La niña llorando se quedó dormida, hasta que amaneció y esta se levantó, tenía demasiada hambre y no sabía que comer, camino por el bosque hasta encontrar un árbol frutal, la chica pensé estar soñando, ya que había recorrido cientos de veces ese bosque y no recuerda a ver visto aquel árbol, ni mucho menos en ese sitio que para ella le era familiar. Pero ella tenía mucha hambre y así que tomó una de las frutas que de aquel árbol brotaban. De pronto creyó oír un mormullo.
— eso es para solo las criaturas del bosque — escucha la pequeña.
Ella empezó a mirar a su alrededor para ver quien había dicho eso, pero no veía a nadie, se levantó…
— ¿Quién está allí? — pregunta la pequeña.
sin recibir respuesta alguna, esta siguió comiendo de aquella fruta, y otra vez oye algo.
— Dejad eso — otra vez se desconcierta la pequeña.
La niña se levanta otra vez y grita que saliese que estuviese allí. La pequeña empezó a sentirse mareada y mientras observaba la fruta, se fue desvaneciendo su mirada y cayo desmayada. Ya de noche la niña se despierta y junto a ella se hallaba un hombrecito de orejas puntiagudas, y la niña al verlo se exalta y da un grito.
— Calma pequeña — le dice aquel hombrecito, ella pregunta por lo que es aquella criatura.
— Soy Fingolfin, y soy un elfo — responde la criatura.
La pequeña se hayo conmocionada ante esto y pregunto si se hallaba soñando acaso.
— No, no lo estas, vamos ven y te ayudo llegar a casa — responde aquel elfo.
— No tengo casa, ni familia — dice la pequeña, con la voz casi quebrajada y mientras esta se le salían las lágrimas.
— Tranquila todo estará bien — le dice mientras se le acerca con cautela.
El elfo corre a llamar al consejo del bosque. El consejo se hallaba en pleno debate, y el elfo entra a interrumpir. El rey Malghor enojado lanza un candelabro que estaba a su lado, el pobre Fingolfin se asusta y dice que una pequeña se ha quedado sin familia, a esto Malghor replica y dice…
— Déjala morir entonces, sabes que las leyes prohíben ayudar a cualquier humano y si alguna criatura rompe esta regla, será desterrado — dice de manera tajante Malghor.
La niña se había acercado a donde estaban los consejeros y oía todo los que estos decían y veían como se consideraba su muerte como una opción.
La pequeña decidió irse de allí y empezó a correr por el bosque sin rumbo fijo, hasta toparse con una bella dama que alas de mariposas que se hallaba en recolecta de flores.
— ¿Adónde vas pequeña? — le pregunta de mara dulce esta criatura.
— Las criaturas del bosque me quieren asesinar — responde muy exaltada y asustado la pequeña.
Al oír esto la mujer de las alas le dice que ninguna criatura puede matar a un humano y menos intervenir en cualquier situación con los humanos, así que podía marcharse a casa que no pasara nada con ella.
— No tengo casa ni familia — dice la pequeña, mientras agacha la cara y llora.
Consternada la criatura a esto, le dice que había una pequeña choza en el bosque que se podía quedar allí, hasta que quisiera. Pero deberás estar oculta del rey para evitar problemas.
Cada mañana llegaban las hadas y le daban alimentos para sustentarse, y la pequeña salía y recorría el bosque sin tener contactos con las criaturas, y fue así como pasaron los días, después transcurrió los meses y con ellos los años, hasta ser conocida por todas las criaturas del bosque, y a escondidas del rey y de cualquier m*****o del consejo, mantenía contacto con casi todas las criaturas como elfos y hadas, aquellos seres mitológicos eran sus amigos, incluso a los puka eran sus amigos, también los árboles parlanchines, se sentaba a pie de estos a oír sus historias, y a todo lo que veían tras los años.
Fue así como transcurrió 8 años y la pequeña Diyarly ya no era tan pequeña y en ella resplandecía gran belleza, sus cabellos caían hasta su espalda baja, un aura de alegría se reflejaba en su delicado rostro, un vestido confeccionado por hadas del bosque que había decorado con flores y polvo de hada que le daba un brillo despampanante. Choza donde había estado viviendo todos esos años, la había reparado con ayuda de los elfos, Fingolfin y sus amigos Galumï y Aragorm, dejando está en perfecta condición para que viviese la chica, siempre y cuando no se enterase el rey.
Casi a punto de cumplir sus diecisiete, el rey fue a sí cabaña y le dijo que sabía que todas las criaturas del bosque la habían ayudado a sobrevivir, y que lo había permitido por solo benevolencia, pero no permitiría que nadie que no fuese criatura del bosque, osara de tener parte del bosque como suyo.
— Debes irte y no volver — le dice el rey a la joven.
Ella baja la cabeza y le dice que partirá al amanecer, antes de que las criaturas se diesen cuentan. El rey se fue y la chica se sentó a pensar a donde iría si no conocía a nadie ni ningún lugar donde ir, además no había visto uno de su propia especie en años, y aun temía a aquellos hombres que asesinaron a sus padres y posiblemente a su hermano, y pronto se acercaría el invierno, sería una muerte segura si se iba de allí. Así que busco ayuda de los elfos y estos le ofrecieron refugio, pero no por mucho porque el rey si se enteraba los iba a desterrar. En eso sentados en pie de un árbol parlanchín, Aragorm comenta que había una leyenda de que, si un humano lograba hallar el último c*****o de la flor de la zinnia, tendrá derecho a reclamar un puesto en el consejo, si esta renuncia a su pasado y a su vida por convertirse en un ser más de bosque. Fingolfin ve a Aragorm con desaprobación, diciendo que ese cuento era de los que contaba mamá para dormir, y que eso no era real. Este es interrumpido por el árbol parlanchín y el árbol dice que en varios siglos que tenía allí plantado, oyó contar de que otro árbol que ya había sido derribado hace muchos años atrás, que un hombre lo intento y que logró hallarlo, pero no pudo tan siquiera tocarlo, ya que una criatura de la cual no se sabe cuál era, se dice que pudo ser el mensajero del diablo, pero casi lo logra, y que si era real aquella historia. Pero le pedio a la pequeña Diyarly que no hiciese nada de lo creyera, que no valía la pena.
El elfo Aragorm dice que según la leyenda este c*****o yacía en la caverna después del gran lago protegido por los kelpis, que sería imposible llegar a él, y menos sin un caballo de madera que surcase el lago. La joven Diyarly sólo oía atentamente lo que estos decían. Y hablando se les hizo ya las altas hora de la noche y se fueron al refugio de los elfos, todos se durmieron y se hizo la mañana y no se encontraba la joven y Fingolfin despierta a Aragorm y le pregunta por la chica y este dice que estaba dormido y no sabía a donde allá ido, ambos se miran…
— El c*****o — dicen al mismo tiempo los elfos
Se levantaron de inmediato y corren hacia el árbol parlanchín para preguntarle si sabía algo de la chica y este les dice que no ha visto. Corren y van a donde las hadas y allí se hallaba la hermosa Kalasi, aquella que alguna vez le ayudó y le sirvió de cuidadora, al decirle que Diyarly estaba perdida, esta se dirigió de inmediato al rey y le pregunto por la chica.
— Le ordene que se fuese del bosque —dice sin ningún rasgo de vergüenza el rey.
Fue la respuesta del rey y era inamovible.
— Ella no pertenece acá — continúa diciendo el rey.
Enojada Kalasi sale de la presencia de Malghor y va hacia donde los elfos y les pregunto de donde fue la última vez que la vieron.
— Estaba con nosotros refugiada del rey, ella no quería irse y que lo último que se le dijo era de una vieja leyenda — dice de manera despistada Aragorm. Fingolfin golpea a Aragorm diciéndole que no debe hablar de eso,
— ¿Qué leyenda es esa? — pregunta Kalasi.
— La del c*****o de la flor de zinnia — responde Fingolfin de manera temblorosa.
Al oír esto la hada Kalasi parte en ayuda de la joven Diyarly, y pasa la voz de la desaparición de la pequeña Diyarly por el bosque, los árboles lograban pasar información gracias el viento que soplaba de las regiones del este y era como un silbido que solo los árboles parlanchines lograba oír, y comunicaban a las hadas si la veían. Pero era inútil ningún ser ni criatura del bosque la veía o había visto esa mañana, así que se pensaba lo peor, así que llena de valor la hada Kalasi emprende el riesgo de hablar con el domador de los kelpis, un sujeto extraño que había logrado conectar con tan peligrosas criaturas, este siempre andaba desaliñado y solo se veía de noche merodear el bosque mientras llevaba una pequeña campanita con la cual solicita el llamada de los kelpis. La hada sabía dónde encontrarlo hacia que llega a la cueva ubicada en las casi afueras del bosque donde las criaturas temían ir, y fue donde le hallo.
— Amo de los kelpis, ¿Dónde está?, déjame verte — valientemente dice la hada.
— Que quieres pequeña — responde el sujeto mientras sale de entre la oscuridad de esa tenebrosa cueva.
— ¿Dónde está la pequeña humana? — pregunta la hada Kalasi.
— ¡¿Humana?! — muy sorprendido pregunta el sujeto.
— Si, una pequeña llamada Diyarly. — dice tajante la hada.
— No he visto ninguna humana — responde el sujeto mientras se da la vuelta.
— Dile a tus criaturas que no le hagan daño — le pide Kalasi.
— Si los kelpis la hubiesen encontraron ya se sabría donde estaría, sabes que son todo menos sutiles. — dice de manera burlesca el sujeto.
— Llámalos y dile que no le hagan daño — le implora la hada al sujeto.
El sujeto toca su campana dos veces y un kelpis aparece mientras gruñe e intenta decir algo pero no poseían la capacidad de hablar, aunque el sujeto lograba comprender, este le pregunta si han visto a una humana y el kelpis se pone furioso y empieza a arrojar piedras a las paredes de la cueva, el sujeto toca la campana una vez más y este se calma y le dice que deben considerar no hacerlo daño a la humana o si no tocara la campana 3 veces. La hada no comprendía mucho lo que estaba sucediendo pero espera la respuesta.
— No le harán daño a la humana — le dice el sujeto mientras se aleja.
— ¿Cómo sabes que no le harán daño? Son criaturas incontrolables — le dice la hada alzando la voz.
— Confórmate con saber que los kelpis no la dañaran — dice el sujeto y al mismo tiempo se desaparece entre la oscuridad de la cueva.
— ¡Respóndeme sujeto! — grita la hada sin recibir respuesta.
El hada se va y busca nueva respuesta de los árboles y estos dice que nada se ha oído o visto por el viento del occidente. El hada cree que la pequeña ha vuelto a su choza, así que le dice al elfo Fingolfin que le acompañase a la choza de donde provenía la pequeña, y van hasta las afueras del bosque donde el hada no puede volar y sus alas le son completamente inútil, así que va en el hombro de Fingolfin, y al llegar hallan todo reducido cenizas y lo único que seguía en pie era las estructuras de la casa ya que estas eran de arena y arcilla y entran a la casa y hallan a la pequeña de rodillas entre las cenizas y llorando desconsolada.
— Pequeña ¿Por qué vuelves acá? — le pregunta el hada a la pequeña, y se acerca a ella y se recuesta a ella abrazándola.
— Debemos irnos de acá, este lugar parece que pronto se vendrá abajo lo que queda — dice asustado Fingolfin.
— Ayúdame a levantarla — le pide Kalasi al elfo.
— Es demasiada grande, no podemos con ella — dice el elfo.
El hada convence a la pequeña que se levante y venga con ellos al bosque, la pequeña se levanta y ve que su vestido se ha manchado del carbón de las cenizas.
— El vestido que me hizo mamá, esta sucio debo lavarlo — mientras se seca las lagrimas dice la pequeña.
— Vamos al arroyo, allí podrán lavarlo las hadas — dice Fingolfin apresurado en convencer a la pequeña de irse.
— Ese vestido ya esta roto y no sirve — replica Kalasi.
— ¡no este es el vestido que me dio mamá y me lo quedaré! — exclama con prepotente la pequeña Diyarly.
— Las hadas te harán uno nuevo y muy hermoso — dice Kalasi, a lo que van caminado rumbo al bosque
— Si, la hadas son grandes confeccionadoras, ellas misma hacen sus hermoso vestidos — dice Fingolfin.
— No quiero uno nuevo o uno más bonito solo quiero… quiero a mi mamá de vuelta — responde la pequeña y se quiebra a llorar nuevamente, cayendo al piso desconsolada.
— Vamos pequeña debemos ir al bosque, acá no estamos seguros — le vuelve a decir el elfo nervioso.
La pequeña se levanta y camina mientras seca sus lágrimas, y tropezando en el intento. La hada al entrar al bosque ya podía volar así tomo a la pequeña por el hombro y ya podía dominarla y no dejarla caer. Fue así hasta llevarla a la cabaña abandonada donde vivían las hadas y la dejo ahí, y esta solo se dejó caer al suelo y a llorar, estaba tan rota, sus padres y hermano ya no estaban, la vida la obligaba a ser fuerte, levantarse y seguir era dura la situación y no podían hacer nada al respecto ni los elfos ni las hadas, no podrían traerle de nuevo a sus padres, y solo le tenían para ofrecer un techo y comida para no dejarla morir, pero la pequeña parecía empeñada en echarse a morir y no comer.
— Pequeña las circunstancias nadie las escoge, ni mucho menos las merece, pero acá uno de nosotros nos toca afrontar momentos difíciles, son esos momentos los que nos moldean y nos vuelven fuertes — dice Fingolfin estando sentado a sus pies.