Capítulo 16

4147 Palabras
Kayden P.O.V   La fiesta de Bela había empezado hacía un par de horas, pero Catalina aún no había aparecido. Zeus y yo estábamos ansiosos por verla. Desde que la vimos durante el ataque de los rogues, primero a punto de ser asesinada y después cubierta de sangre, Zeus y yo teníamos una necesidad incontrolable de saber dónde estaba, de saber que estaba bien. Había encargado a Mark que la siguiese allá donde fuese, manteniéndome informado de todos sus movimientos. Había obligado a Catalina a venir a la fiesta, no porque necesitase que hiciese preguntas por ahí, sino porque por protocolo Ian y Mark tenían que asistir. Si ninguno de mis dos mejores hombres podía estar con ella, ella tendría que venir a la fiesta. Tenía que estar cerca de mí alcance, donde yo pudiese protegerla.   Por fin noté su presencia en el jardín. Cuando Casandra se acercó a saludarla, me giré para estudiarla. Cualquier palabra usada para describir a Catalina sería insuficiente, simples palabras jamás lograrían plasmar la realidad de su belleza. Llevaba el pelo recogido en una coleta, cayendo como una cascada de oro. El vestido, color esmeralda, realzaba su perfecta figura. Tuve que controlar mis instintos más primarios para no cogerla y llevarla a mi cuarto, para hacerla mía para siempre. Zeus aullaba, extasiado ante la visión de nuestro mate. "Estas muy guapa", le dije, sin poder controlarme. Sus mejillas se pusieron rojas al instante, provocando una sonrisa en mi interior.    Cuando Miguel le dijo lo guapa que estaba, estuve a punto de saltar sobre él y arrancarle la cabeza. No me gustaba nada la relación que tenía con Cat. Claramente Miguel era la persona en quien Cat confiaba más, siempre acudía a él para todo. Además, él la seguía a todos lados, como una sombra. Él era la persona que conseguía transmitir seguridad a Catalina y no yo. Eso generada en mí una envidia y unos celos, que jamás reconoceré en alto. No había apartado a Miguel de Catalina porque no me parecía justo. Yo la había rechazado a ella, no podía además hacerle exigencias. He de reconocer que había puesto mi autocontrol a prueba. Los Alphas poderos éramos impulsivos por culpa de nuestros lobos, y solo los mejores éramos capaces de controlarnos en las situaciones de tensión y presión.   Catalina y Miguel se fueron a hacer preguntas a miembros de otras manadas, así que, siguiendo su ejemplo, Ian y yo empezamos a saludar y hablar con el resto de Alphas y Betas. Todos habían tenido ataques de rogues, pero, al igual que nosotros antes de que Catalina se diese cuenta, nadie había mirado si había gente desaparecida. Mucho menos si habían desaparecido personas híbridas en sus manadas. Todos prometieron investigar el asunto. Cuando acabamos de saludar a todos, me acerqué a uno de mis mejores amigos de la infancia, Caleb. Caleb era el Alpha de una manada cercana, y teníamos una gran amistad gracias a la relación que habían mantenido nuestros padres, cuando ambos gobernaban. Caleb era uno de los poco Alphas que no me retiraron su apoyo después de lo que pasó.   Mientras Caleb, Ian y yo hablábamos, Catalina y Miguel se acercaron a nosotros. Mis ojos no se podían apartar de ella. Esa mujer era como un imán para mí. No creo que ella la supiese, pero tenía una forma de andar segura y elegante, que la hacía inmensamente atractiva. No debía de ser el único que pensaba esto, porque a mi derecha, Caleb la estudiaba de arriba abajo con ojos voraces. Caleb siempre ha sido un mujeriego, no había mujer que se le resistiera. Decir que no me gustaba la mirada que le estaba lanzando Caleb a Cat era quedarse corto. Antes de que pudiese impedirlo, Caleb se acercó a Catalina y a Lily y se presentó.    Zeus gruñía, furioso, luchando por salir y destrozar a Caleb. Daba igual que fuese nuestro amigo, nadie debía mirar así a nuestro mate. Noté todo mi cuerpo en tensión, y apreté mis dientes y mis puños para intentar controlarme. Vi como Catalina se presentaba.    -“Alpha Caleb, encantado. Soy el mejor amigo de Alpha Kayden.”- dijo sonriendo a Catalina.    “Amigos por poco tiempo si te acercas a ella”, escuché a Zeus gruñir en mi mente. Noté como Ian me estaba mirando intensamente. Estaba claramente preocupado por mi reacción, y temía lo que podía hacer.   - “Veo que tienes varios guardaespaldas.” Dijo Caleb, mirando primero a Miguel y después a mí. Después, Caleb señaló a Miguel y preguntó. “¿Sois mates?”   -“No.”-Contestó Catalina secamente.    -“Entonces…”- dijo Caleb, parecía perdido. Después me miró, y fue entonces cuando pareció comprender. “¿Pero…?”   Catalina murmuró una excusa y se marchó con sus amigos. Caleb se acercó a Ian y a mí, divertido. Su cara de diversión me enfado aún más si es posible.    -“Así que Catalina es tu mate, ¿Me equivoco?”- Me preguntó.    -“No sé que te hace pensar eso.” Contesté molesto, alejándome de la mesa donde estaban Cat y sus amigos. Ian y Caleb me siguieron.   -“Venga ya Kayden.”- Dijo Caleb sin dejar de sonreír. –“Te he visto en muchas ocasiones con otras mujeres con las que salías. Podrían haber saltado de un precipicio, que te habría dado igual. En cambio, casi me descuartizas solo por darle la mano a esa chica.”   -“Es complicado.”- Me limité a contestar.    -“¿La has mirado bien?”- Dijo con una sonrisa traviesa. –“Creo que no hay nada complicado en aceptar a esa belleza como tu Luna.”   Le di el puñetazo que llevaba minutos conteniendo. En vez de enfadarse, Caleb se estalló en carcajadas. Siempre había sido así. Una persona difícil de enfadar. Todo le parecía bien.    -“Ya le he dicho yo que se tiene que dejar de tonterías y aceptar a Cat como su Luna.”- Intervino Ian. –“Jamás vas a encontrar a alguien así Kayden, Catalina es única.”   -“No la merezco. Tenerme como mate solo sería un castigo para ella.”- Me limité a contestar, observándola de lejos. Estaba preciosa, riéndose animadamente con sus amigos. Ian y Caleb eran de las pocas personas con las que podía sincerarme.   -“Creo que esa es su decisión, no la tuya.”- dijo Caleb, recordándome a lo que noches atrás había dicho Catalina. –“Sinceramente Kayden, te mereces a alguien así. Tienes que dejar de vivir por y para tu manada. Es lo único que has hecho estos años. Céntrate un poco en ti e intenta ser feliz.”   Caleb apoyó su mano en mi hombro y lo apretó levemente, transmitiéndome su apoyo. Cambiamos de tema y estuvimos hablando hasta que empezaron a cantar el cumpleaños feliz. Sin mucha prisa, nos fuimos acercando hacia Bela. Odio las aglomeraciones de gente, así que, decidí esperar a que todo el mundo felicitase a mi hermana antes de acercarme. Cuando finalmente nos acercamos, me quedé petrificado. Miguel estaba besando a mi hermana y todo el mundo lo celebraba y festejaba. Nos acercamos a Casandra y a Cat, quién llevaba a Lily en brazos.    -“¿Miguel y Bela son mates?”- Preguntó Ian, mostrando la confusión que ambos sentíamos en ese momento.   -“¿De verdad no lo sabíais?”- Preguntó Cat riéndose divertida.   -“¿Tú lo sabías?”- Le pregunté, confuso.   -“Todos lo sabíamos.”- Dijo Cas riéndose también.    ¿Cómo que todos lo sabían? Ian estaba igual de perdido que yo. Ningún no de los dos teníamos ningún tipo de sospecha. Es más, ambos estábamos seguros de que había o había habido algo entre Miguel y Cas. De hecho, Ian le había llegado a preguntar a Casandra por el tema, pero ella le había dicho que estaba loco por pensarlo. Ambos pensamos que, simplemente, estaba cubriendo la relación de su amiga, para que yo no lo supiese. Pero, viendo ahora lo alegre que estaba Cat por Miguel y Bela, me di cuenta de que Casandra había dicho la verdad.    Cogí a Lily en brazos y nos acercamos a felicitar a Bela.    -“Feliz cumpleaños.”- Dije abrazándola.   -“¡Felicidades!”- Gritó Lily alegremente, entregándole una pequeña caja envuelta. –“De parte de Kayden y mía.”   Bela lo abrió y se le llenaron los ojos de lágrimas. Para su 18 cumpleaños había encargado un colgante que imitaba a uno que había tenido nuestra madre. Nos abrazó y nos besó a ambos, sin dejar de repetir lo agradecida que estaba.    -“Como le hagas cualquier cosa a mi hermana.”- Dije girándome y poniendo mi tono más amenazante.- “Te juro que te mato.”   Bela puso los ojos en blanco y agarró a Miguel por el brazo, lista para marcharse. Sin embargo, antes de irse con Bela, Miguel me miró y asintió, aceptando mis palabras. Bien.    Ian y yo nos quedamos con Lily, apartados del resto. Lily llevaba años obsesionada con el tema de los mates. Cada vez que veía una nueva pareja surgir, quería saber como funcionaba, haciendo miles de preguntas. Desde que Ian había encontrado a Casandra, Lily le consideraba un “experto en la materia”, así que le obligaba a estar en sus rondas de preguntas.    Estamos en una de esas rondas de preguntas, cuando empecé a sentí una extraña sensación en el pecho. Un sentimiento que no sentía desde pequeño invadió mi cuerpo: miedo. Empecé a mirar a mí alrededor. Fue entonces cuando el sonido de un vaso rompiéndose llamó mi atención. Giré la cabeza la cabeza rápidamente y comprendí de donde venía ese sentimiento: Catalina. Estaba muy rígida, sin moverse ni un centímetro. Delante de ella, protegiéndola, estaba Miguel. Enfrente de Miguel estaba Richard, el hermano de la amiga de Bela, y su Beta, que no recuerdo como se llama.    -“Quédate con Lily.”- Ordené a Ian, quien asintió, cogiéndola en brazos.    Me acerque rápidamente a Catalina y a Miguel. Justo en ese mismo instante Catalina se colocó al lado de Miguel. Yo seguía sintiendo su miedo a través de nuestro vínculo, pero mucho más atenuado. Había conseguido poner sus sentimientos en orden. O al menos eso transmitía.    -“Richard”- Escuché a Catalina decir, con claro desprecio.   -“Es Alpha Richard para ti.”- dijo él, con una sonrisa burlona en su rostro.    -“Solo llamo por su título a gente a la que respeto. Y tú no mereces ningún tipo de respeto, Richard.”- Contestó ella desafiante, sin temblarle siquiera la voz.   Todo lo que sucedió después fue muy rápido. Movido por el instinto, me coloqué entre Catalina y Richard. La sonrisa de este último había abandonado su rostro, y se dirigía amenazante hacía Catalina. Una sola mano fue suficiente para frenarle, mientras le mostraba mis colmillos amenazantemente. Un solo paso más hacia ella, y le arrancaría la cabeza allí mismo. Noté como Catalina se iba, mientras Richard me miraba sorprendido. No era nada habitual que un Alpha interfiriera en las acciones de otro Alpha. Rápidamente, Richard recobró la compostura, y volvió a poner una estúpida sonrisa burlona.    -“¿Vas a dejar que una simple Omega me hablé así?”- preguntó, intentando dejar en evidencia mis actos delante de todo el mundo. En una manada, un Omega es cualquier hombre-lobo que carezca de un alto rango. A ojos de muchos Alphas, esto implicaba que no merecían ningún tipo de respeto.    -“Acércate a ella y te garantizo que morirás segundos después.”- Le dije, poniendo mí tono más intimidatorio e inclinándome sobre él.    Sin decir nada más, me marché de allí, siguiendo el rastro de Catalina. La encontré con Miguel en el jardín de la entrada principal. Parecía agobiada y le costaba respirar. Nada más verme, se quitó los tacones, se los dio a Miguel, y salió corriendo hacia el bosque. Hice ademán de seguirla, pero Miguel se puso delante de mí, parándome. Le lancé una mirada asesina, dispuesto a quitarle de en medio si hacía falta.    -“Déjala ir, necesita estar sola.” Se limitó a decir Miguel, mirándome seriamente.    -“Necesito saber que está bien.”- contesté, sin poder disimular la tensión que sentía en ese momento.-“¡¿Qué coño le ha hecho Richard?!   Me miró y meditó sus palabras antes de hablar.    -“Me ha hecho prometerle que no te diría nada.”- Dijo mirándome intensamente.-“Pero, si Catalina te importa de verdad, asegúrate de que Alpha Richard no se acerque a ella. Vigílale.”   Sin decir nada más, Miguel entró en casa. Inmediatamente, ordené a Ian, a través de nuestro vínculo mental, que siguiese a Richard, sin perderle de vista. Después, me dirigí al árbol más cercano y descargué toda mi ira. Lo golpeé hasta que los nudillos se me quedaron abiertos en carne viva. Esta furioso conmigo mismo. Jamás había visto a Catalina tener miedo. Siempre la había visto controlar sus sentimientos y mantener la calma de una forma impresionante. Incluso cuando su hermano se estaba muriendo frente a ella, había mantenido la calma. Sin embargo, hoy Catalina había sentido verdadero miedo. No tenía muy claro aún que había pasado, pero, para que yo hubiese sentido su miedo tan intensamente, sin habernos aún marcado, debía haber sido algo importante.    Con los nudillos aún sangrando, entré en casa y me dirigí al jardín. La fiesta había vuelto a la normalidad y la gente bebía y bailaba animadamente. Sin embargo, alejados de la fiesta, Casandra y Miguel discutían acaloradamente en español. A su lado, Bela, Caleb, Mark, Kate, que llevaba a Lily en brazos, los miraban confunsos, sin saber que hacer. Ordené a Kate que acostase a Lily y me dirigí hacia Casandra y Miguel. Estaba furioso y quería una explicación inmediatamente.    -“¡¿Qué cojones ha pasado?!”- Grité furioso, usando mi tono de Alpha. Miguel aún no, pero Casandra formaba parte de mi manada, por lo tanto, estaba obligada a contestarme.    Antes de que ninguno de los dos pudiese contestar, dos figuras rubias se acercaron rápidamente hacia nosotros. Uno de ellos se agarraba un costado al caminar. Parecían casí igual de enfadados que yo.    -“¡¿Dónde está?!”- gritó a Miguel uno de los hermanos de Cat, agarrándole por el cuello. –“No debimos confiar en ti para que la cuidaras, ¡¿Dónde está?!   -“Ha dicho que necesitaba despejarse y se ha ido a correr.”- Contestó Miguel con tranquilidad, como si no le estuviesen agarrando por el cuello.   -“¡¡Suéltale!!”- gritó Bela, golpeando al hermano de Catalina con los puños.   El hermano de Catalina, no se cuál, porque son iguales, no pareció inmutarse por los puñetazos de Bela. Sin embargo, soltó a Miguel. Los gemelos, Casandra y Miguel retomaron la discusión, pero hablando en español. Los hermanos parecían furiosos con Miguel, y Casandra, que hace unos minutos también estaba gritando a Miguel, ahora parecía defenderle. Harto de no estar enterándome de nada, les gruñí autoritariamente, haciéndoles callar. Al fin y al cabo, yo era un Alpha, y debían respetarme.    -“Quiero saber inmediatamente que ha pasado entre Catalina y Richard.”- Ordené.    Nada más decir eso, los dos gemelos se giraron con una mirada sorprendida y cargada de odio hacia Casandra y Miguel.    -“¡¿Alpha Richard?!- Gritó uno de los hermanos de Catalina a Miguel y Casandra. –“¿Sabíais que la persona que violó a Catalina fue Alpha Richard y no dijisteis nada?!”   Con un rápido movimiento agarré al hermano de Catalina por el cuello y lo estampé contra un árbol. No podía ser cierto lo que acabada de decir.    -“¡¿Qué has dicho?!”- rugí, furioso, casi fuera de control.    Me miró desafiantemente, sin decir nada. Me giré a Casandra, y usando mi tono de Alpha le hice la misma pregunta. Con los ojos llenos de lágrimas, Casandra asintió con la cabeza. Tras ese gesto, perdí el control, y fue Zeus quién pasó a manejar nuestro cuerpo, dirigiéndonos hacia el jardín de la entrada principal. Caleb y Mark me siguieron.   -“¿A dónde vas?”- grito Miguel, siguiéndonos.    Paré en seco y me giré a mirarle. No fui yo quien contestó, si no Zeus.   -“Vamos a hacer lo que tú no has sido capaz de hacer. Vamos a ir a buscar a Catalina y traerla de vuelta. Cuando este a salvo, vamos a ir a matar a esa escoria que se cree Alpha.”   -“Vamos contigo”- Dijo uno de los hermanos de Catalina.    -“Yo también, yo y mis guerreros te acompañaremos a donde sea.”- Intervino Caleb.   Asentí, aceptando. Sin más dilación, me transformé, y comencé a correr por el bosque. Mientras corría, escuché a Ian hablarme a través de nuestro vínculo mental. “He seguido a Richard y a su Beta al borde del territorio. Pensé que se irían, pero han recogido a sus guerreros y han venido a los acantilados. Catalina está aquí. Son demasiados para intervenir yo solo. Corre.” Aullé a la luna en un grito de guerra, jurando que ninguna de esas personas saldría con vida. Aceleré aún más el paso. Los hermanos de Catalina debieron de entender que algo iba mal, porque también aceleraron el ritmo.    Cuando llegamos al claro de los acantilados, pasee rápidamente la mirada para estudiar la situación. Catalina estaba empujada contra un árbol y tenía los ojos cerrados con fuerza. Su vestido estaba roto. Richard la tenía sujeta contra el árbol, agarrándola por el cuello y agarrándole un pecho. Jamás en mi vida había sentido tanto odio hacia alguien. Zeus y yo aullamos a la luna, declarándole la guerra a Richard y jurándole a la luna que le mataríamos. Ian, Mark, los hermanos de Catalina, Miguel, Casandra y Caleb se unieron a mis aullidos. Segundos después, atacamos.    Me abalancé sobre Richard sin dudarlo ni un según. Lo único que resonaba en mi mente era el deseo de matarle. Debía matarle. Busqué su cuello con mis dientes, pero Richard se movió, esquivándome. Noté como, por una fracción de segundo, sus ojos se desviaban de mí, y miraban detrás de mí. Enseguida supe a quien estaba mirando. Gruñí furioso y retrocedí para protegerla. Nadie, absolutamente nadie, iba a volver a tocarla jamás. Me coloqué en posición defensiva, esperando a que Richard atacase. Ese sería su último ataque. Pensaba matarle al instante. Sin embargo, para mí sorpresa, Richard se transformó en humano.    -“Creo que todo esto ha sido un malentendido.”- Dijo, poniendo una sonrisa, que hizo mis deseos de arrancarle la cabeza fuesen aún mayores. Le gruñí amenazadoramente. –“Catalina es mi mate. Por lo tanto, invocando las antiguas leyes de Emerson, solicito llevármela a mí territorio.”   Todo el mundo se quedó paralizado ante sus palabras. Yo entorné los ojos, furioso. Como se atrevía a pronunciar su nombre con su asquerosa lengua. Como se atrevía a decir que Catalina era su mate. Me preparé, listo para abalanzarme sobre él y acabar por fin con su mísera vida. Justo cuando iba a saltar, el lobo de Ian se puso frente a mí, parándome.    “Si ha invocado las leyes de Emerson, no podemos atacarle.” Me dijo a través de nuestro vínculo mental. Le gruñí, dejándole claro que no me importaba que hubiese citado esas estúpidas leyes, pagaría por lo que le había hecho a Catalina. “Kayden, escúchame. Se que estás furioso, todos lo estamos, pero tienes que parar. No puedes atacarle. Exterminarán a tu manada entera Kayden, incluidas Lily y Bela.” Respiré hondo, intentando calmarme. Sus palabras habían sido suficientes para hacerme pensar objetivamente. Me transformé en humano. Todos los lobos que quedaban siguieron mí ejemplo, recobrando su forma humana.  -“No puedes ampararte en las leyes de Emerson cuando el motivo no es real.”-dije, mirando asesinamente a Richard.   -“No entiendo a que te refieres.”- dijo, sin dejar de sonreír.    -“Catalina no es tu mate, por lo tanto, no te puedes acercar a ella.”-le contesté amenazadoramente.   -“No sé en que te basas para realizar esas afirmaciones, Kayden. Como no tienes pruebas en contrario, cogeré a mi mate y nos iremos de aquí.”- Dijo, dando un paso hacia Catalina.   Con un rápido movimiento me coloqué frente a el, impidiéndole el paso. Notaba como mi aura irradiaba un poder extremo ahora mismo, y como Richard temblaba ante mí poder. Él intentó disimularlo, pero Zeus y yo lo habíamos notado. Incliné la cabeza, para ponerme mis ojos la altura de los suyos, ya que era más bajo que yo.    -“Catalina no es tu mate, porque Catalina es mí mate. Es. Mía.”- le gruñí.   La cara de Richard se convirtió en un gesto de absoluta sorpresa. Noté como todas las miradas se clavaban en mí. Acababa de reconocer a Catalina como mi Luna, ya no había vuelta atrás. Tampoco quería volver marcha atrás. Catalina era mía, de nadie más, y ya era hora de que todos lo supiesen. Lo anunciaría a los cuatro vientos si hiciese falta.    -“No es posible, es mi mate, y lo somos desde hace dos años. Tú no eres nadie para ella, ¡Nadie!”- Bramó Richard, furioso.    Sus palabras fueron un golpe de realidad instantáneo. El recuerdo de Catalina contándole a Lily que había tenido un mate me vino a la mente.    -“¡Fuiste tú! ¡Tú la rechazaste!”-Le acusé, furioso.   -“Yo no hice nada, jamás la rechacé. Por lo tanto, sigue siendo mi mate y exijo llevármela.” Dijo, intentando moverse hacia Catalina.   -“Da un paso más y te mataré aquí mismo sin dudarlo ni un instante”-dije, agarrándole por un hombro. –“Catalina es mía, y no voy a permitir que te la lleves.”   -“Muy bien. No queda otra opción. Siguiendo lo dictado en las normas de Emerson, un tribunal formado por los sabios de cada manada resolverá el problema.”- Dijo, cruzándose de brazos.    Intentaba intimidarme, pero no estaba ni siquiera cerca de conseguirlo. Clavé mi mirada en él. Una mirada cargada de odio y ganas de matarle. Acobardado, emprendió su marcha, acompañado de su Beta y de los pocos guerreros que le quedaban. Corrí hacía Catalina y la cogí en brazos. Estaba inconsciente, muy pálida y llena de heridas. Mi corazón se encogió ante la imagen, jamás había sentido tanto dolor por ver a alguien sufrir. La cogí en brazos con delicadeza, para llevarla cuanto antes al hospital.    Comencé a caminar, rápido. Noté como Miguel y los dos hermanos de Catalina me alcanzaban, andando rápido también. Todos discutían en español, hablando muy rápido. Los gemelos parecían furiosos con Miguel, y podía imaginarme el por qué, pero, en esos momentos, no me importaba. Solo quería salvar a Catalina, asegurarme que estaba bien. Justo en ese instante, abrió sus enormes ojos verdes. Me miraba como si estuviese mirando a un dios, como si estuviese en otro mundo. Dijo algo en español, que no entendí. Sin embargo, Miguel y los gemelos se callaron al instante y la miraron con cara de horror.    -“¡¿Qué ha dicho?!.”- les pregunté, en un tono, que claramente exigía una respuesta.    -“Te ha preguntado si está muerta.”- Contestó por fin Miguel.    Miré rápidamente a Cat, y vi angustia en sus ojos.    -"No estás muerta, Cat."- le dije, intentando calmarla.- "Te vamos a llevar al hospital y te vas a poner bien, te lo prometo."   Mis palabras no sirvieron para calmarla, todo lo contrario. Comenzó a gritar en español, diciendo cosas que no entendía, a removerse en mis brazos y a llorar descontroladamente.    -"No estas muertas, Cat". Le repetí, agarrándola con más fuerza. "Y no voy a dejar que te mueras."   Jamás dejaría que Catalina se muriese. Había entrado en mi vida de forma inesperada, y la había puesto patas arriba. Me había costado asumir que quería que Catalina formase parte de mí vida. Pero, nada más verla contra ese árbol, sangrando y agarrada por Richard, lo supe. Estaba completamente enamorado de esa mujer.   Jamás dejaría que nada malo le volviese a pasar.   No estaba dispuesto a perderla, Catalina era mía para siempre.  Haría todo lo necesario para salvarla.
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