Se vistió como de costumbre, se fue al trabajo con su chofer, llevándose todo el papeleo que se había llevado a casa. Ya listo. Misma hora, misma rutina. Se hacía a la idea de que tenía que seguir sintiéndose bien como era, como estaba, ya que los cambios externos sólo habían alterado todo de él, para al final dejarlo destrozado. Miró con determinación el pasillo cuando el ascensor se abrió, caminó sin prisa, deteniéndose a observar lo que había a su alrededor, varias personas le dieron los buenos días y él respondió. Cuando llegó a su oficina, Isa lo esperaba de pie junto a la puerta. La veía tan radiante como siempre, cada cosa de ella. - Buenos días, Isa. - la saludó al llegar, deteniéndose a su lado para abrir la puerta. - Buenos días. - entró después de él. Se quitó la chaquet

