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Accidentalmente Casados

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Descripción

¿Quién diría que por casi arrollar al príncipe del reino, tendría que casarse con el? Una pregunta que retumbaba en la cabeza de la joven Alexa Davis, la misma noche que ocurrió el accidente, una simple enfermera novata que solo volvía a casa luego de una larga jornada de trabajo. Quizá si no se hubiera distraído con el alarmante sonido de su teléfono, jamás se hubiera topado con el engreído, mujeriego, patán, arrogante, insensible y caprichoso príncipe Tarvos Polaris, el cuál ahora le ordena casarse con él a cambio de no enviarla al exilio.

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Capitulo 1: El comienzo
Era una tarde lluviosa en la ciudad de Lunarians, capital de Polaris. Un reino antiguo al norte del continente Europeo. La suave lluvia rociaba las calles de la ciudad con el sol poniente, quizá en otras partes del mundo este clima sería molesto, pero en Polaris todos estaban adaptados a los extraños cambios constantes en el clima. En las afueras de la ciudad a un par de kilómetros subiendo la colina más alta en la que se ocultaba el sol, se encontraba el palacio real, una espléndida joya arquitectónica antigua, hecha de enormes ladrillos de piedra y concreto, dotada de torres, jardines, un patio de armas, cientos de alcobas, salones, escaleras, imponentes muros, ventanales y demás. Un lugar magnífico para vivir, repleto de lujos dignos de la realeza. En esa tarde de mediados de noviembre, estaba la familia real reunida en el despacho del rey, teniendo una pequeña discusión privada en la que dialogaban educadamente, a excepción del príncipe. —¡Madre, eso es totalmente absurdo! ¡Mira a tu alrededor, las cosas ya no son lo que eran antes!— Bramó el malcriado príncipe furioso. A pesar de ser un adulto de veinticuatro años, aún no había superado la etapa de hacer berrinches cada vez que las cosas no eran como el quería. —¡Tarvos Azul Altaír, no le hables así a tu madre! ¡Estamos cansados de todas tus faltas de respeto! ¡Con tus malos hábitos y grandes escándalos públicos no haces más que deshonrar a esta familia!— Le reprendió el Rey Deimos. —¡Tu eres un príncipe, tienes obligaciones con esta nación y con tu pueblo, tienes que dar el ejemplo!— Añadió su madre alzando aún más su voz. —¿Cómo esperas ser Rey algún día siendo tan inmaduro?— Cuestionó la princesa y hermana gemela de Tarvos. —¡Tu no te metas, Alhena!— Exigió el príncipe. —¡Sabes perfectamente que tengo la razón! ¡Eres mi hermano y me duele ver cómo estás en la boca de todo el reino! ¡Tus desastres públicos no le hacen más daño al reino que a ti! ¡Tu mismo estás arruinando tu vida!— Farfulló la princesa encarando al príncipe. —Esto ya no puede seguir así, tienes obligaciones con el reino y las vas a cumplir a como de lugar— Sentenció la reina Elara. —¿Y qué harán? ¿Piensan castigarme y enviarme a mi alcoba sin cenar? ¡Por favor!— Se quejó el príncipe con una amplia sonrisa sínica tatuada en su rostro. —¡Ja! Ya quisieras que fuera eso— Farfulló la princesa en tono burlón. —Por tu edad, ya debiste haber sido coronado como rey hace años, pero lamentablemente no has cumplido con el perfil necesario, lo cual es tu culpa— Explicó la reina. —Por lo tanto, tu madre y yo hemos decidido que antes del festival anual de navidad, deberás casarte con alguna de las jóvenes casaderas del reino— Sentenció el Rey. —¡¿Qué?!— Gritó el príncipe abriendo sus ojos como platos. —Se suponía que te casarías con alguna de las princesas de reinos aliados, pero… solo mira tu reputación, nadie quiere casar a su hija contigo— Reprochó la reina. —¡Eso jamás, no pueden obligarme a casarme! ¡Primero muerto y no casado!— Negó a gritos el malcriado príncipe. —Ya está arreglado, todas las jovencitas casaderas de la nobleza y la alta sociedad vendrán al baile de compromiso que organizamos, será en un par de días. Así que ve diciéndole adiós a tus días de casanova— Acotó la princesa cruzándose de brazos acompañando su postura con una amplia sonrisa divertida. —¡Creo que ya tuve suficiente de esto, me largo!— Farfulló el príncipe saliendo rápidamente del despacho real. —¡Tarvos, te exijo que vuelvas aquí ahora mismo!— Gritó el rey siguiéndolo. —¿A dónde vas?— Preguntó su madre. —¡No me esperen!— Respondió echando a correr con dirección a la salida. —¡Guardias, cierren todo el castillo ahora mismo!— Ordenó el rey, pero ya era demasiado tarde puesto que el príncipe acababa de atravesar la puerta principal. Tarvos bajó las escaleras principales y luego saltó la baranda de concreto de estas, cayendo de pie frente al cochero real. —¡Un auto ahora!— Exigió. —Pero, señor. El rey acaba de gritar que… —Entonces le dirás que te ataqué— Declaró el príncipe y después le propinó un fuerte puñetazo al cochero dejándolo inconsciente. Acto seguido, su alteza real subió a uno de los coches reales que estaba estacionado, lo encendió, pisó el acelerador haciendo que las llantas chirriaran sobre el pavimento del estacionamiento y luego el coche se puso en marcha, con el motor a todo dar. Hábilmente rodeo la enorme fuente rodeada de arbustos florales que adorna la entrada y siguió en línea recta, fue entonces que vio como los guardias comenzaban a cerrar las enormes rejas de la entrada, así que pisó el acelerador a fondo, el auto iba tan rápido que el motor zumbaba ferozmente y justo al llegar a las rejas, el auto se elevó por un momento y luego volvió a caer, dejándole tiempo suficiente para frenar y derrapar antes de salirse del camino y caer colina abajo. Al llegar a la ciudad, condujo directo a su club favorito, ya había anochecido, quizá no estaba abierto aún, pero tenían que dejarlo pasar si no querían tener graves problemas. El príncipe aparcó el auto al otro lado de la calle frente al club, bajo del vehículo e iba a cerrarlo con seguro, pero se detuvo porque su teléfono comenzó a sonar estruendosamente, lo sacó de su bolsillo, leyó la pantalla y al ver que era su madre solo lo lanzó dentro del auto y luego simplemente cerró la puerta con seguro sin ningún tipo de remordimiento. El castaño rodeó el auto y comenzó a cruzar la calle rápidamente, sin mirar antes de cruzar y fue entonces que un auto venía hacía el, pero la conductora iba distraída y cuando se dio cuenta y frenó el auto, ya era demasiado tarde. No lo había arroyado, pero si lo golpeó causando que el príncipe cayera de cara al suelo y quedará inconsciente. La joven chica que conducía era una enfermera recién graduada que apenas tenía un par de meses viviendo y trabajando en la ciudad. Su nombre era Alexa; esa noche ella acababa de salir de su primer turno de cuarenta y ocho horas en el hospital central de Lunarians y se encontraba totalmente exhausta, antes del accidente, la pobre chica estaba a punto de caerse por el sueño, pero entonces su teléfono comenzó a sonar y mientras intentaba apagarlo, se distrajo y entonces ocurrió el accidente, ese que cambiaría su vida por completo. De inmediato la chica salió del auto aterrorizada por lo sucedido, siendo víctima del pánico, no pudo evitar gritar al ver que de la frente del chico que acababa de golpear brotaba un hilo de sangre. Rápidamente hizo uso de sus habilidades médicas y se arrodilló junto al chico tratando de no moverlo, luego cubrió la herida con una mano mientras que con la otra revisó sus signos vitales descubriendo que estaba vivo. —¡Ayuda! ¡Que alguien pida una ambulancia por favor!— Gritó entre sollozos ahogados —¡Auxilio! ¡Alguien por favor ayúdeme!— añadió en tono de súplica.

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