Capítulo 7

3015 Palabras
Capítulo 7   El príncipe lo logró, no me echaron del palacio, aunque estoy segura de que la reina lo estaba deseando. No obstante, me tuve que mudar de casa de huéspedes, a la más pequeña, y solo me han asignado a una empleada de la limpieza llamada Margarita, es una joven muy agradable y apenas tiene dieciocho. Y la verdad, no me importa, he podido hablar más con Margarita en un solo día de lo que he podido hablar con mi madre y mi hermana, quienes no me quieren dirigir la palabra desde el día sábado. Pasé todo el domingo encerrada en mi casa, porque tengo prohibido el entrar en el palacio, así que Margarita tuvo que ir a buscar el almuerzo para ella y para mí. En la noche me vinieron a visitar los chicos, lo cual ha generado temas de conversación, por lo que Margarita me chismea, pues no hay nada más indecoroso que una chica en una casa a solas con tres hombres ¡Qué escandalo! Y que se note todo mi sarcasmo. Por otra parte, no vi al príncipe en lo que restó del día ni en todo el domingo. Nuestra conversación acabó de forma muy extraña, espero que eso no cause mayor problema, no más de los que ya tengo. Y en verdad espero que Alexander no esté enojado conmigo después de que le pidiera que intentase enamorarse de mi hermana. En nuestra última conversación, abrió su corazón ante mí, revelando que es una persona que se siente muy frustrada con la vida. Jamás me había puesto a pensar en lo difícil que debía de ser el ser parte de la realeza, jamás me imaginé que había cientos de restricciones, como esa tontería de los deportes de invierno o que no pueda elegir ni sus sábanas.  Él realmente quiere ser rey, pero le está matando la cordura el no poder tener voz ni voto en su vida, y el asunto del matrimonio ha sido la gota que le derramó la paciencia.   - Señorita Eve… - me giro a ver a Margarita – Los jóvenes universitarios la esperan…   - Claro… - salgo a la sala, los tres amigos del príncipe esperan de pie en medio de la habitación – Caballeros…   - Bella dama Saluda Ulrich, comienzo a reír.   - Hemos venido en tu rescate Habla Eleazar.   - Así que ponte el bikini y vámonos Ordena Mohamed.   - Eh…   - Te prohibieron entrar en el palacio, el edificio – señala Ulrich con una sonrisa pícara – No dijeron nada acerca de usar los terrenos para tu disfrute   - Buen punto…   - Entonces vamos Eleazar sonríe, asiento con la cabeza.   - Denme un segundo Camino hacia la habitación.   - Déjeme ayudarla, señorita Margarita corre detrás de mí.   - Sé que metí mi bikini en una de las maletas, no creo haberlo olvidado con mi madre y mi hermana   - Aquí está señorita Margarita saca las dos piezas moradas de mi traje de baño.   - Gracias Margarita – le doy un abrazo – Ojalá pudieras venir con nosotros, trabajas como mula   - Gracias por sus deseos, señorita…   - Ayúdame con esta cosa   - Sí Termino de colocarme mi traje de baño y me coloco el vestido encima de este. Salgo de nuevo a la sala, tomando un par de gafas de sol y mi bolso. Los chicos en la sala se me quedan viendo, Ulrich me tiende el brazo y juntos salimos de la casa de huéspedes. No he salido de estas paredes desde el incidente del sábado, así que se siente bien el poder recibir algo de luz solar después de un día de aislamiento. Diviso el lago a lo lejos, mi madre y la reina están en la terraza con abanicos y sombreros, mi hermana está recostada en una tumbona, con un sombrero sobre la cabeza y un libro entre las manos. A su lado está el príncipe, con gafas de sol cubriéndole los ojos cafés, sentado en otra tumbona, mirando fijamente al lago con las manos juntas. Tiene la expresión de alguien sumido en sus pensamientos ¿Qué cruzará por su mente? Quisiera poder leerle la mente para saber qué hacer, pero no poseo tal habilidad. Nos acercamos a la futura pareja, al instante capto la mirada de mi madre. Respiro hondo, no voy a dejarme intimidar esta vez, pero tampoco planeo volver a enfrentarme a nadie ni cometer una locura. Lo mejor será mantener un perfil bajo, no hacer ninguna otra estupidez y llevar la fiesta en paz. Lograré mis propósitos si me mantengo en este lugar, porque no me quedaré de brazos cruzados, tengo que lograr que el príncipe ame a Anastasia o desista de casarse con ella. Porque no podré vivir en un mundo donde mi hermana es infeliz.   - Eve… Mi hermana me sonríe, el príncipe se gira a verme.   - No puedo entrar al palacio, pero nadie dijo nada acerca del lago Me encojo de hombros, mi hermana suelta una risita.   - Es bueno volver a verle, Eve El príncipe se quita las gafas, sus ojos se ven tristes.   - Lo mismo digo Sonrío, dejando mis cosas en otra de las tumbonas.   - Vamos bella dama – pide Ulrich – Estamos aquí para nadar, no para conversar   - A que te gano en una carrera   - Uh… ¿Y qué ganaré de premio?   - Te prepararé un pastel Sonrío, el castaño me devuelve el gesto.  - Vale, acepto la apuesta Estrechamos manos.   - Yo me quedo, no pienso entrar en ese pozo séptico Mohamed se recuesta en la tumbona, cubriéndose el rostro con su sombrero.   - Yo fungiré de árbitro, no sé nadar Ríe Eleazar.   - Bien – tomo los bordes de mi vestido y me lo quito, los ojos de todos los presentes se posan sobre los míos, incluyendo los de mi madre y la reina – Vamos… - sonrío, dejando caer mi vestido al suelo y caminando hacia el pequeño muelle – Yo te diré después qué es lo que quiero si te gano… Y diciendo esto, me lanzo del muelle hacia el agua. Emerjo en la superficie, lanzando mi cabello hacia atrás y mirando a los presentes. Ulrich sonríe con picardía, Eleazar alza los pulgares, mi hermana sonríe y el príncipe me mira. Él solo me mira, sin expresión alguna en el rostro, solo me mira. Nado hacia uno de los extremos del lago y le hago señas a Ulrich para que ingrese al lugar, él solo asiente, entrando en el agua y nadando hacia mí.   - ¿Lo haces a propósito? ¿Verdad? Pregunta, le miro sin entender.   - ¿Ah?   - Sabes bien lo que haces – me mira – Y te apoyo, cuenta con ello   - No entiendo a lo que…   - ¡Competidores! – comienza Eleazar - ¡¿Preparados?!   - ¿Listo para perder? Le pregunto al Cataño, este solo ríe.   - ¡¿Listos?! – fijo mi mirada en el otro extremo del lago - ¡Ya! Comienzo a nadar, moviendo las piernas y los brazos de forma rítmica. Amo nadar tanto como amo la equitación. Amo los deportes, obviamente amo unos más que otros. Detesto los deportes en los que tenga que correr, no obstante, amo verlos en la televisión, como el fútbol americano o el baseball. La equitación y la arquería son mis favoritos, también el esquí. Amo jugar tenis, mi casa tiene una cancha de tenis. Pero las piscinas tienen un cierto atractivo magnético para mí. Veo la orilla opuesta cada vez más cerca, pataleo con más fuerza… mi barbilla choca con el fondo marino… gané…   - Maldición… - me giro a ver al castaño, recostándome en la arena alrededor del lago – Está bien, tú ganas   - ¡Ja! – me río, levantándome del suelo y exprimiendo mi cabello, captando al instante los ojos del príncipe - ¿Jugamos a algo? – propongo, caminando hacia las tumbonas – ¿Traes una pelota inflable?   - Claro, ya voy por ella Eleazar se va corriendo.   - ¿Quieres jugar con nosotros? Pregunto, el príncipe no deja de mirarme. Tomo una toalla que me ofrece uno de los empleados y en cubro mi cuerpo con esta, de pronto me siento incómoda. El príncipe se gira a ver el lago y sonríe, el dolor de estómago regresa a mí en forma de un cosquilleo. Respiro hondo, mirando a mi hermana, quien mira al príncipe con atención, como si estuviese a la espera de algo, quizá una palabra o una mirada.   - ¿Quiere venir con nosotros, señorita?   - Claro que sí, su alteza… Sonríe ampliamente. El príncipe se levanta, tendiéndole el brazo a mi hermana. Ella lo toma gustosa y juntos caminan hacia las gradas hacia el lago. Me giro a verles, ese cosquilleo en el abdomen no me abandona y quisiera dejar de sentirlo. Camino hacia el pequeño mueble y vuelvo a lanzarme, quizá un chapuzón haga que me calme.   - ¡Ya llegué! Eleazar aparece con una muy colorida pelota inflable.   - Dividámonos en equipos Pide Ulrich.   - Sí Comienzo a nadar hacia el castaño.   - También traje un silbato Eleazar muestra el objeto colgante de su cuello, haciéndolo sonar.   - Quien llegue a los veinte puntos gana   - ¿Qué ganaremos nosotros si ganamos? Pregunta Ulrich, sonrío.   - Agradecería que abrieran el campo de tiro – contesto – Quiero practicar, hace mucho que no lanzo una flecha   - Oh… yo soy pésima en eso Ríe mi hermana.   - Está bien – contesta el príncipe, capto su mirada – Yo les diré lo que quiero si es que ganamos   - Eso no pasará – ríe Ulrich – La tengo a ella y se nota que es atlética   - Eve, por supuesto – secunda mi hermana – Siempre está haciendo algo de esto o aquello, últimamente… esconderse en las copas de los árboles se convirtió en su deporte favorito   - Campeona de trepar árboles entre mis hermanos Alzo la mano.   - ¿Ya están listos? – pregunta Eleazar, soplando al silbato - ¡Comienza el partido!   - ¡Eve! Grita Ulrich, golpeo la pelota.   - ¡Es mía! Mi hermana se estira para golpear la pelota.   - ¡Tuya! Le grito al castaño.   - ¡Ah! Exclama el príncipe.   - ¡Punto! – grito a todo pulmón, chocando palmas con Ulrich - ¡Baile de la victoria!   - Apenas van un punto Mi hermana frunce el entrecejo.   - ¡Tú!   - ¡Es mía!   - ¡Tira!   - ¡Sí!   - ¡No!   - ¡Fuera! – Eleazar hace sonar su silbato – Punto para la pareja real   - Yo voy por la pelota Dice el príncipe.   - No, voy yo Comienzo a nadar hacia la pelota, sin embargo, ambos cogemos la pelota al mismo tiempo. Miro al príncipe, sus ojos cafés brillan como siempre, ya no se ven tristes como hace una hora. Mi corazón se acelera y el estómago se me encoge, un irrefrenable deseo de huir se apodera de mí y siento las mejillas arder. El príncipe me vuelve a dedicar una de sus sonrisas ligeras, aparto la mirada al instante, nado lejos del joven rubio. Trago saliva, tengo una horrible sensación en el estómago, un fastidioso cosquilleo y quisiera huir lo más pronto posible de este lugar. El príncipe regresa a nosotros con la pelota en brazos y el juego es retomado. Él y mi hermana anotan otro punto, pero no lo celebran, no hacen ningún gesto, él solo me mira con esa sonrisa en los labios. Anotamos un punto, Ulrich y yo lo celebramos de forma escandalosa, con él tomándome de la cintura y haciéndome girar y reír. Nuevamente capto la mirada del príncipe y su sonrisa, esta vez no puedo contenerme y le sonrío de vuelta. El partido termina, nosotros perdemos y ellos ganan, sin embargo, no nos dicen qué quieren de premio. La hora del almuerzo llega y yo regreso a la casa de huéspedes. Me doy una larga ducha y me siento a almorzar con Margarita. No obstante, apenas y soy capaz de probar un bocado, siento mi estómago revuelto. La mañana ha sido perfecta, pero definitivamente ha sido coronado por esos ojos cafés brillantes y esa sonrisa ligera. La noche llega, tengo mi habitual picnic al lado del lago con los chicos y el príncipe. Donde nuevamente puedo deleitarme con esa mirada que no me deja en paz. Quisiera que él mirara a Anastasia de la forma en la que suele mirarme, con cierto afecto. El príncipe me considera su amiga, una genuina amiga. Quisiera que él pudiera ver en Anastasia a alguien igual a mí, pero este viaje me está demostrando que ella y yo somos muy distintas. Amo a mi hermana, pero debería de relajarse un poco más al lado del príncipe o él seguirá viéndola como la persona insulsa que es. Alexander no quiere a una fan enamorada, quiere a una compañera, alguien que le pueda entender, no alguien que solo lo alabe. Además, debe de ser alguien que comparta con él, sus gustos y aversiones, y Anastasia no hace nada para demostrarlo. Quizá en otro escenario más favorable para ella, pueda hacerlo, porque Anastasia tiene todas las cualidades para convertirse en una reina. Mi teléfono comienza a sonar. Parpadeo varias veces, enderezándome y estirándome, soltando un sonoro bostezo. Tomo mi teléfono, son las tres de la mañana, alguien con poco sentido común me acaba de mandar un mensaje. Abro el mensaje, la respiración se me entrecorta y la recupero en menos de un segundo. Quito las sábanas de encima y tomo mi bata, corro fuera de mi habitación y cruzo la estancia de la pequeña casa de huéspedes. Abro la puerta…   - Hola Saluda, sonriente, recostado contra la pared.   - Hola… Mi corazón comienza a latir a toda velocidad.   - Lamento si la desperté – niego con la cabeza, saliendo de la casa de huéspedes – Pero, necesitaba hablar y… - comenzamos a caminar – Dado que gané una apuesta, quería cobrárselo   - ¿A sí? – le miro, él asiente - ¿De qué forma?   - Con su compañía – contesta, le miro horrorizada, él comienza a reír – Quiero que me acompañe a caminar, esta noche, por el rato que deseemos   - ¿Por qué?   - Porque siento que con usted puedo hablar de cualquier tema – contesta, ofreciéndome su brazo – Incluso de los que me acongojan   - ¿No cree que eso debería de pedírselo a mi hermana? Nos detenemos.   - Su hermana no es usted Le suelto, alejándome un par de pasos de él.   - Pero es a ella a quien deberías de acudir, no a mí… Bajo la mirada.   - No entiendo… - el príncipe se me acerca – Usted no quiere que me case con su hermana, pero al mismo tiempo, intenta por todos los medios que la vea de una forma distinta…   - No quiero que la casen con usted porque sé que usted no la ama y dudo mucho que pueda llegar a amarla en tan poco tiempo – le miro, está parado muy cerca de mí, su rostro brilla con la luz de la luna – Pero no puedo hacer nada para evitar que eso suceda – él no aparta la mirada, mi corazón late desembocado – Solo pedirle que lo intente   - Ya te dije que eso es imposible, ella no me interesa   - Pues trate de que le interese   - No puedo   - Ella es la chica perfecta para usted, sé que con el tiempo la podrá llegar a querer   - No, no quiero hacerlo – frunce el entrecejo – No puedes pedir eso, me estarías condenando a algo que no quiero hacer   - Pero debe de hacerlo   - No… no lo haré…   - Alex… - aparta la mirada – Por favor, ella te ama… lo sé… lo veo en sus ojos…   - ¿Y qué ves en los míos? Sus ojos se ven apagados, sombríos, sin vida.   - Sé que no quieres hacerlo, pero vas a tener que hacerlo, para que te conviertas en rey   - No lo haré, no con ella   - ¿Por qué no? – esto es desesperante, me siento como en melodrama de época – Ella es perfecta   - No para mí   - Es el sueño de cualquier hombre   - No me interesa   - Ella es inteligente, dulce, bella, amable y educada – comienzo a enumerar – Ella es todo lo que se espera de una consorte, ella es…   - ¡Ella no es usted…! - me quedo callada – Ella no es usted…   - Alexander… Mi voz sale en un susurro, mi corazón se detiene y mi estómago se revuelve de nuevo.   - Eve… por favor… no me pidas que intente enamorarme de su hermana, porque no lo está logrando – no puedo apartar la mirada de los ojos del príncipe – Por favor… - acaricia mi rostro – Eve… quiero que…   - Solo te puedo ofrecer mi amistad… Bajo la mirada, sintiendo un pinchazo en el pecho.   - Eve…   - Mi hermana está muy ilusionada con convertirse en su esposa – le miro, siento los ojos escocer – Y yo no romperé esa ilusión, así que deshágase de cualquier idea que cruce por su cabeza, porque lo único que le daré será mi amistad incondicional y un cofre donde guardar sus inquietudes… pero no dañaré a mi hermana   - Aunque usted también sienta la estática…   - No siento ninguna estática – sé a lo que se refiere – No siento nada – las náuseas regresan – Y lamento si le di otra impresión… - el deseo de llorar se apodera de mí – Pero solo le puedo dar mi amistad y, si me disculpa, es muy tarde y deseo dormir – hago una reverencia – Su alteza…
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR