Las clases de boxeo no estaban resultando como Santiago imaginó. Desde que inició en esa nueva actividad, comenzaron a dolerle músculos de su cuerpo que él ni siquiera conocía, y además sentía que la potencia de sus puños, no eran lo suficientemente fuertes. Quizás no había nacido para ser un golpeador, pensaba el joven mientras caminaba hasta su casa. Al llegar completamente molido, se dio cuenta que en el comedor, se encontraba Leonardo con su padre William, ambos tenían la mesa repleta de papeles. William parecía molesto, mientras que Leonardo se mostraba algo estresado, aunque eso no fue lo que a Santi le llamó la atención. El rubio vestía un atuendo informal, que consistía en unos vaqueros desgastados, agujereados en las rodillas, y una franela negra, su cabello rubio lo

