El aroma de un buen café por las mañanas lograba reconfortarla, la noche anterior había sido larga, se había desvelado para un importante examen, sus ojeras eran visibles, estaba exhausta, apenas y si había podido estudiar, mantener dos empleos y una carrera al tiempo que en sus ratos libres atendía su hogar, era una labor demasiado agotadora y sacrificada, sin embargo, Alice Wright no era una mujer que se diera fácilmente por vencida, encendiendo el televisor, de nuevo miraba el noticiero matutino, de nuevo las noticas sobre Figlio y La Sacra Spina estaban en los titulares, negando en silencio, Alice cambio de canal para escuchar un poco de música en lo que terminaba de desayunar y vestirse para la escuela, mirando con cariño aquellos libros que Zeus Dogaru le había obsequiado, pensó en l

