— Hacia muchos años atrás mi madre me contaba de historias sobre la diosa Mistra y el poder que concebía la flor de zinnia, la diosa era la fiel guardiana de la flor para que esta no cállese en las manos equivocadas, y se decía que el que osaba de irrumpir en los aposentos de donde se encontrase la diosa y la mítica flor, seria pulverizado y jamás se volvería a saber de aquel desgraciado — cuenta el elfo Aragorm a lo que le decían de pequeño sus padres y dejando a todos los presentes muy extrañados e incrédulos a lo que el decía, en especial el hada Kalasi, que sólo lo observaba con desagrado. — Solo son leyendas y cuentos de niños, sabes que es así Aragorm — le responde queriendo convencer a la niña que no debía hacer ninguna estupidez. — Pueden decir o cree lo que quiera

