Siento que las cosas se me ha salido de control y ya no podía remediar todo lo que había hecho y dicho esa tarde. Mi alma me dolía, el corazón y el pecho se me contraían, el remordimiento que sentía por haberle dicho tantas cosas que para mí errada concepción, era la realidad, la verdad que emanaba de mí y me di cuenta de que nunca debí abrir la boca y decir esas cosas, haberle dicho tantas verdades que realmente no eran ciertas, porque realmente la amaba. En esos tres días que ella se fue del apartamento, fueron la mayor agonía que tuve en mi vida, me sentía morir en vida y el aire se me hacía tóxico, ya no quería respirarlo, ya no quería vivir, ni comer, sólo quería morir, acabar con el sufrimiento que me cargaba en un estado de desolación. Entendí el hecho de que la soledad es uno de los sentimientos más horrorosos que puede sentir el ser humano, el sentirse solo en un mundo déspota y cruel era el castigo por el vivir y por el existir en este mundo.
Sólo quería devolver el tiempo y borrar o hacerla olvidar todo lo que había hecho y dicho, el remordimiento no me dejaba dormir por la noche, el sueño se había alejado de mí, junto a las ganas de seguir viviendo, lo que más quería era su perdón. Y muy bien sabía que no merecía tan increíble persona y aún así el destino en sus caprichos me la puso en el camino, quise hacer algo al respecto después de ese cagada por mi parte que la había hecho sufrir, quería ir hacia donde estuviera ella, abrazarla y decirle que realmente lo lamentaba y que no era mi intención perderla, el miedo que sentí esas tres noches, que se volvieron eternas, no quería volver a sentir esa sensación, prefería mil veces a morirme antes de que volviese a quedarme sin ella, sin su atención, su cariño o su afecto.