Andras. Traté en lo posible de guardar el mayor silencio posible, callarme, aguantar lo más posible mientras sentía como la sangre hierve bajo mi piel, cada palabra me hace sentir más impotente una tras otra, una y otra vez cada vez peores, cada vez más duras, como siempre, valía la pena soportarlo con tal de no romper mis promesas, pero ¿era tan malo romper una aunque no hayan testigos?. Realmente no lo sabía, solo sabía que mi corazón gritaba ahogándose en la rabia que corría por mis venas, odiaba sentirme así, odiaba ser así, odiaba escucharla, ¿Quién se creía?, ¿acaso se creía buena madre?, ¿Quién le dijo que ella era mi madre?, es solo un ser despreciable que me veía como un desperdicio de tiempo, durante treinta años me puso en las mismas una y otra vez, nada era suficientemente bue

