y yo, te juro que no te volveré a hablar jamás”- Le dije en español, por si acaso Kayden podía oírnos.
Dicho esto, me di la vuelta y salí corriendo hacia el bosque. Eso era lo que necesitaba ahora mismo. Correr y dejar mis problemas atrás. No era capaz de enfrentarme a Richard ahora mismo, y mucho menos a Kayden y a Richard a la vez. Dejé que Electra tomase el control. En seguida estaba corriendo sobre cuatro patas, a toda velocidad. Corrí durante lo que me parecieron horas. Finalmente, llegué a mi acantilado preferido, donde solía sentarme a observar el mar.
Recuperé mi forma humana y me acerqué a unas rocas, donde hacia unas semanas había dejado una sudadera y un vestido, para poderme vestir cuando venía. Me los puse y me senté en las rocas, llevándome las rodillas al pecho. Dejé que por fin las lágrimas empezasen a rodar, empapando mis mejillas. Tener que volver a la persona que te violó y ridiculizó no es algo que ninguna mujer tendría que pasar. Siempre había pensado en como actuaría el día que le viese, aunque en lo más profundo de mi ser siempre había rezado por no volver a verle jamás. Pero, no solo había tenido que volver a verle, si no que parecía de todo menos arrepentido de lo sucedido dos años atrás.
-“Las niñas bonitas no deberían salir solas a pasear al bosque, se podrían encontrar con hombres malos”- Dijo una voz detrás de mí.
Se me erizaron los pelos de la nuca. Me levanté de un salto y me puse en posición defensiva. Fue entonces cuando me di cuenta de que me había dejado el bolso con mi daga de plata en la fiesta. Richard y su Beta estaban enfrente de mí, pero no estaban solos. Los acompañaban al menos otros veinte hombres-lobo. Sus guardias, imagino.
-“Mira que graciosa, la gatita saca sus garras”- Dijo Richard a su Beta, quién se rió.
-“Richard, cógela ya y vámonos”- Dijo el Beta, como si le aburriese la situación.
-“No os atreváis a tocarme.”- Les advertí.
Ambos me miraron divertidos. El hecho de que me resistiese parecía estar aumentando aún más su diversión. Richard hizo un gesto y dos de sus guerreros se acercaron a mí. Rápidamente, sin darles tiempo a reaccionar, me abalancé sobre uno de ellos, arrancándole la cabeza. Nada más hacerlo, me giré y ataqué al otro. Mientras peleábamos observé por el rabillo del ojo como otros guardias se acercaban a mí. Maté al hombre con el que estaba peleando y esperé a que los siguientes me atacasen. Cuando ya había matado a cuatro de sus hombres, Richard pareció cansarse de la situación.
-“Brian, agarra a la gatita y vámonos.”- ordenó.
Su Beta comenzó a caminar hacia mí. Lo llevaba claro si pensaba que le iba a dejar tocarme. Corrí hacia él con las garras y los colmillos fuera. Empezamos a pelear ferozmente. Ambos sabíamos que era una pelea a vida o muerte. Sin embargo, la pelea se vió interrumpida cuando unas enormes manos me agarraron por los hombros y me estrellaron contra un árbol. Enseguida, una de esas manos se movió hacía mi garganta, ahogándome.
-“Veo que has aprendido a defenderte”- Dijo sonriéndome malévolamente.-“Me gusta, me ponen mucho las mujeres peleonas. Creo que tú y yo aún no hemos tenido la diversión que merecemos.”
Apartó la mano de mi garganta y me arrancó la sudadera. Después rasgó mi vestido en la zona de los pechos y agarró mi pecho derecho con fuerza. Ya no hacía falta que Richard me sujetase, porque estaba paralizada por el miedo. No era capaz de reaccionar. Mi mente estaba muerta, no era capaz de pensar nada. Le escuchaba hablar, pero no sabía que estaba diciendo. Entonces, Electra tomó el control y le atacó.
Richard reaccionó rápidamente. Paró el ataqué y nos estrelló contra el suelo con facilidad. Al fin y al cabo, él es un Alpha, mi fuerza no era comparable con la suya, y mucho menos en este estado. Empezó a darme patadas en las costillas. Cuando intenté cubrírmelas con los brazos, me pateó la cara. Se agachó y me agarró por el cuello otra vez, levantándome y volviendo a ponerme contra un árbol.
-“Escúchame, puta zorra”- Dijo pegando su cara a la mía. –“Te vas a arrepentir de lo que acabas de hacer. Voy a follarte, y después voy a dejar que cada uno de mis guardias te follen, hasta que gimas como una perra. Después, voy a torturarte hasta que te mueras, ¡¿Me has oído?!”
Cerré los ojos y asentí. Morir, eso es todo lo que quería ahora mismo. Si dejándole hacer lo que quisiese iba a conseguir que me matase, eso es lo que iba a hacer. No iba a resistirme. Solo quería morir. Justo cuando abrí los ojos, para asumir mi inevitable destino, un gigantesco lobo gris con patas blancas se abalanzó sobre Richard.
Mis piernas no tenías suficiente fuerza para sostenerme, así que, cuando Richard dejó de sujetarme, arrastrado por el lobo gris, me caí al suelo. Jamás había sentido tanto dolor. El cuerpo me dolía tanto que me hacía plantearme cómo seguía viva. Me agarré las piernas y las empujé hacia mi pecho, haciéndome un ovillo, intentando mitigar el dolor. Fue entonces cuando decidí mirar que estaba sucediendo a mi alrededor. A pocos metros de mí, el lobo gris se estaba asegurando de que nadie se acercase a mí. De fondo, más lobos estaban peleando, pero mi mirada no se podía centrar en ellos. Solo podía mirar al lobo gris.
Me sentía como si estuviese drogada y estuviese teniendo alucinaciones. Todo sucedía a cámara lenta ante mis ojos. Ese lobo era la criatura más hermosa que hubiese visto en mi vida, parecía de otro mundo. Un pensamiento cruzó rápidamente mi mente. No tenía dudas, había muerto y estaba en otra dimensión, una dimensión donde vivían hermosas y únicas criaturas. Mis ojos siguieron al lobo. Desprendía un aura de poder que podría intimidar a cualquiera y en sus ojos llevaba la muerte dibujada. Pero a mí no me generaba miedo, ni me intimidaba. Al revés, sentía una enrome atracción.
Con la imagen de esa criatura perfecta, dejé que mis ojos se cerrasen poco a poco. No tenía fuerzas ni para mantener los párpados abiertos. Todo se volvió n***o. Sentía tantísimo dolor, que deje de sentir nada. No sé cuánto tiempo permanecí así, pero me desperté cuando unos enormes brazos me cogieron, como a un bebé. Con muchísimo esfuerzo conseguí abrir los ojos. Miré al hombre que me llevaba y me quedé sin palabras.
Si el lobo gris me había hecho dudar si estaba viva, este hombre me confirmó que no lo estaba. Un hombre así no podía existir en la tierra. Debía de estar en el cielo, o en donde quiera que vayan los hombres-lobo. Sus ojos plateados, enormes, no se apartaban de mí. Eran hipnóticos, no podía dejar de mirarlos.
-"¿Estoy muerta?"- Pregunté en un susurro. No tenía fuerza para más, pero el hombre parecía haberme oído.
Su ceño se frunció, confundido. Apartó sus ojos de mí para hablar con alguien. La pérdida de contacto con sus ojos hizo que mi corazón se quedase vacío. No quería que esos ojos dejasen de mirarme jamás. Con las pocas fuerzas que me quedaban, intente mover la mano hacia su cara, para obligarle a mirarme. Pero no fue necesario, porque enseguida sus ojos plateados volvieron a clavarse en mí. Esta vez me miraban cargados de preocupación.
-"No estás muerta, Cat."- Dijo el hombre.- "Te vamos a llevar al hospital y te vas a poner bien, te lo prometo."
Al principio, sólo pude fijarme en su voz angelical. Deje que cada centímetro de mi cuerpo disfrutase de los efectos que nos producía su voz. Sus ojos seguían mirándome, intensamente. Fue entonces cuando mi mente proceso por fin lo que había dicho el hombre. No estaba muerta. No estaba en el cielo. Seguía aquí.
-"¡¿No estoy muerta?!"- Pregunté histéricamente, intentando zafarme de los brazos del hombre.
El hombre no se inmutó y me agarró con fuerza. Empecé a percibir las cosas que no había notado en mi estado de trance, cuando admiraba esos ojos grises. El dolor de mi cuerpo seguía ahí. Era incluso más intenso que antes. El hombre caminaba con una marcha rápida y eso estaba acentuando mi dolor. A nuestro alrededor había más hombres-lobo y una mujer-lobo. La mujer me miraba intensamente, con clara preocupación. Sus caras me resultaban familiares, pero no sabía decir quienes eran.
-"No estas muertas, Cat". Repitió el hombre que me llevaba. "Y no voy a dejar que te mueras."
Ante estas palabras, perdí completamente el control. No quería estar viva, ya no podía más. Estaba agotada de cargar con un pasado. Había decidido rendirme. Era mi decisión. No podía venir este hombre a decirme que no podía morir. Era la última opción que me quedaba, y no podía permitir que me la arrebatase.
-"¡¡Suéltame!! ¡¡Suéltame!!"-Grité, mientras me removía. Esta vez con más fuerza, y poniendo más esfuerzo. Los brazos del hombre me agarraron aún más fuerte. Me estaba hablando, pero no conseguía entender que decía. -"Déjame morir, te lo ruego."- Dije mirándole a sus enromes ojos. Noté como las lágrimas caían descontroladas por mis mejillas. "Por favor, por favor…"- Le rogué entre sollozos.
Apoyé mi cabeza en su pecho y lloré desconsoladamente.
Necesitaba que me dejase morir, y haría lo que fuese necesario para conseguirlo.