Advertencia: Este capítulo contiene contenido violento, lenguaje inapropiado, podría perturbar a algunos lectores, por favor preste atención.
Pasaron dos años desde que Astrid se fue al desierto infernal, en ese tiempo todo transcurrió normalmente, Paimon está entrenando nuevos reclutas para que formen parte de su legión e Ira estaba recorriendo el castillo, pero el aburrimiento se hacía cada vez más fuerte para Ira y su única solución era molestar a Paimon.
-Paimon, ¿Cómo va la carne fresca? - Preguntó Ira
-Son un asco, no pueden mantenerse en pie ni una hora después de entrenar- Dijo Paimon irritado
-Eso parece, me dijeron que has estado más irritante que de costumbre desde que ella se fue.
Paimon frunció el ceño, -¿Por qué no me lo dijiste?
-¿Decirte qué?
-Que ella se iría esa noche sin saber cuándo volverá.
-No quería que interfiriera en tu trabajo, esa noche de verdad necesitábamos que extermines a los demonios susurrantes del suroeste, el balance dependía de ello- Paimon no dijo ni una palabra, Ira suspiró y lo miró, -Paimon, dime una cosa ¿tu sientes algo por ella...- Pero antes de que Ira pudiera terminar se escuchan las trompetas de las torres del muro anunciando el avistamiento de un ser proveniente del desierto, Paimon y los demás generales se prepararon para cualquier ataque, pero no era un ataque, era dos figuras acercándose lentamente del desierto, los ojos de Ira y Paimon se abrían cada vez más, era Astrid y Chiridirilles volviendo de su viaje.
- ¡Abran las puertas! - Gritó Ira
Pero antes de que Astrid pudiera llegar a las puertas, Ira y Paimon corrieron hacia ella abrazándola y cayendo a la arena del desierto
- ¡Astrid! mi aburrimiento terminó- Dijo Ira, mientras que Paimon se limitó a abrazarla
-¡Traje regalos! - Dijo Astrid feliz
-Entonces vamos adentro, estoy ansioso por ver qué me trajiste- Dijo Ira sonriendo
Astrid miró a Paimon, pero él no la miraba solo caminaba detrás de ella sin decir una palabra, solo tomó la mochila de Astrid para que ella no la llevara, pero ella notó que todos a su alrededor estaban hablando de algo inusual pero no lograba oírlos.
Se dirigieron a la habitación de Astrid solo los tres y se acomodaron en la sala de estar, Astrid tomó su mochila y sacó una pequeña caja negra que le entregó a Ira, era un anillo plateado con una perla roja, su perla está hecha con sangre de las sirenas de las almas perdidas del río de la muerte, su sangre puede buscar cosas perdidas y es usada usualmente por las sirenas para encontrar las almas perdidas que no pudieron llegar al purgatorio, solo para alimentarse de ellas, así como las ayuda a buscar ríos secretos para nunca ser encontradas ni castigadas por sus actos.
-¿Sabes lo difícil que es conseguir esto?, las sirenas son difíciles o más bien imposibles de encontrar, ellas guían con su sangre las almas perdidas a su río para alimentarse de ellas sin ser castigadas- Dijo Ira
-Si y creí que se te vería muy bien, ahora puedes encontrar lo que tú quieras Ira- Dijo Astrid
-Acertaste por supuesto, ahora encontraré tantas cosas, empezaré por la dignidad que Paimon perdió hace mucho tiempo- Dijo Ira sonriendo miró a Paimon, que no había hablado en ningún momento y que desviaba la mirada.
-¿Sabes? iré a presumirselo a el general Bucón, generar odio en él es simplemente gratificante y más cuando odia todo lo que lo rodea- Dijo Ira, riendo mientras salía de la habitación
-Paimon, no dijiste nada desde que llegué ¿estas enojado conmigo? - Preguntó Astrid
-No estoy enojado- Contestó Paimon
-¿Entonces qué es?
-Dos años son mucho tiempo cuando alguien de verdad te agrada.
-Aún no lo entiendo, ¿Por qué no me miras?
-Astrid, es la primera vez que tengo tantas emociones intentando salir de un golpe y estoy intentando controlarlas, pero es difícil cuando se reflejan en mi cara.
-¿Es por eso que no quieres mirarme?
-Si.
-Pero yo si quiero verte, no lo he hecho en dos años, de verdad extrañaba tu cara Paimon- Pero él no hablo, solo enterró su cara en sus manos
-Con cada cosa que dices lo vuelves más difícil- dijo Paimon, Astrid extendió sus manos hacia las manos de él, quitándolas de su rostro y notó lo roja que estaba la cara de Paimon.
-Paimon ¿sabías que eres más lindo cuando estás sonrojado?
-Basta.
-Te daré tu regalo.
-No tienes que hacerlo.
-Pero quiero, además ¿tú los coleccionas no?- Al escuchar esto Paimon la miró sin entender en lo que Astrid le había dicho, hasta que ella extendió su mano y sacó un látigo hecho de huesos, la empuñadura estaba hecho de cuero de dragón infernal, el cuerpo y triza eran la columna del dragón y por último el chasqueador era una resistente piedra roja que solo se encontraba entre los músculos de la garganta donde genera el fuego que lanza, el látigo es capaz de moverse en cualquier dirección si problemas y la piedra puede generar el fuego capaz de ser controlado a voluntad por el usuario.
-Astrid es demasiado.
-Pero me esforcé mucho por él para que lo tuvieras.
- ¿De dónde lo sacaste?
-Yo misma maté al dragón en mi viaje, teníamos que ver al ángel que mantiene el fuego del infierno ardiendo, el me enseño como hacer un látigo con el cuerpo del dragón y yo lo hice para ti.
-¿Lo hiciste para mí?, Astrid gracias- Paimon de un golpe estiró todo el cuerpo del látigo, del cual emano fuego de la piedra que de a poco rodeo los cuerpos de Paimon y a Astrid, el fuego no los lastimaba, pero si los mantenía cálidos iluminando sus ojos lo que provocó la sonrisa de ambos y el fuego desapareció.
-Paimon, ¿sabes qué es lo que todos murmuraban cuando llegué?
-Esos idiotas habían hecho apuestas a que no volverías del desierto con vida.
-Ha, ja, ja, eso lo explica todo, Chiridirilles decía lo mismo de mi ¿dime Ira, apostó?
-Si, apostó que volverías, ahora debe estar reclamando todo lo que gano.
-¿Y qué es lo que gano?
-Esclavos y no cualquier esclavo, son de la alta sociedad.
-Wow, lo debe estar disfrutándolo.
-Eso es seguro, Astrid aun tienes una prueba más que pasar.
-Si, solo intento descansar antes de hacerla, hay altas posibilidades de que muera, eso dicen.
-No es posible, el problema es si te vence y reclama tu lugar.
-Ese pequeño bastardo extendió por todo el desierto que yo estaba muerta y heredó mi lugar.
-Cuando estés ante él, ve directo al cuello.
-No te preocupes lo haré sangrar.
Estaban tocando la puerta, Paimon camino hacia ella y la abrió era Chiridirilles.
-Princesa Astrid la está esperando en la sala del tiempo.
-Chiridirilles ¿Crees que ganaré? - Preguntó Astrid
-Creo que hay una posibilidad, lo hiciste bien en el viaje de entrenamiento y sobrepasaste mis expectativas- Dijo Chiridirilles
-Sabía que tenías confianza en mí- Dijo Astrid
-Dije que hay una posibilidad, pero no que lo harás- Contestó Chiridirilles, Astrid lo miró como si le dijera te quiero para apuñalarla por la espalda.
-Eres un ser perverso, pero sé que en el fondo me quieres- Dijo Astrid antes de abandonar la habitación
-¿Crees que ella lo logre? - Preguntó Chiridirilles a Paimon
-Dijiste que hay una posibilidad eso es más que suficiente para mi- Contestó Paimon mientras caminaba detrás de Astrid, se dirigieron a la habitación que se encontraba en la punta más alta del castillo y en el camino encontró a Ira.
-Astrid ya presumí el anillo, el idiota destruyo todo porque es un idiota- Ira comenzó a reír a carcajadas, -Escuche que ya te llamaron para el enfrentamiento de hoy, en esta ocasión no te hagas la muerta, no funcionara así que ve directo al cuello- Dijo Ira
-Es lo mismo que me dijo Paimon- Contestó Astrid
-Si ambos te lo decimos es porque al idiota le encanta hablar de lo que hará cuando herede tu lugar, así que estará distraído y el cuello es el objetivo perfecto para atacar a un ser que se debilita con la pérdida de sangre y también para callarlo de una vez- Dijo Ira mirándola confiadamente
-Astrid que no te hiera, ese estúpido querrá beber tu sangre, si lo lastimas mantente alejada de él- Dijo Paimon
- ¿Algo más? - Preguntó Astrid
-Si puedes mátalo- Dijeron Ira y Paimon al mismo tiempo
-De verdad debe ser un idiota si lo odian al mismo nivel- Dijo Astrid
-Princesa la están esperando adentro- Dijo Pereza mientras las puertas a su lado se abrían, dentro se encontraba el diablo y a sus pies estaba Sorath quien la miró con hostilidad, Astrid entró a la habitación mientras Ira y Paimon la miraban desaparecer detrás de las puertas.
-¿Qué harás si algo sale mal? - Preguntó Ira
-Lo necesario- Contestó Paimon, mientras miraba directo a las puertas
-Entonces hazme la señal cuando lo hagas, porque ya somos dos- Dijo Ira
Pereza estaba custodiando las puertas delante de ambos.
-Saben que no puedo dejarlos pasar.
Paimon dio un paso al frente, posicionándose al mismo nivel que Pereza.
-No me provoques idiota- Dijo Paimon hostilmente.
-Paimon, cálmate, Astrid no necesita esto ahora- Dijo Ira mientras miraba a Pereza
-Mi señor Ira, conoce las reglas, sin importar que suceda adentro, no puedo dejarlo pasar.
-Lo se, Paimon, tenemos confianza en Astrid, ella puede hacerlo.
-Lo se- Contestó Paimon
En la habitación del tiempo, Astrid entró y miró directamente la habitación, era oscura como si fuera un espacio infinito y un desierto frío como el hielo.
-Dime, ¿esta lista?- Preguntó Baalber
-Si- Contestó Astrid
El Diablo se encontraba sentado en un enorme trono, rodeado de importantes generales incluyendo a Baalber, todos armados, Astrid apenas podía ver la cara del Diablo iluminada por una pequeña luz que flotaba en la habitación.
Sorath la miró con desprecio y dio el primer paso atacando directo a Astrid, invocando un martillo con dos enormes picos en la parte delantera y la trasera, pero Astrid invocó una guadaña, el cuerpo era de huesos de dos metros de alto y en la parte superior era un cráneo enorme con la boca abierta y de ella nacía la enorme cuchilla en forma de arco, Astrid bloqueó cada ataque de Sorath, evitando así su avance. La cuchilla de Astrid estaba cerca de la garganta de Sorath pero él lo detuvo con su martillo, su cuerpo era arrastrado de a poco hacia atrás por Astrid.
Sorath se posiciono para no dejarla avanzar y extendió su mano para tomarla del cuello, Astrid uso el mango de su arma y lo golpeó, provocando que el demonio perdiera el equilibrio, aprovechó la oportunidad y cortó el cuello de Sorath provocando que se desangrara, Astrid transformó su guadaña en una escopeta que tenía la forma de la cabeza de un dragón la cual se encontraba en llamas con los ojos rojos y de la boca del arma salía el cañón de la escopeta, lo introdujo por la herida del demonio hasta verlo en la boca del mismo.
-Oí los rumores que esparciste en el infierno, tal vez sea mejor si te arranco las cuerdas vocales o mejor aún, si te mato no volverás a molestarme- Dijo Astrid mientras sonreía
-No puedes ser más fuerte que yo- Dijo Sorath con dolor al hablar
-Claro que puedo- Contestó Astrid, lo miró directamente a los ojos y jalo del gatillo, volando la cabeza del demonio en miles de pedazos
-Mátalo- Dijo el Diablo
Astrid lo miró fijamente y luego agacho la cabeza para ver el cuerpo regenerarse lentamente.
-¿Acaso no es tu hijo? - Preguntó Astrid, mientras levantaba la cabeza lentamente y lo miraba fijamente
-Es solo carne y la carne es reemplazable.
-¿Es lo que somos para ti?
-No olvides cual es tu lugar, ser la elegida no te coloca sobre mi.
-Aun así, mi decisión me coloca en un lugar importante.
-Y espero que decidas correctamente.
-Dicen que traicionaste a Dios, ¿Por qué serías tú una buena opción?
-Si conocieras a Dios como yo también lo harías, pero no te abandone y no lo are- El Diablo extendió su mano y arrojó un corazón delante de Astrid.
-Ese es el corazón de Sorath, si lo matas te ganaras tu lugar como legítima heredera del infierno.
-¿Cuál es el objetivo de esto?, sabes que no fue un verdadero reto.
-El objetivo no es la agilidad o el poder que puedes ejercer en combate, es el miedo a los demás y la fidelidad hacia mi- Al escuchar esto, Astrid extendió el cañón al corazón de Sarath y disparó sin dudar un segundo, lo que provocó una sonrisa de satisfacción en el rostro del Diablo, Astrid solo lo miró y se arrodilló ante él.
-A pesar de haber ganado, reconozco que soy solo una extranjera y tú eres el gobernante del infierno eso es incuestionable, pero recuerda, así como no tienes piedad ante tus hijos, ellos en algún momento no la tendrán ante ti- Astrid volteo y se dirigió a la salida
-¿Tú me serás fiel hasta la muerte?
-Siempre te seré fiel, mientras no me traiciones, porque si lo haces tu o Dios, olvidaré mi lugar ante ustedes.
-Es un trato- Dijo el Diablo
Astrid miraba como el corazón de Sarath se convertía en cenizas que desaparecen en la oscuridad, su cuerpo frío y pálido, recordando lo frágil que es la vida hasta la de un ser inmortal, las puertas se abrieron ante ella y Paimon e Ira la estaban esperando en la entrada.
-Eso fue rápido- Dijo Ira
-Era muy débil- Contestó Astrid
-Sabemos que era débil, pero no creímos que tomaras la decisión de matarlo tan rápido- Dijo Paimon
-Tal vez no lo hubiera hecho si el Diablo no me hubiera pedido- Contestó Astrid
-Hiciste lo que tenías que hacer para sobrevivir y demostrarle que no te importa perder tu humanidad- Dijo Ira
Astrid lo miró como si hubiera escuchado un chiste.
-Ira, Paimon el Diablo sabe que mi humanidad la perdí el día en que el mundo me abandono, lo que el de verdad quería era asegurarse de que de verdad le fuera devota y lo obedeciera matando a Sorath, no para satisfacerlo, sino por miedo y lealtad hacia él- Dijo Astrid
Ira dejó de caminar al igual que Paimon y solo la miraron.
-¿Él, no lo tiene? - Preguntó Paimon
Astrid volteó sonriendo, -No, no lo tiene.
-Ahora entiendo por qué lo hizo, él no tiene el control sobre ti, eres prácticamente una amenaza para el- Dijo Paimon
-Es la primera vez que escucho que el Diablo tiene miedo- Dijo Ira sonriendo
-Aun así, debo cuidarme, puede matarme cuando quiera al igual que Dios, cumpliré todo lo que quieran mientras no me apuñalen por la espalda porque si lo hacen sabrán de lo que soy capaz- Dijo Astrid mientras caminaba
-Así que tu corazón no estaba en el contrato, es interesante así la pelea entre Dios y el Diablo será pareja- Dijo Ira
-Sea pareja o no, eso no solo vuelve a Astrid una amenaza para Dios y el Diablo, ella es una amenaza para cualquiera, lo que significa que muchos querrán matarla y tendremos que estar más alerta- Dijo Paimon
-¿Cuántos saben sobre esto? - Preguntó a Ira
-Solo Dios, el Diablo y ustedes dos- contesto Astrid intentando pensar el alguien más, pero no podía pensar en nadie más que lo supiera
-Con todas las cosas que sucedieron es obvio que alguien lo sabe y ha estado intentando matar a Astrid la noche que se fue - Dijo Paimon mirando a sus alrededores buscando algún ser vivo cerca
-Relájate, no creo que cualquiera sepa el caso de Astrid, pero no mentiré, la noche que te fuiste Astrid, varios ángeles se infiltraron en el infierno para matarte- Dijo Ira
-Escuche que torturaste a uno por información, ¿conseguiste algo? - Dijo Paimon
-No, no solo no la conseguí el mismo mordió su lengua hasta arrancarla de su boca y cada vez que se regenera la volvía a cortar, cuando logramos impedirlo uso el filo de sus alas para cortar su garganta, antes de darnos cuenta el tiempo se había acabado y los arcángeles lo llevaron ante la presencia de Dios- Contestó Ira decepcionado
-¿Los ángeles consiguieron alguna información? - Preguntó Astrid
-Lo último que supe fue que murieron los siete ángeles ante la presencia de Dios, sea lo que sea, poseía el corazón de los ángeles y los mató antes de que fueran interrogados por Miguel ante Dios- Dijo Ira
-Pero si sucedió eso entonces debe ser alguien que está cerca de Dios o ¿Cómo sabía que fueron capturados los siete ángeles y que estaban ante la presencia de Dios? - Preguntó Paimon
-¿Pero, si no lo es? - Preguntó Ira
-Tal vez no estaba ahí, pero si un ángel que pueda advertirle la situación- Dijo Paimon
-¿Y qué pasa con eso de que dios está en todos lados? - Pregunto Astrid
-Es solo una mentirilla piadosa de los humanos para no sentirse solos, patético, ¿no? - Dijo Ira
-No está en todos lados, pero eso no significa que no pueda averiguarlo, muchos demonios y ángeles fueron creados específicamente con un propósito- Contestó Paimon mientras miraba a los alrededores
-¿Y cuál es? - Preguntó Astrid
-Revelar la verdadera naturaleza del ser humano para luego ser juzgado, así como mutuamente fueron creados para tentarse entre sí y revelar su naturaleza- Contestó Paimon
-Básicamente es como una cadena, todos contra todos. Somos solo juguetes y ellos son los niños que juegan con nosotros, muy pocos saben el origen de todo este conflicto- Dijo Ira
-¿Y tú sabes cómo se originó? - Preguntó Astrid interesada por saber el origen de todo y no las simples teorías que leía por la noche de los conflictos entre el cielo y el infierno
-Esa es una historia para otro día princesa, además este no es un lugar para hablar libremente, no olvidemos que estar en el castillo del Diablo es como estar en la boca del lobo- dijo Ira mirando fijamente a una habitación vacía que se encontraba a unos pocos metros de ellos
-¿Qué viste? - Preguntó Astrid
-Una rata- Contestó Paimon, mientras caminaba hacia la habitación, al entrar sintió una fuerza y el aire estaba más caliente de lo normal, un filo se hizo presente ante Paimon dirigiéndose directamente a su cuello, pero a Paimon le tomó menos de un segundo bloquearlo, extendió su mano izquierda con rapidez atravesando el cuerpo de su adversario, más no por completo, así sujeto la columna del mismo y lo trajo hacia él.
Busasejal era uno de los doscientos ángeles caídos que habitaban en el infierno.
-Veo que además de débil eres idiota - Dijo Ira acercándose a él con una mirada asesina
-No puedes mantenerlo en secreto por siempre, tarde o temprano todos lo sabrán, que ella es una amenaza- dijo Busasejal
Al oír esto Paimon retorció unos centímetros su mano y podía oírse perfectamente los huesos de Busasejal quebrarse mientras caía sangre en la alfombra del castillo.
-Es un desperdicio de mi tiempo escucharte decir estas idioteces, así que ve al grano y dime lo que quiero oír ¿Quién te envió? - Preguntó Ira
-Nadie me envió- Contestó Busasejal
-No lo repetiré- dijo Ira, sus ojos estaban cada vez más rojos
-Sabes que no pueden hacerme daño, tú eres un simple esclavo del Diablo y tu escoria solo eres un perro con una correa muy ajustada- Dijo Busasejal
Paimon retorció por completo su mano quebrando la columna del ángel caído arrancando una parte de la columna de su cuerpo, extendió su mano ensangrentada cubriendo por completo de la frente hasta la nariz de Busasejal y comenzó a cerrar su mano, los gritos del ángel caído fuero de un tortuoso dolor, Astrid podía ver como la sangre comenzó a salir por los orificios de su cara y sus ojos ya no estaban en su lugar provocando en un corto periodo de un segundo la explosión de la cabeza de Busasejal, sus sesos se esparcieron por toda la alfombra, pero el ángel seguía vivo y retorciéndose de dolor mientras se arrodillaba en el suelo colocando sus manos en su cabeza.
-¿Sabes que cuando algo amenaza la vida de la princesa Astrid, Ira y yo que somos sus guardianes estamos libres de todo lazo que nos ate a las reglas que rigen los planos?, Eso significa que no importa la categoría o clase de un ángel, demonio o humano que sean, nosotros podemos matarlo sin correr algún riesgo- Dijo Paimon mirando fijamente al ángel caído, mientras sacaba su Dao y lo colocaba en el estómago del ángel para buscar el corazón
-Paimon, contrólate un poco y no seas salvaje, aún no sabemos el propósito de este parasito, así que seamos más civilizados y llevémoslo a mi cámara de tortura para conseguir la información, odio ver la alfombra manchada de sangre de un ser tan inferior- Dijo Ira mientras su cara se arrugaba por la molestia que le causaba escuchar los gritos de Busasejal
-Bien- Dijo Paimon de mala manera
-Tus gritos me causan dolor de cabeza- Dijo Ira, pero sin tener paciencia cuando se trata de sonidos fuertes, llegó a su límite y con un rápido movimiento su mano se dirigió a la garganta del ángel arrancándole por completo las cuerdas vocales, provocando el silencio, así como el desangramiento del mismo.
-Supongo que así se mantendrá callado- Dijo Paimon mientras arrastraba el cuerpo del ángel hacia una pared donde se encontraba el cuadro de un perro n***o de siete cabezas y cola de serpiente, coloco una pequeña gota de sangre de quien sería torturado y la pared comenzó a desarmarse, construyendo una puerta que estaba conectada directamente a unas escaleras que los conducía a las profundidades del castillo, en ese lugar se encontraba la cámara de tortura de Ira, Paimon bajó con el cuerpo, no antes de voltearse y mirara a Astrid para decirle una ultima cosa.
-Astrid, tenemos que hacer algo importante, así que será mejor que descanses en tu habitación y mañana te diremos la información que conseguimos- Dijo Paimon mientras bajaba hacia la cámara de tortura
-Él tiene razón con todo esto olvidé decirte que mañana será un día importante, tu asistirás a la academia de Élite de Dios, también encontrarás al descendiente de Caín en tu estadía en ese lugar, así que descansa, que será un largo día en el plano terrenal- Ira bajo y la pared se cerró por completo.
Astrid se dirigió a su cuarto donde comenzó a organizar todas sus cosas, entre ellas todos los artefactos que recolectó en su viaje, se recostó en su cama y solo se dejó llevar por todos sus pensamientos.
Mientras Astrid se sumergía en sus pensamientos el cansancio y más tarde el sueño comenzaron a invadirla, no veía la hora de dormir, no sin antes darse un baño para apaciguar su cuerpo del caluroso y doloroso desierto por el que paso dos años enfrentando innumerables peligros.