Capítulo 1 Te extrañé tanto
Las estrellas tienen un final, pero mi existencia no parece conocerlo
Septiembre desprendía un aroma juvenil y se alzaba con un tenue calor aún latente de mes de agosto, dejando atrás las vacaciones de verano y comenzando un nuevo ciclo. Beatriz estaba por empezar en la universidad de la ciudad de Yaria, que le traía una oleada de recuerdo cuando solía correr por las calles de la misma de pequeña. Con un poco de nervios ella ingresó a la universidad, sus ojos se iluminaron al ver el lugar, era enorme, con edificios de piedra, cubiertos por la hiedra que trepaba por sus muros, daban un aspecto clásico de historia y solidez, como si el tiempo mismo hubiera dejado su huella en cada rincón. El aroma a tierra y hierba fresca mezclado con el aire cálido de septiembre llenaba sus pulmones mientras caminaba por los senderos de ladrillo.
A su alrededor, estudiantes se agrupaban en pequeñas charlas, algunos se apresuraban hacia los edificios de clases, mientras otros se sentaban en bancos dispersos, disfrutando del sol. En el centro, un gran jardín con árboles frondosos rodeaba una fuente de agua que producía un suave murmullo, creando un ambiente de calma en medio de la bulliciosa actividad universitaria.
-Me trae recuerdos... Cuando era pequeña vivía aquí -susurró para sí misma mientras cerraba los ojos e inhalaba a profundidad el olor del lugar.
Cuando Beatriz se disponía a seguir caminando, una voz familiar la hizo detenerse en seco. Se giró y vio un rostro familiar, de inmediatamente sus ojos brillaron de emoción.
- ¡Beatriz, eres tú!
- ¡Oh, Lorena, eres tú!
La luz del sol caía suavemente sobre el rostro de Lorena, destacando sus cabellos castaños y su brillante sonrisa como en los viejos tiempos, que confería aun la conexión entre ambas. Lorena era la amiga de la infancia de Beatriz, que al igual que ella había cambiado.
- ¡Lorena! -exclamó con alegría, acercándose a ella-. No puedo creerlo, cuánto tiempo ha pasado.
Ambas se abrazaron emocionadas.
- ¡Cuánto tiempo sin verte! -dijo Lorena con entusiasmo.
Repentinamente Lorena la miró de arriba abajo con una sonrisa cómplice.
-Vaya, Beatriz... te vez diferente. Ya no eres la misma niña revoltosa que recordaba.
Antes de que Beatriz pudiera responder, otra voz interrumpió la conversación.
-Beatriz... oh, Beatriz, realmente eres tú.
Beatriz se volteó y su corazón dio un vuelco al reconocer a Robe, su amigo de la infancia. Había crecido, y ahora era un muchacho muy bien parecido con una presencia imponente.
-Robe... tú también estás aquí -dijo, sintiendo una mezcla de sorpresa y nostalgia.
Él sonrió con incredulidad mientras la observaba detenidamente.
-Sí... pero wow, Beatriz. No solo has cambiado físicamente, sino que también pareces... diferente. Más calmada, más... -hizo una pausa buscando la palabra adecuada-. Más madura, incluso femenina.
Beatriz bajó la mirada con una leve sonrisa.
-Supongo que todos los hemos hecho con el tiempo.
Lorena soltó una carcajada mientras daba un golpecito en el brazo de Robe.
- ¡Robe! Después de tanto tiempo, ¿eso es lo primero que le dices a Beatriz? Claro que cambió. Nosotras, las mujeres, maduramos. ¡Los hombres no entienden porque siguen siendo inmaduros toda la vida!
- ¡Lorenaaaa! -protestó Robe, fingiendo indignación.
Beatriz rió suavemente, pero luego hizo una pequeña reverencia.
-Chicos, quiero disculparme. Sé que en el pasado fui complicada y un desastre. Ustedes fueron mis únicos amigos y me aceptaron tal como era. Les agradezco de todo corazón. Perdón si alguna vez les causé problemas o preocupaciones.
Lorena y Robe se quedaron en silencio por un instante, intercambiando miradas de sorpresa.
Finalmente, Lorena puso sus manos en los hombros de Beatriz con suavidad.
-No tienes que disculparte. Éramos niños, y los niños son así.
-Conmigo tampoco tienes que disculparte -añadió Robe-. A pesar de todo, seguimos siendo amigos.
Beatriz sintió un cálido alivio en su pecho y, sin pensarlo, los abrazó a ambos.
-Gracias... de verdad.
El ambiente se llenó de risas y recuerdos compartidos mientras caminaban juntos.
-Bueno, Robe, malas noticias para ti -dijo Lorena, divertida-. Beatriz y yo estamos en la misma carrera: Historia del Arte y Leyendas.
- ¿Historia? Uff, eso suena a dormir todo el día. Yo estoy en la facultad de deportes. Prefiero moverme que quedarme sentado leyendo libros polvorientos.
Lorena rió mientras le daba un codazo.
-Eso era de esperar. Nunca te gustó la historia
-Eso es verdad, la odiaba.
Beatriz se sintió reconfortada al ver a sus amigos reír como en los viejos tiempos.
- ¡Vamos chicos! La ceremonia de bienvenida comienza en veinte minutos.
- ¡Es cierto! No podemos llegar tarde el primer día -dijo Beatriz apresurando el paso.
❀·°·❀·°·❀
Más tarde, en el auditorio de la universidad.
Después de la ceremonia de bienvenida, Beatriz y Lorena encontraron su salón de clases. El espacio era amplio, con asientos escalonados y una gran pizarra digital al frente. Las luces cálidas y las ventanas altas que dejaban entrar la luz natural le daban un aire acogedor.
-Beatriz, este salón es enorme. Vamos a quedarnos en esta parte de arriba, desde aquí se ve todo perfectamente -dijo Lorena emocionada.
-Es cierto, es un lugar grande y espacioso -respondió Beatriz mientras tomaban asiento.
Lorena miró a su alrededor con una sonrisa traviesa.
-Oh, mira, mira, Beatriz... ¡hay muchachos muy bien parecidos aquí!
Beatriz se sonrojó y le dio un leve codazo.
- ¡Habla bajo, Lorena! Te van a oír.- susurró.
Lorena soltó una risa contenida, pero Beatriz ya no le prestaba atención y sintió un repentino peso en su corazón. Su mente había viajado a otro tiempo, a su infancia, en donde el tiempo en su mente aun no dejaba correr el recuerdo o estuviera detenido ahí aun, su pensamiento se encontraba en a una figura que había marcado profundamente su vida.
-Lo extraño... -pensó con melancolía-. Hace tantos años que no lo veo...
Un sentimiento inexplicable oprimía su pecho. ¿Qué habría sido de él? Mientras sus pensamientos la envolvían, una figura majestuosa apareció en la entrada del salón.
Era un hombre alto, de porte elegante. Su cabello rubio y dorado caía hasta rozar el inicio de su espalda. Sus ojos, de un azul intenso y misterioso. Llevaba un traje oscuro que resaltaba su imponente presencia.
-Buenos días, nuevos estudiantes. Soy su profesor de Literatura y Lenguas a partir de hoy -anunció con una voz firme y cautivadora.
El murmullo de los estudiantes cesó cuando él se detuvo en el centro del salón.
Beatriz levantó la mirada rápidamente, su corazón latiendo con fuerza. Frente a ella, en el escenario, se encontraba un hombre de presencia imponente.
- Esa voz... -Beatriz se congeló.
El hombre continuó hablando, pero Beatriz apenas podía escuchar sus palabras.
-No puede ser... -susurró incrédula.
-Mi nombre es Yhám -dijo finalmente.
El bullicio estalló de inmediato entre las estudiantes. Las chicas hablaban entre si emocionadas, claramente impresionadas por la apariencia del nuevo profesor.
- ¡Es él! -dijo Beatriz en voz baja, sin poder ocultar su asombro-. ¡Es mi profesor Yhám!
-Bienvenidos a esta nueva etapa. Espero que juntos podamos disfrutar el maravilloso mundo de las lenguas.
Su corazón latía con fuerza. Jamás habría imaginado reencontrarse con él de esta manera. Una mezcla de emociones la invadió: alegría, nerviosismo y algo más profundo que no podía nombrar.