Mis manos sobre tu rostro

248 Palabras
Mis manos sobre tu rostro Capítulo XI     Cada día pensaba en ella, en poder abrazarla, me sentía solo, vacío y al mismo tiempo muerto en vida su ausencia me hacia un gran daño a mi corazón, un dolor tan inmenso agobiaba mi alma, de lo recóndito de mis entrañas, sentía que la extrañaba y que ella no estuviese me mataba lentamente. El hecho de que no estuviese a mi lado me carcomía el espíritu, era una fuerte sensación y  debía hacer algo al respecto, sabia que no debía renunciar a abandonar una batalla sin haber peleado,  comprendía que ella era el amor de mi vida y que no podía dejarla perder y que debía esforzarme y ser lo suficientemente capaz de poder intentar, aunque el intentarlo no me aseguraba que lograría estar de nuevo junto a ella, quería por lo menos marcharme derrotado pero no arrepentido, mi felicidad dependía de ella, de que estuviese a mi lado, el sentimiento que tenía hacia ella, ya no era simplemente amor sino que también me había acostumbrado a quererla y lo había tomado como una rutina de vida, el verla cada mañana, el despertarme, el besarla, abrazarla y decirle lo importante que era para mí. Me había acostumbrado a la rutina, aunque eso se volviese al final dañino para mí y para ella, el caer en la monotonía era bastante peligroso y sabía los riesgos que corría, pero aún así nos acostumbramos a eso al día a día en lo común.
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