Hurgando

1119 Palabras

Ya que, al igual que él, no estaba dispuesta a dejar que nadie se metiera en medio. Ya tampoco serían las mismas. Se reía, puesto que una vez casados no había vuelta atrás: Ares no podía observar ni tocar a otra mujer que no fuera ella, y de eso se aseguraría cada segundo de su jodida vida. Era simple: si Ares quería jugar, jugarían los dos. Con esa decisión llegó a la puerta del hospital. La primera impresión de todos al verla fue de asombro; no había nadie en el lugar que quisiera quitarle los ojos de encima. Con cada paso que daba transmitía una seguridad que aterraba a cualquiera que se cruzara en su camino. Cuando llegó a la recepción, dijo con voz firme lo que todos esperaban escuchar: —Hola, buenas tardes. Soy la señora Nicolau. Hoy vengo a buscar a mi esposo. ¿Me podría indicar

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