Elizabeth P.O.V. Andras no me había dirigido mucho la palabra en lo que llevaba de día, se encontraba más calmado que de costumbre, aunque en su expresión había algo, algo que podía reconocer, algo le preocupaba y mucho, o cuanto menos, estaba confundido por algo, recuerdo creer que tal vez esto se debía a que estaba jugando sudoku de nuevo… maldito juego del infierno. Me acerqué con los contratos hasta su escritorio y los dejé a un lado de su PC, parecía estar bastante centrado en lo suyo, sin prestarle atención a mucho más, ni siquiera me miró … solo estaba allí siendo... pues… el. Eran más de las dos de la tarde así que salí de su despacho en silencio solo para buscar el café de la tarde, parecía necesitar algo dulce, me daba pena que no haya podido estar tan tranquilo, como dije, pa

