Con la otra mano, Ares tomó con fuerza el cuello de su esposa y unió sus labios a los de ella. Estaba molesto y profundamente ofendido por las palabras que Agnes había pronunciado. ¿Cómo era posible que esa mujercita se atreviera a decir que nunca se fijaría en él? La situación había cambiado: ahora eran marido y mujer. Por esa razón, se juró que la haría tragarse cada maldita palabra. Y para lograrlo, debía empezar a actuar como su esposo. Decidió no besarla de forma fuerte y fogosa, como lo haría con cualquiera, sino de manera lenta, profunda y sensual. Aquello tomó a Agnes por sorpresa. Al principio pensó que era solo una reacción natural de él, una forma de demostrar su punto. Pero cuando la intensidad del beso la envolvió por completo, todo pensamiento razonable abandonó su mente, d

