Primer momento
Parte 4
La niña se complementaba más al bosque y se sentía más cómoda en aquel lugar, ya habían pasado unos cuantos días y empezaba a tener un especie de rutina cada día; se levantaba al sonido de las aves que cantaba a primera hora del día, cuando el alba se alzaba en el horizonte, y las hadas eran las que se encargaban de asear a la pequeña, y de lavar sus vestidos los mismos hechos por las hadas que demostraban tener un talento muy singular para confeccionar vestidos.
— Cada día estas más hermosa mi pequeño clavel — dice el hada Kalasi con una sonrisa que expresa cariño.
La pequeña Diyarly se alejo al arroyo a jugar.
— Parece que te estás encariñando demasiado con la humana — oye Kalasi a sus espaldas.
— Hada madre, no sabía qué vendría a verme — voltea y realiza una reverencia al hada madre.
— Me hallo desconcertada por el futuro de la pequeña – dice el hada mientras dejando entre ver un nerviosismo en su rostro.
— La pequeña no es una amenaza, mi tampoco la será — afirma con seguridad Kalasi.
— Parece que no tienes ninguna duda de eso.
— Es tan solo una pequeña y su alma es pura, no puede ser corrompida si esta con nosotros.
— “El alma no lo corrompe los demás, sino las situaciones” no olvides eso Kalasi — dice sabiamente, mientras se da la vuelta y se aleja aleteando lerdamente en su vuelo.
Había ese nerviosismo de que la pequeña hiciese algo en contra de los seres del bosque, pero para el hada Kalasi eso era evitable e incluso imposible si era ella la que hacía lo conveniente para el desarrollo emocional como persona de la pequeña Diyarly.
Las inmensidades del bosque serían el patio de juego de una humana, eso molestaba al rey Malghor, el cual mostraba su disgusto y desagrado, evitando incluso ver a la pequeña.
— Esto es una aberración para los milenios de historia que tiene nuestro hogar — dice en un monólogo el rey.
Las aves era testigo de los pensamientos del rey que los decía en voz alta, en su cabeza rondaba la idea de acabar con la pequeña, antes de que se encariñara con los seres del bosque, era una decisión difícil pero necesaria para el concepto del rey, así que; planearía acabar con la pequeña. Esa misma noche lo haría.
— Al ocaso de la tarde te dirigirás a la cabaña donde está la pequeña y le darás unas gotas del elixir de árbol flotante — le dice el rey Malghor a un sujeto el cual nunca se había visto por el bosque.
— Si alguna hada se entromete la haré estallar, decorando todo el lugar con sus entrañas — dice el sujeto que parecía estar entre las sombras.
— Las criaturas del bosque no son tu objetivo, abstente de hacerles daño — tajantemente deja en claro Malghor.
— Soy una sombra nadie me verá.
El sujeto desaparece entre las sombras, sin lograr ver quién era o qué cosa era. Las aves testigos de esto, vuelan y dan su mensaje a los árboles y estos a los árboles parlanchines , todo esto era un secreto a voces y los árboles parlanchines no quería tener que verse con el rey Malghor, pero tampoco querían dejar que la pequeña muriese. Uno de ellos rompió el silencio y se lo susurró a el elfo Fingolfin..
— Pequeño elfo, la niña corre peligro — le susurra un árbol a Fingolfin, que se hallaba recolectando setas y hongos.
— ¿Qué sucede árbol? ¡Dime! — muy exaltado pregunta el elfo.
— Un sujeto vendrá por la noche para matarla.
— ¿Qué desalmado querría matar a una niña? — desconcertado Fingolfin por todo esto.
— No se quien vendrá.
— Debemos impedirlo, hay que correr la voz para advertir que hay un asesino entre nosotros
— No creo que ese sujeto quiera hacernos daños a nosotros — dice el árbol, desconcertando aun más a Fingolfin.
— ¿acaso sabes algo más? Dime todo lo que sepas árbol — confrontando al árbol para que dijese todo lo que supiera.
— Solo lo digo porque es lógico que solo quiere a la niña, nosotros no somos su objetivo — muy serenamente dice aquel árbol.
Los árboles del bosque siempre se han considerado seres muy sabio, por los cientos de años que tienen plantados, y aunque aquel árbol quería decir más, sabía que no debía porque el rey tenía el control y debía respetar su autoridad, aunque estuviese en contra de ella.
— ¡Debemos proteger a la niña! — dice exaltado Fingolfin a Aragorm.
— ¿De que hablas Fingolfin? — pregunta Aragorm.
— Quieren asesinar a la pequeña, esta misma noche — estando hiperventilando, dice Fingolfin con pavor reflejado en su rostro.
— ¿Estas seguro de lo que dices? Y ¿Quién? ¿Cómo carajos tu sabes eso? — bombardea de preguntas a Fingolfin, el cual difícilmente podía gesticular las palabras claramente.
— Estoy mu-muy seguro, no tenemos tiempo debemos hallar y protegerla antes de que llegase la noche.
Apresurados buscan a el hada Kalasi para dar con la pequeña rápidamente, y la ven con la pequeña en la orilla de arroyo.
— ¡KALASI! ¡KALASI! — gritan mientras corren hacia Kalasi.
— ¿Qué les sucede? — pregunta asustada el hada, mientras la niña los veo bastante extrañada.
— Alguien quiere asesinar a la pequeña, esta noche — dice Fingolfin muy asustado.
— Cálmense y explique claramente.
— Déjame hablar a mí — le dice Aragorm a Fingolfin, sabiendo que era más sereno para hablar.
— Mi Kalasi, Fingolfin ha oído el rumor de que esta noche se atentara contra la vida de la pequeña Diyarly — sin titubeo dice Aragorm.
— ¿Por qué dicen eso, acaso saben quién lo hará? — pregunta el hada.
— No sabes nada sobre quien es, pero esta misma noche está planeado.
— Hablaré con el rey para evitar esto — dando una solución el hada, dice esto.
— ¿De que hablan, es sobre mí? ¿cierto? — pregunta la pequeña algo temerosa.
Se dirige el hada hacia donde se hallaba el rey Malghor.
— Rey necesito hablar con usted — dice el hada Kalasi, al hallarlo en sus aposentos.
— ¿Qué necesitas hada? — pregunta Malghor con su rostro inexpresivo.
— La pequeña Diyarly la quieren asesinar.
— ¿estas segura de esto hada? — nuevamente hace preguntas el rey.
— Si mi rey, y debemos proteger a la pequeña, ya que esta misma noche querrán asesinarla — dice el hada al rey, esperando una respuesta.
— Mandare a guardias a estar atento de la niña — dice el rey mientras se levanta y se va.
El hada Kalasi se va y busca a la pequeña para llevarla a su cabaña para poder protegerla allí y con ella se va los elfos.
— Nosotros venimos y ni tú mi yo somos guerreros, ¿Cómo protegeremos a la pequeña, si necesitamos que nos protejan a nosotros — le comenta Fingolfin a un notable nervioso Aragorm.
— No somos guerreros, ni luchadores pero debemos defender a esa pequeña, ya es parte de una de los nuestros — afirma un valiente y vivaz Aragorm.
— Sigo creyendo que moriremos — interrumpe Fingolfin al discurso emocional de Aragorm.
— Que tal si dejan de discutir ese tipo de cosas, si son o no son lo suficientemente buenos para pelear — dice tajante el hada Kalasi a ambos.
— Mi primo el elfo Legolas era un gran guerrero y muy hábil con el arco y la flecha — afirma Fingolfin.
— No tienes ningún primo elfo llamado Legolas — le dice Aragorm al mismo tiempo que le lanza una mirada de desagrado.
— Si, enserió mi padre me contaba de sus grandes hazañas de nuestro primo — continúa contando Fingolfin.
— ¿Era tu primo o el de tu padre? — pregunta sarcásticamente Aragorm.
— De ambos, quizás más de mí padre — afirma Fingolfin.
— Creo que estas bastante nervioso que deliras — dice Aragorm y adelanta el paso dejando hablando solo a Fingolfin.
— Enserio si era mi primo — un Fingolfin sin atención continua afirmando el hecho de su supuesto parentesco con una figura de cuentos y leyendas de elfos.
Al fin encuentran a la pequeña a pie de un gran sauce, y esta solo observaba el aleteo de las mariposas.