Sentía dolor en cada una de mis extremidades, pero también el placer que causaba en mí me llevaba al éxtasis donde quiero gritar, pero mi boca se encontraba tapada con un pañuelo. Mis manos estaban atadas al cabecero de la cama y mi cuerpo estaba expuesto a Taylor donde él lo dominaba a su antojo. —¿Quieres que pare?—pregunta entre gemidos. Negué con la cabeza, ya que no podía hablar. Él sonrió plácidamente mientras su duro pene seguía entrando y saliendo en mí haciendo sonar como si mis caderas estuvieran a punto de romperse. Los últimos dos días fueron noches de sexo a lo bruto mientras mi corazón estaba latiendo por y para él. Ninguna de esas noches se quedó a dormir conmigo, me prometía una y otra vez que la próxima vez se quedaría, pero nunca lo llego hacer. —Sr. Aguilar, todo es

