A tan solo un par de minutos de haber mantenido sus ojos cerrados, Zacary decidió que ya era suficiente. Simplemente necesitaba “reajustar” su mente y sus pensamientos, arrojando todo lo que sucedió horas atrás en la celda de su hermana, a su caja de Pandora para así poder enfocarse en sus prioridades. Se volteó mirando a Isaías, el cual como había prometido estaba a su lado. Sus ojos cerrados dejaban ver esas largas pestañas que tenía, aquel rostro delicado con simétricos rasgos varoniles, se encontraba salpicado de una cantidad importante de lunares que, desde el punto de vista de Zacary, lucían encantadores. Incluso el resto que tenía a lo largo de su cuerpo, cubiertos algunos entre esos tatuajes, que eran obras de arte al lado de los suyos. No había dudas, y tampoco se podía nega

