—¿Qué haces aquí? —Conejita. —Me llamo Natalia, ahora vete—iba a cerrar la puerta, pero este no lo permite. —Solo hablemos, por favor. —No quiero hablar contigo, ni tampoco es el momento. Este me mira como siempre lo ha hecho, pero esta vez era diferente, mi corazón ni se inmutó por él. —Solo pídeme que la deje y la dejaré, solo quiero estar contigo. Nunca jamás pensé que escucharía tal cosa de él, si me lo hubiera pedido antes de irme del país seguramente hubiera aceptado con los ojos cerrados, pero ahora no tenía esa necesidad de querer ser de él, ni tampoco de mirarlo. —No, no quiero eso ni tampoco quiero estar contigo. Este frunce el ceño y da un paso más hacia mí donde agarra mi muñeca con fuerzas y aprieta causándome un gran dolor. —Me lastimas—dije con firmeza y sin miedo

