Capítulo 17

3796 Palabras
Catalina se estaba resistiendo demasiado, por lo que fue necesario inyectarle veneno para hombres-lobo para conseguir dejarla inconsciente. No lo suficiente como para que sufriese ningún daño, pero si lo suficiente como para poder llevarla con rapidez al hospital. Nada más entrar en el hospital, noté que el médico de la manada, el doctor Mathews, y un grupo grande de enfermeros esperaban nuestra llegada. Ian debía de haberles informado de la situación. Deposité a Catalina en una camilla que habían traído dos enfermeras.    -“Catalina es vuestra Luna. Por lo tanto, debéis tratarla como tal. Su bienestar debe ser vuestra máxima prioridad.”- Ordené a todo el equipo médico. –“Si sufre algún tipo de daño, la persona que lo haya producido lo pagará con su vida.”   Asintieron y se llevaron a Catalina de allí. Todos nos dirigimos a la sala de espera, abarrotándola. Éramos demasiados. Antes de que pudiese sentarme si quiera, los hermanos de Catalina se acercaron a mí. Su expresión corporal era amenazante. Claramente estaban furiosos conmigo.   -“¿Desde hace cuanto sabes que nuestra hermana es tu mate?”- Preguntó uno de ellos.    -“No es de vuestra incumbencia.”- Contesté secamente.   -“¿Qué no es de nuestra incumbencia?”- Exclamó furioso el otro hermano.-“Catalina lleva dos semanas teniendo que soportar como fingías que no erais mates y ha sido atacada por su anterior mate y violador en tu cara, y ¡¿tienes los cojones de decir que no es de nuestra incumbencia?! ¡¡Todo esto es por tu culpa!!”.   Ambos parecían listos para atacarme, así que me preparé para recibir su ataque. Rápidamente Ian, Mark, Miguel y Caleb intervinieron, separándonos.    -“Creo que ninguno de vosotros tiene nada que decir en todo esto”-Intervino Casandra, mirando a los gemelos. –“Es la vida de Catalina, y ella la gestiona como quiere. Si no os lo ha querido contar, será por algo. Ahora, basta de peleas, no van a solucionar nada ahora mismo.”   Casandra se sentó, agotada por los eventos de la noche. Todos seguimos su ejemplo y nos sentamos a esperar cualquier notica de Catalina. Unas horas después, el doctor Mathews apareció en la puerta. Me levanté rápidamente y me acerqué a él.   -“Nuestra Luna esta bien. Tiene tres costillas rotas y bastantes heridas, pero en un día o dos debería estar perfectamente.” Suspiré, aliviado, pero fue entonces cuando noté que el médico estaba incomodo. Había algo que no quería decir. Le miré, obligandole a continuar. –“No nos preocupa el estado físico de Catalina, pero nos preocupa gravemente su estado psicológico. Parece estar en un estado de shock. No responde y no reacciona ante los estímulos. No sabemos cuanto tiempo tardará en salir de ese estado.”   Cuando fuimos a ver a Catalina, comprobamos que lo que había dicho el doctor Mathews era cierto. Catalina estaba tumbada en la cama, acurrucada, y no respondía ni nos miraba cuando le hablábamos. Al día siguiente le dieron el alta médica, ya que sus heridas y sus costillas estaban curadas. Sin embargo, seguían en su propio mundo, negándose a hablar con ninguno de nosotros.    Los días siguientes a la alta médica, traté de estar lo más pendiente posible de Catalina. Era complicado compaginas el estar constantemente pendiente de ella con la crisis a la que actualmente se enfrentaba mi manada y la preparación del juicio contra Richard. No ayudada el hecho de que solo podía pensar en ella constantemente. No conseguía centrarme y no estaba siendo nada eficiente. Aún así, todos los días le llevaba el desayuno, la comida y la cena, e intentaba conseguir que comiese algo. Su mirada estaba siempre vacía, sin ningún tipo de sentimiento, como si ya no tuviese vida en su interior. Nunca reaccionaba ante mi presencia. Esta situación me quitaba el sueño. Quería ayudarla, pero no sabía como. Habíamos recurrido a ayuda profesional, pero lo único que nos habían dicho es que estaba en estado de shock y que necesitaba tiempo para asimilar lo que había pasado.    Habían pasado ya cuatro días desde el ataque, y Catalina seguía sin reaccionar. Quería ser positivo, pero empezaba a pensar que jamás saldría de ese trance en el que estaba. Suspiré resignado y entré en casa. Mientras inspeccionaba las patrullas que cuidaban de los bordes de mi territorio, se había puesto a diluviar. Toda mi ropa estaba empapada. Me cambié de ropa y bajé a buscar algo de cenar para subirle a Cat. Nada más acercarme su cuarto, noté que no estaba ahí. Aún así, revise todo el cuarto, incluido el baño y su terraza, por si acaso. El corazón me empezó a latir con más rapidez. ¿Dónde se habría metido? Gracias a nuestro vinculo podía sentir que estaba en casa y que estaba bien, pero no podía localizar donde estaba. Empecé a buscarla por todos lados. Contacté con Ian, Casandra, Miguel y sus hermanos, pero nadie la había visto. Después de una hora buscándola, caí en la cuenta de donde podía estar. Subí las escaleras corriendo y abrí la puerta de la azotea.    Nada más abrir la puerta, Zeus y yo suspiramos aliviados. Catalina estaba allí, sentada en el suelo y con la espalda recostada contra la pared. Tenía los ojos cerrados y parecía estar disfrutando de la lluvia. Me acerqué sigilosamente a ella, pero debió de notar mi presencia, porque abrió los ojos y los clavo en mí.   Toda mi tensión y mis preocupaciones de los últimos días se desvanecieron instantáneamente, cuando vi que sus enormes ojos verdes estaban cargados de vitalidad.     -Catalina P.O.V-   Los días siguientes a mi encuentro con Richard fueron extremadamente complicados. Tenía una mezcla de sentimientos que no era capaz de identificar y ordenar. Durante días, mis sentimientos me habían arrollado como olas en una enorme tormenta, sin dejarme respirar. No se cuantos días llevaba en un estado de desconexión de la realidad. Estaba acostada en mi cama, cuando empecé a escuchar las gotas de lluvia golpear la ventana. Por primera vez en días, me levanté y me acerqué a abrir la ventana. El olor a lluvia y césped mojado impactó en mis orificios nasales. A su vez, la brisa generada por la tormenta removió mi pelo.    Noté como por fin la tormenta que llevaba días sucediendo en mi interior comenzaba a calmarse. Como poco a poco mis sentimientos empezaban a ordenarse, pudiendo empezar a comprenderlos. Decidida a seguir disfrutando de la lluvia y de mi nueva paz mental, decidí subir a la azotea. Los sillones estaban empapados, así que opté por sentarme en el suelo, apoyando mi espalda contra la pared. Las gotas de agua empezaron a empapar mi cara, mi pelo y mi ropa. Cerré los ojos e inspiré, disfrutando del momento, sintiendo como cada gota de agua que caía contra mi cuerpo me ayudaba a volver del trance al que había estado sometida.    Medité bajo la lluvia durante bastante tiempo, hasta que la presencia de Kayden interrumpió mis pensamientos. Me giré para mirarle. Instantáneamente me sentí culpable. Estaba muy tenso, sus ojos estaban marcados por las ojeras y parecía haber perdido peso. La presión y el estrés que debía estar sufriendo le hacían parecer mucho más mayor.   -“Me has asustado, no te encontraba.” Dijo, acercándose a mí y sentándose a mí lado.     -“Lo siento.” Le dije, y lo sentí de verdad. No quería ser jamás la causa de su sufrimiento.   -“No te preocupes.” Me dijo, con una pequeña sonrisa.    Esa pequeña sonrisa fue más que suficiente para volver a sentir luz y calor en mi corazón. Volví a cerrar los ojos e inspiré profundamente. Noté como Kayden me esta mirando fijamente, así que volví a abrir los ojos y le miré.    -“ Cuando era pequeña y me daban miedo las tormentas, mi madre siempre me decía que no hay que tenerlas miedo, sino que debíamos esperar con ganas la llegada de una gran tormenta.”- Comencé a contarle, no se muy bien por qué, dejando de mirarle y mirando al horizonte. –“Decía que las tormentas venían, arrasaban todo, y se iban. En el momento dan miedo, decía, pero después de la tormenta sales y te encuentras un nuevo mundo lleno de nuevas opciones que no existían antes. Cuando llovía, salíamos juntas al jardín y dejábamos que la lluvia nos empapase, para que la tormenta se llevase nuestras preocupaciones y nuestros sufrimientos, estando listas para esas nuevas oportunidades.”   Noté como el brazo de Kayden pasaba por encima de mis hombros y me agarraba, atrayéndome hacia él. Apoyé mi cabeza en su pecho, disfrutando del contacto de nuestros cuerpos.    -“Me tenías realmente preocupado, pensé que te había perdido para siempre…”- Me susurró al oído, mientras acariciaba mi pelo.    -“Lo siento mucho Kayden, de verdad.” Le dije, apartándome de su pecho y mirándole a los ojos.    Nos sostuvimos la mirada durante unos segundos. Su forma de mirarme era capaz de generar en mí interior un volcán a punto de estallar. Le deseaba más que a nada en el mundo.    -“¿Cómo te encuentras?”- Me preguntó, sin apartar su mirada de la mía.    -“Mejor.”- Dije intentando forzar una sonrisa. –“Te mentiría si te dijese que estoy bien, pero he conseguido serenarme un poco. Ahora solo necesito comprender que siento.”   -“¿Y que sientes?”- Contestó, su miraba cada vez más intensa.    -“Principalmente, decepción conmigo misma.”- le dije, rompiendo el contacto visual y mirándome mis pies descalzos y empanados. No era capaz de hablar de este tema con él si me miraba de esa forma tan intensa. –“Sabes, es gracioso. Desde que somos muy pequeños, nos enseñan a ser guerreros invencibles, sin sentimientos. Nos dicen que nada nos puede afectar, que estas entrenado para no sentir nada. Y tú te lo crees, crees que estas preparado para enfrentarte a cualquier cosa. Pero la realizad es que, pase lo que pase, no dejamos de ser humanos. Por mucho que queramos, va a haber cosas que nos desestabilicen. Y aún siendo consciente de todo esto, no puedo evitar sentirme como una mierda y una gran decepción”   Durante estos días, no había sido capaz de llorar, pero por fin las lágrimas se acumularon en mis ojos. Kayden uso el brazo con el que me tenía agarrada por los hombros para levantarme, como si no pesase nada, y colocarme en su regazo. Me acurruqué contra él y dejé que me abrazase. Era muy egoísta por mi parte, ya que no había decidido aún que quería que pasase entre Kayden y yo. Pero el contacto con él hacía que todos mis problemas pareciesen minúsculos y que todo el dolor que sentía desapareciese. Kayden era mi medicina.   -“Lo siento Cat, es todo culpa mía.”- Me separé de él y le miré, sorprendida por sus palabras. Sus ojos me trasmitían el dolor y la culpabilidad que Kayden estaba sintiendo. “No me mires así, todo esto es mi culpa, y me he dado cuenta tarde. Si la Diosa Luna nos juntó, fue por una razón, y yo me he negado a aceptar su decisión. Siempre pensé que al hacerlo te estaba protegiendo, pero he conseguido todo lo contrario. Jamás me perdonaré que te hayan hecho daño de esa manera prácticamente delante de mí.”   Le miré boquiabierta, sin saber muy bien que decir. Por primera vez desde que nos conocíamos, Kayden y yo habíamos conseguido tener una conversación profunda y sincera.    -“Gracias por haberme salvado la vida.” Le sonreí, esta vez de forma sincera.    Mi sonrisa generó una sonrisa en el rostro de Kayden. Sin embargo, esa sonrisa rápidamente fue sustituida por un gesto de preocupación.    -“Hay algo que te tengo que contar.”- Me dijo   -“¿Qué pasa?”- Le pregunté, preocupada.   -“Richard ha solicitado que se celebre un juicio para resolver toda esta situación.”- contestó.   -“¿Un juicio? ¿Basándose en qué? Y, ¿Quiénes serían los encargados de juzgarnos?”- Pregunté desconcertada. No entendía nada.    -“¿Conoces las leyes de Emerson?”- Negué con la cabeza. –“Hace más de doscientos años, hubo una enorme guerra entre todos los territorios de esta región. El origen de esa guerra fue la disputa entre dos Alphas, Arthur y Ezequiel, por una mujer, Samira. Samira era la mate de Arthur, pero Ezequiel se enamoró de ella nada más verla. Intentó conquistarla de todas las maneras posibles, pero Samira sólo tenía ojos para su mate. Desesperado, Ezequiel acudió a un poderoso mago. Nadie sabe como le pagó, pero el mago consiguió que Samira creyese que Ezequiel era su mate.”   “Samira se marchó con Ezequiel. Arthur, furioso, le declaró la guerra, y reunió a todas las manadas con las que tenía alianzas para recuperar a Samira. Ezequiel también contacto con sus aliados, asegurándoles que Samira era su mate y que Arthur quería secuestrarla. La guerra duró años y destruyó manadas enteras. Con el objetivo de terminar con la sangrienta guerra, un Alpha llamado Emerson reunió a todas las personas mayores y sabias de las manadas implicadas en la guerra, para juzgar la situación y tomar una decisión. No se sabe muy bien como, pero se consiguió destapar el engaño realizado por Ezequiel. Como castigo, tanto Ezequiel como su manada fueron exterminados.”   “Después de solucionar el conflicto, los diferentes Alphas y sabios de la región se reunieron y crearon las leyes de Emerson. Esas leyes contienen las normas para resolver los conflictos entre las diferentes manadas y Alphas. Todas las manadas de la región las firmaron. Cuando un nuevo Alpha es nombrado, este debe jurar que gobernará cumpliendo estas leyes. Entre esas normas, se encuentra la obligación de respetar la relación existente entre un Alpha y su Luna. Cualquier persona que incumpla es norma, será juzgada por el tribual de sabios. Además, cualquier Alpha que incumpla o se niegue a aplicar las leyes de Emerson, podrá ser exterminado junto a su manada.”   Asentí, procesando todo lo que me acababa de contar Kayden.    -“¿Pero eso es bueno no? Que Richard haya solicitado acudir al tribual.” -Le pregunté. –“Al fin y al cabo, él no es mi mate. Lo podremos demostrar y será castigado por lo que hizo.”   -“No es tan sencillo.”- Contestó Kayden, quien parecía realmente preocupado por la situación. –“Tanto él como yo tendremos que aportar pruebas que demuestren que eres nuestro mate. Tu palabra no será una prueba de peso, ya que podrías estar hechizada como lo estuvo Samira. A eso hay que añadir el hecho de que, aunque antes él tribunal estaba compuesto por sabios con gran corazón y sabiduría, ahora está compuesto por un puñado de viejos corruptos.”   -“¿Y cuando es el juicio?”- Pregunté.   -“El domingo.” Contestó Kayden.   Quedaban tres días para el domingo. Cerré los ojos y me volví a apoyar en su pecho, dándome cuenta de la complicada situación en la que me encontraba. Añadido a todo eso, tendría que volver a ver a Richard. El simple pensamiento de volver a verle hizo que un escalofrío recorriese todo mi cuerpo.    -“Catalina, te juro que no va a volver a tocarte nunca más.” – Me susurró Kayden al oído. –“Digan lo que digan ese grupo de viejos, no pienso dejar que nadie, especialmente esa escoria, se acerque a ti. Sacrificaré todo lo que tengo para evitarlo, aunque me cueste la vida o mi manada. Jamás van a volver a hacerte daño.”   Aunque era consciente de que la situación era demasiado complicada como para ser resuelta gracias a la promesa de Kayden, sus palabras me reconfortaron enormemente. No sabía explicar por qué, pero estar con él me transmitía poder y seguridad. Me sentía invencible si Kayden estaba a mi lado.    -“Vamos, te estas congelando.” Dijo Kayden levantándonos.    Fue entonces cuando me di cuenta de que hacía bastante rato que había dejado de llover y que estaba tiritando del frío por culpa de mi ropa mojada. Kayden me dio la mano y me guio escaleras abajo. Le seguí sin pensar demasiado a donde estábamos yendo, hasta que nos paramos en una gigantesca puerta de madera oscura. El cuarto de Kayden. Le miré, sorprendida.    -“Se que no me lo merezco, pero ¿podrías dormir aquí conmigo?”- Preguntó, rogando con la mirada.   Abrí y cerré varias veces la boca, intentando emitir algún sonido, pero las palabras no conseguían salir de mi boca. No sabía que quería hacer. Por un lado, mi corazón y Electra sufrían ante la simple idea de separarme de Kayden. Por otro lado, tenía muchísimas preguntas sobre nosotros, ¿Me había aceptado Kayden como su mate? Después de todo, ¿Quería aceptarle yo a él?¿Deberíamos intentarlo?¿Tenemos posibilidad de tener un futuro juntos?   -“Soy consciente de que aún tenemos que aclarar muchas cosas.”-Volvió a hablar Kayden. –“No necesito que durmamos juntos, con que estemos en la misma habitación me vale. Yo dormiré en el sofá. Necesito tenerte cerca, por favor…Zeus y yo os necesitamos…”- Sus últimas palabras fueron más un ruego que una afirmación.    Asentí y le seguí. Su habitación era como un pequeño apartamento. Al igual que el resto de la casa, su cuarto estaba decorado en blancos y grises. La cama era gigante, podrían caber 5 o 6 personas. Tenía un pequeño salón con sofás y una tele a la derecha del cuarto. La pared de la izquierda era toda acristalada, dando a una terraza mucho más grande que la de mi cuarto. Ahora que había visto esa terraza, la mía parecida una caja de zapatos. Mientras paseaba mi mirada por el cuarto, Kayden desapareció por una puerta. Le seguí. La puerta daba un vestidor increíble, de esos que salen en las series de mujeres ricas. Había una zona de zapatos, grandes armarios, cajones e incluso un sofá en el medio para sentarse.    -“Toma”- Dijo Kayden tendiéndome una camiseta. Le miré sin comprender. –“Imagino que querrás dormir con ropa seca, puedes ducharte también si quieres.”   -“Gracias.”- Le sonreí aceptando la camiseta. “¿Podrías dejarme también una sudadera, por favor?”   -“¿Tienes frío?”- Me preguntó extrañado.    -“Siempre tengo frío.”- dije sonriéndole ampliamente.    Era cierto. Cas siempre se reía de mi, porque decía que iba con una sudadera o una manta a todos lados. Kayden me dejó también una toalla limpia. Decidí darme una ducha antes de acostarme para entrar en calor. El cuarto de baño de Kayden era igual de impresionante que su habitación. Era igual de grande que mi cuarto. Todo estaba decorado con mármol blanco. Lo que más me llamó la atención fue la preciosa bañera antigua que había en medio del cuarto de baño. Opté por una ducha rápida. Me vestí, me sequé el pelo y salí.   Mientras me duchaba, Kayden se había cambiado de ropa. Llevaba simplemente unos pantalones de pijama, sin camiseta. Noté como la garganta se me secaba mientras recorría su musculoso torso con mis ojos. Definitivamente este hombre no era de este mundo. Kayden estaba preparándose una cama en el sofá. Levantó la vista al oírme entrar y justo me pilló mordiéndome el labio inferior mientras admiraba sus músculos.   -“¿Te gusta lo que ves?”- Sonrió, divertido.    Noté como me ponía roja instantáneamente y deseé que la tierra me tragase. No contesté y me acerqué a la cama, dispuesta a acostarme. Antes de meterme en la cama volvía a mirar a Kayden. Era claramente mucho más grande que ese sofá, dormir ahí iba a ser incomodísimo. Gracias a la luz del cuarto, se podía apreciar aún más su rostro cansado y sus ojeras. No era justo que se pasase otra noche sin dormir por mi culpa.    -“Kayden.”- Le llamé. Enseguida clavó sus enormes ojos plata en mí. –“Creo que tu cama kilométrica es suficientemente grande como para que durmamos separados. No tiene sentido que duermas en el sofá.”   -“¿Estás segura?”- Preguntó, sorprendido.    Asentí y me metí en la cama. Segundos después noté como Kayden se acostaba a mi lado, aunque respetando en todo momento mi espacio personal. Sonreí, agradecida y cerré los ojos. Sin embargo, no conseguía conciliar el sueño. Solo podía recordar la imagen de Kayden sin camiseta, lo que estaba iniciando un enorme fuego en mi interior.    -“Cat.”- dijo Kayden con una voz rasgada que generó una ola de deseo en mi interior. “Tienes que dejar de pensar en lo que sea que estés pensando. Huelo tu excitación desde aquí, y no creo que pueda contenerme mucho más tiempo.”   Instantáneamente mis mejillas volvieron a arder. Mierda. Los hombres-lobo podían oler fácilmente cuando una mujer-lobo estaba excitada, y Kayden había olido como me estaba excitando por él. Puse la mente en blanco e intenté no pensar en nada. Pensé qué no conseguiría dormir ni un segundo teniendo a Kayden al lado, pero, para mi sorpresa, caí enseguida en un sueño profundo.    A la mañana siguiente, me desperté por un gran ruido. Podía escuchar muchos ruidos y voces provenientes del pasillo, como si hubiese muchísimas personas ahí acumuladas. Miré a mi derecha y vi que Kayden ya no estaba. Así que me levanté y me dirigí a la puerta, extrañada. Sabía que, excepto para limpiar, todo el mundo tenía prohibido el acceso a esta planta, menos Kayden y Lily. Cuando abrí la puerta, me encontré con al menos 20 guerreros de la manada de Kayden. Corrían de un lado para otro, entrando y saliendo del cuarto de Lily. Ian estaba allí también.    -“¡Ian!”- Le llamé.    Ian se giró al escuchar su nombre. Me miró de arriba abajo, sorprendido, mientras se acercaba a mí. Fue entonces cuando recordé que estaba vestida con la ropa de Kayden. Intenté ignorar la vergüenza que estaba sintiendo en ese momento, para poder buscar las respuestas que quería.   -“¿Qué pasa?¿Que hacen todos estos guerreros aquí?”- Pregunté.   -“Lily no está. Ha desaparecido. Alguien se la ha llevado.”
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