PRÓLOGO
La intensa luz ciega por un momento a Melissa. Se encuentra desconcertada. Todo da vueltas a su alrededor. Abre y cierra los ojos varias veces intentando enfocar su vista en algo, pero la luz le aturde.
—¡Doctor! ¡Doctor! —escucha gritar a una chica.
Ella no sabe qué ocurre, ni donde está. Todo se siente tan extraño. Su cuerpo está débil y su boca se siente reseca. Separa los labios intentando hablar, pero no puede. Un hombre con bata blanca aparece de golpe frente a ella. Su rostro luce algo agitado y asustado. Saca una pequeña linterna del bolsillo de la bata para alumbrar sus pupilas. La luz la lastima, pero poco a poco sus ojos se adaptan y comienza a ver mejor.
—Parece estar bien —exclama con sorpresa el médico tras hacerle un rápido chequeo.
Ha evaluado todos los signos vitales de la chica quien parece estar en buen estado físico. El personal del hospital está asombrado con lo que ocurre y poco a poco se van acumulando más personas curiosas en aquella pequeña habitación. Todos han escuchado la noticia, la mujer que llegó hacía meses atrás en un coma profundo, ha despertado. Por largo tiempo los médicos, enfermeras y todo el personal de la institución intentaron descubrir de quién se trataba y más importante aún, qué le había ocurrido, pero hasta ese momento sus esfuerzos habían sido infructuosos.
—¿Puede recordar su nombre? —preguntó el médico.
Melissa lo observó un poco aturdida. Todas las personas en la habitación esperaban en silencio aquella revelación. La chica se había convertido en el misterio más grande que había tenido aquel hospital y todos estaban ansiosos de descubrir finalmente la verdad.
—Agua.
Fue todo lo que alcanzó a decir la joven después de unos segundos de silencio. Se sentía muy mal, la garganta le ardía como si estuviese en llamas y los labios secos y partidos le dolían. Una enfermera se apresuró a acercarle un vaso con agua para que sorbiera con ayuda de un pitillo. Melissa ingirió un par de tragos y luego se recostó en la cama cerrando los ojos. El vital líquido le calmó el malestar que sentía, pero aún le aturdían las luces.
—¿En dónde estoy? —preguntó finalmente aún con los ojos cerrados.
—En el hospital privado Sagrado corazón de Jesús
—¿En dónde está eso?
—River glow
Melissa arrugó la cara con confusión ¿cómo había llegado hasta ahí? Estaba muy lejos de la ciudad donde ella vivía. De pronto unas imágenes aparecieron en su mente dándole la respuesta. Gerald, su esposo, la había arrojado a un río.
—Lleva en coma varios meses —continuó hablando el médico. Melissa permanecía con los ojos cerrados, pero escuchaba atenta sus palabras—. Llegó aquí malherida, tenía varias lesiones en la cabeza por lo que no sabíamos si despertaría. Intentamos ubicar a su familia, pero no pudimos identificarla ni lograr encontrar a alguien que la reconociera… ¿Puede recordar algo?
Sí recordaba, claro que recordaba muy bien todo lo que había ocurrido. Su querido esposo había intentado asesinarla, pero no lo había logrado. Ella estaba viva y más importante aún, quería vengarse. Se vengaría de él y de todos aquellos que quisieron sacarla del camino.
—¿Señorita? —interrogó el médico observándola.
Melissa abrió los ojos y miró a aquel hombre de pie frente a ella. Debía aprovechar la ventaja que tenía. Todos pensaban que ella había muerto, no la buscarían ni harían ningún intento por encontrarla, eso le permitiría armar muy bien su plan y llevar a cabo su venganza, pero para eso debía asumir una nueva identidad, debía dejar atrás a Melissa Hart, la esposa devota del magnate Gerald Hart, esa mujer había muerto, desde ahora había nacido una nueva mujer. Una que no se dejaría pisotear más por ningún hombre. Ya no sería la chica buena de la que todos se aprovechaban. Había renacido y estaba lista para cambiar las cosas.
—Lisa… mi nombre es Lisa Grimt —aseguró tranquilamente.
El hombre se apresuró a tomar nota.