La cara de Ares era de puro terror. Nunca en su vida lo habían sorprendido en una situación similar, ya que estaba soltero desde hacía mucho tiempo. Su mirada estaba fija en su esposa, como si no pudiera creer lo que veía. Esa no era la mujer que había dejado esa mañana al salir del juzgado. ¿Qué había pasado con su esposa? ¿La habían raptado y enviado a una mujer diferente? Porque la que tenía enfrente no podía ignorarse: era una que robaba la cordura con solo observarla. Ella se dirigió hacia él con una actitud de suficiencia que encendió todas sus alarmas, así que reaccionó rápidamente. Alexa —Jazmín, como todos la conocían en el hospital— se cruzó de brazos y se preparó para la contienda. Agnes, en cambio, estaba feliz con la reacción que había conseguido, pero eso no borraba lo que

