El cielo después de una noche de tormenta siempre era el más hermoso y limpio, de una belleza suprema y extraordinaria que era digna de plasmar en un lienzo, el celeste que se coloreaba de blancas nubes era francamente algo que le había gustado admirar siempre, Alice Wright era una mujer con un alma sensible, pero también, era una persona firme que no daba un solo paso atrás para lograr sus sueños, hacía poco más de un año se había casado con Henry Pines, su primer y único novio al que conoció en el secundario, fruto de ese amor, había nacido su adorado y hermoso hijo Dante, apenas un bebé de algunos meses, era el tercer semestre en la universidad y a grandes tropezones había llegado hasta allí, Henry no era un gran esposo, nunca lograba conseguir un buen trabajo, y cualquiera que fuese el

