No puedo seguir, Barney 2parte

5000 Palabras
No puedo seguir, Barney Capitulo III (2 parte) Observaba como la chica se acercaba hacia nosotros, y como si todo fuera en cámara lenta que ella venia, me dejaba anonadado, era una belleza que veía mis ojos, una mujer de al menos un metro sesenta y siete centímetros de altura, una dama de unos treinta años de edad con una figura esbelta, pelo de color castaño oscuro, que le llegaba a su espalda baja, de una tez morena, con la sonrisa más hermosa que habían visto mis ojos, en su cuello colgaba un collar con una especie de esfera, me había enamorado a primera vista. La chica Alice se acerca a la mesa y le pregunta a Barney, que era lo que quería, y él le dice que se encontraba bien, y que está vez quería presentarme un amigo que ahora estará más a menudo por la tasca, yo muy apenado le digo un nervioso hola, y le estiro la mano, pero ella cargaba dos botellas en las manos y las alza mostrarme que no podía darme la mano, yo todo nervioso, le digo que si claro que estupidez la mía, mientras Barney se ría de mí, yo le digo que realmente si es mi hermosa la chica, Barney, me dice que no debía perder tiempo y que ya que ni bebía que aprovechara eso para impresionarla, yo todo confundido le pregunto que como haría para impresionarla, a eso él me responde que cuando actúas diferente, destaca de entre los demás y debía utilizar eso a mi favor. No sonaba tan descabellado lo que decía Barney y entonces le pregunte que como haría para destacar, a eso me dice que debía esperar que todos se vayan, y podrás hablar con ella y en eso interrumpo a lo que decía Barney, para recordarle que me debía ir temprano para no llegar tarde a el primer día de pruebas en la oficina de contadores, a eso Barney me dice que todo sería mi decisión y además no creía que, por irse tarde hoy, no podría llegar a tiempo al día siguiente. Eso me puso muy pensativo y volteaba a ver a Alice y miraba el reloj de pared que había en la tasca, este lo vi varias veces, cuando marcaban más 10 pm, después las 11, y así fue como transcurrían las horas, mientras yo hablaba con Barney y miraba a Alice, y observaba que más hombres las miraban, era una batalla que debía afrontar, contra muchos hombres, aunque ella se alejaba de quienes se quería sobrepase con ella, quienes cruzaban el límite, ella me decía al cantinero y este lo sacaba a punta de pistola, era bastante celoso con el bienestar de su empleada. Eran las dos de la mañana, cuando Barney dice que se irá a casa, ya después de beberse 3 botellas de ron y una de tequila, no conocía alguien que pudiese beber tanto, pero allí estaba frente mío y se ponía de pie, estaba como si nada, aunque si se notaba que estaba borracho, aun así se iba a ir solo a su casa, le pregunte que como pensaba llegar a su casa en ese estado, me respondió que esperaría un taxi y se iría a su casa, le dije que tuviese cuidado por las calles, y solo me respondió que las malditas calles eran de él, y se acercó a mí oído y me susurró ¡aprovecha!, y se dio la vuelta y se marchó. En la tasca quedaba solo un par de hombres, y uno de ellos estaba dormido en la mesa y el otro bebía y balbucear un montón de cosas que no se podían comprender. En eso se acerca Alice y me pregunta que porqué seguía allí, si no bebía, y le respondo que me gustaba pasar tiempo en la tasca. Ella se rio a eso y me dijo que quizás creía que era por otra razón por la cual me había quedado allí, le dije entonces que quizás había razones mayores para que me quedase pero que disfrutaba la estadía en aquel lugar, lleno de borrachos, además antes era un sujeto que bebía demasiado y casi moría por eso. Aproveche en ese momento y le conté sobre mi trágico proceso pasado no hacía mucho, fue tan lindo como ella estuvo tan atenta a todo lo que hable y fue comprensible conmigo. Paso quizás una hora en la que ella y yo hablamos, creía que habían pasado solo unos cuantos minutos, aunque realmente sabía que habían pasado mucho más, fue muy amena la conversación con ella, que hizo que pasara el tiempo y ni siquiera nos diéramos cuenta. Aquellos dos hombres que aún quedaban allí, se levantaron y se fueron. El que balbuceaba, pero aún estaba despierto, tomó a su amigo dormido y se lo llevó como pudo. Fue entonces para cuando habíamos quedado solo Alice, yo y el cantinero. Ayudaba a Alice a limpiar las mesas y arreglar el lugar, y mientras hablamos y nos conocíamos poco a poco. Ella me contaba que ella no era de Malavé, sino que había llegado la ciudad no hacía más de un año, y se me había complicado en su anterior ciudad, de dónde provenía. Al llegar logró trabajar en un bar, pero constantemente acosada, y por eso decidió salir de trabajar en aquel bar, y una amiga la cual conoció trabajando en bar de mala muerte en el que estaba antes, es vecina del cantinero de la tasca, y fue así como supo del trabajo, y fue por ella, por la que estaba en ese momento allí. Estaba tan inmerso oyéndola y ayudándola que había perdido la noción del tiempo, y cuando me percaté a ver la hora en aquel reloj de pared, este marcaba las cuatro de la mañana. En un par de horas, debía estar listo para ir a la oficina de contadores, y yo andaba con la misma ropa y con un olor a alcohol y cigarro, que darían muy mala imagen. Debía irme, pero conversaba con Alice de manera tan amena, que me daba vergüenza, interrumpirla de golpe para poder irme. Pero debía, así que le dije que realmente lo lamentaba, pero debía irme, ya que en unas horas debía estar presentable dentro de una oficina de contadores, y ella muy gentil entendió y se despidió. Fue así que me dirigí, a mi casa y tomé un baño, y me preparé para estar listo, para ir a mi prueba de trabajo. Ya eran las seis de la mañana, para cuando estaba listo para salir, sin haber dormido nada en toda la noche, sentía agotamiento excesivo, y mis párpados se cerraban solos, necesitaba dormir, pero sabía que no debía, y que ese día era mi mejor oportunidad de hallar algún trabajo decente, y no desaprovecharía eso. Así que con todo el sueño, cansancio y agotamiento que sentía, me propuse a llegar, y de camino me lo repetía una y otra vez, “sin esfuerzo, no hay logros”, aquella frase era mi inspiración. Pero tampoco podía sacar de mis pensamientos a Alice, estaba constantemente recordándola, y así iba de camino, me hacía la pregunta si le había agradado a ella o solo se había portado lindo conmigo, temía que fuese solo eso, porque realmente quería que ella pudiese decir que le había sido de agrado conocerme... ¿Era mucho pedir lo que pedía acaso? Era así como me llegaban pensamientos, y eso rondaba en mi conciencia, hasta que llegue a la entrada de la oficina de los contadores. Allí se encontraba el portero que recordó mi cara, y me dijo que llegaba 15 minutos tardes, y eso era muy malo, para empezar, pero me deseó suerte. Entre hasta donde se hallaba recursos humanos, y encontré a la chica que me había atendido con anterioridad, el día pasado, le saludo muy cordialmente y esta solo me dice que había llegado tarde y eso estaba muy mal visto, pero que por ser solo 15 minutos, lo dejaría pasar peor no lo olvidaría, y que si se volvía a suceder, perdería la oportunidad de trabajar allí, caí en cuenta de lo importante que debía ser mi puntualidad, pero sabía que no debía volver a suceder, ya que esa vez sólo era por trasnocharme en la tasca, pero había valido la pena, había convido buenos momentos con Alice y eso era para mí y una manera linda y agradable de perder el tiempo, y lo volvería hacer, si tuviera la oportunidad. La chica de recursos humanos me indicó la oficina a la cual debía estar, era solo un escritorio en el cual solo había una pequeño cartel que decía, “atención al ciudadano”, eso seria mi nuevo trabajo, el sujeto mejor calificado sería un oficinista más, eso era humillante, pero era lo mejor que podía conseguir para esos días. Así que sin reproches, me senté y espere las indicaciones de lo que debía de ahora en adelante. La chica cordialmente me dice que su nombre es Dana y que lo que al ser una oficina de contadores, debía como primer sitio de atención, el recopilar toda las solicitudes, quejas y dudas de los clientes, que debía mantener una buena actitud en todo momento y no debía ser grosero ni descortés mucho menos. A todo lo que me iba diciendo, le asentaba con la cabeza en manera de estar de acuerdo con todo lo que decía, en mi mente esto sería algo relativamente fácil, así que no me preocupaba por lo que pasara, estaba y me sentía lo suficientemente capacitado para un trabajo tan sencillo. Así fue durante semanas que estaba muy a gusto con el puesto y sin muchos sobresaltos me acoplaba a mi sitio de trabajo y sentía después de mucho tiempo satisfacción por lo que hacía y aunque no era el trabajo deseado por una persona como yo que aspiraba a muchos más, era más que suficiente para ir adaptándome a una nueva ciudad que me llenaba de desafíos y retos de vida. Mi rutina era sencilla a lo que mejor recuerdo, me levantaba muy temprano por la mañana y salía directo a la oficina, cumplía mi jornada laboral y cada viernes al salir, me iba directo a la tasca y allí me encontraba con Barney, fue así las primeras semanas, después fue siendo día por medio, hasta convertirse en todos los días al terminar de trabajar, me dirigía a la tasca y empecé a dejar mi pagos en aquel lugar, todo lo que ganaba prácticamente lo debía en la tasca ya que el cantinero me conocía y bien sabía que le pagaría en vienes que era el día de pago, y sin falta siempre le pagaba pero ya el sábado me daba cuenta que no tenía dinero y solo para comprar un poco de comida para abastecerme por solo esa semana y en cantidades reducidas, y estaba muy consciente que estaba errando como persona y que eso no era sano ni para mi ni para mi entorno. Incluso llegue a presentarme ebrio am trabajo, y solo me tomaba una pastilla para el malestar y seguir trabajando; tenia suerte que mi oficina no era muy concurrida y no había necesidad de estar en todas mis condiciones para trabajar, pero aun así me cuidaba de no levantar sospechas a mis superiores. Recuerdo un día estar encabronado por todo esto que yo mismo permitía así que decidí no seguir yendo tan seguido, y Barney me llamo y me dijo que el cantinero esperaba el pago, porque casualmente no fui un vienes y debía ir a pagar, así que tomé mi cartera y me dije en el camino que solo le pagaría al cantinero y me iría de nuevo a casa. Y fue así que llegué le pagué al cantinero por las botellas que me había bebido en la semana y cuando me dispuse a irme, Barney me llega por la espalda y me pregunta que a donde voy, le digo que me iré y este se ríe me toma del cuello con el brazo y me sienta en una silla y me dice que esta vez el invitara los tragos y que no me fuera aun. — Quédate que esa noche los tragos correrán por mi cuenta —dijo Barney. — Solo serán un par de horas —le replicó el sujeto que le acompañaba Les dije que debía trabajar y que lo mejor era irme a casa y que para la siguiente ocasión con seguridad estaría con ellos. Me di la vuelta y salí de allí, sentía una extraña sensación, ya que nunca antes había rechazo a Barney para tomar, pero esta vez había sido diferente, y eso era muy extraño de mi parte. Llegue a casa y me recosté en mi casa mirando el techo y creí que ya no me volvería a afectar el consumo de alcohol “que tan equivocado estaba”. Me quedé dormido y recuerdo que me desperté a eso de las 3 de la madrugada, exaltado y me levante fui a la cocina tomé un vaso de agua y después me dirige a la cama a consolidar el sueño que había perdido de manera tan extraña y abrupta. Mis pensamientos ladeaban de un lado a otro en mi mente, y me nublaba las ideas, cosas que me pasaban hacían que no pudiese dormir en paz y mantener mi conciencia tranquila. Empecé a tomar tranquilizantes y medicamentos para poder dormir toda la noche, cada mañana que me despertaba me levantaba con cansancio y agotamiento por mi rutina pero más aun porque mi mente estaba agotaba y eso me afectaba aun más. Llegue al trabajo y al entrar me topo con el portero y encargado de la seguridad. — Buen día señor, creo que ha llegado algo tarde —me dice el sujeto en cuestión. — ¡Mierda otra vez llegue tarde! —exclame. Entre y al sentarme en mi oficina, esperaba clientes y la única persona que entró fue la que menos quería que viniese, era la directora del departamento de recursos humanos y esta me mira muy fijamente, lanzándome una mirada que me llenaba de desconcierto. — Creo que estas consciente de tu llegada tarde — me dice la directora. — Si, yo no volverá a suceder — le digo. — Ya son cuatro días llegando tarde, de manera consecutiva —responde la directora. Estaba muy claro de mi falta y que la venia cometiendo desde ya hacía unos días, no sabía qué me las llevaban contadas, ¡vaya que radical! Pero era la manera en la cual llevaban el control de las faltas de sus empleados, y no era nadie para discutirle eso. Empezaría a mejorar ese aspecto, bien sabía que era capaz de lograr mejoras en mi vida y me enfocaría en eso. Empezaría una rutina para mejorar mi condición física y mental, se que no seria fácil, pero de algo si estaba bastante convencido y era que después de un esfuerzo, se daría las cosas y mejoraría aquellas facetas laboral, y en mi vida personal y amorosa, ¡ah y por supuesto la que me tenía anegado en la bebida! La que hasta ahora la deficiencia más prominente de mi conducta, aquella que me había empezado a provocar dependencia a escapar de mis problemas y de mi misma realidad, una vía de desahogo que estaba tomando más de mí, que yo de ella. Era lunes y para mí mente eso significaría una semana nueva que tomaría como punto de partida para empezar a cambiar ruinas y renovar hábitos, para hacer de mi una mejor persona, ya no estaba en casa de mis padres donde tenía miles de comodidades y donde no dependía de mis decisiones, sino de las que mis padres tomaban por mí. Quizás mi padre si era más estricto para la crianza, también creo en mi ciertas inseguridades con respecto a lo que debe ser un hombre y sus obligaciones patriarcales; crianza con puño de hierro para hacer de mi un hombre de bien, quizás por una parte no fue tan malo o no del todo fue una mala crianza, ya que debido a ese estatus de régimen me corrigió de ver con buenos ojos, ciertas conductas que están mal. Siempre vi con desaprobación las drogas y todo lo que tuviese que ver con ellas, y eso debido a el temor impartido por mi padre a el consumo de sustancias psicotrópicas, un buen aspecto de su crianza rígida. Recuerdo un día estaba en clases y salí bastante temprano y mis amigos los que estudiaban conmigo, me invitaron a casa a pasar la mañana, ya que no haríamos más nada por ese día. Yo sin dar quejas, acepte y nos fuimos a casa de un amigo el cual sus padres se encontraban trabajando — En casa tengo bocadillos y podemos ver una peli —comente mi amigo. — Vamos entonces —respondimos todos los que estábamos allí. Nos fuimos entonces a casa de este sujeto, al cual ni recuerdo el nombre. Al llegar este me pide que lo acompañe a su cuarto y ya estando allí, el chico saca una caja de cosas que tenía debajo de su cama, y me pide que la sostenga y que no la voltease. — ¿Qué hay en esta caja? — le pregunte al amigo. — Son cosas que tengo, ya veras — me respondió de manera burlesca. Estando en la sala con el resto de los chicos, cuando el anfitrión de casa, me pide la caja y yo se la doy. Y este saca de la caja una pipa echa con materiales de aluminio o eso creo –no recuerdo bien la aleación de esa pipa – un objeto de elaboración artesanal; después saco un encendedor y una pequeña bolsa con lo que para mi inexperta mente conocería como m*******a, esta estaba ya preparada para ser fumada. El chico dueño de la casa, con la punta de sus dedos índice, medio y pulgar; tomó un poco de la bolsita y lo colocó en la pequeña pipa, después tomó el encendedor y este lo coloco por debajo de la pipa para que se calentase y después aspiro, dejando la pipa de lado y mirando al techo y dejando salir de su boca un humo bastante blanco. Lo observábamos y este se reía y tomando la pipa con la mano y extendiéndola hacia mí, y ofreciéndome, yo lo tomé y le pregunté del cómo se hacía eso, y este me explica que debía colocar la llama del encendedor, debajo de la pipa y aspirar pero no tan fuerte, yo hice así como me decía pero aspire demasiado, que empecé a toser y botando el humo por boca y nariz, mientras me reía y los ojos se me aguaban. — ¡Que loco esta esto! — dije entre risas a los que estaban allí. — Después aprenderás como hacerlo bien —me respondió el chico de la pipa. Y fue así unas cuantas veces, hasta una tarde que llegue a casa y mi papá me paro en la entrada de la casa y me miró fijamente a los ojos y me preguntó de a donde había estado, yo titubeante, le respondí que estaba donde unos amigos. — ¿Amigos que te dejan oliendo a drogas? — me dice de manera certera mi padre. — No, no es así, hacíamos trabajos del colegio. — le respondo mientras me temblaba la voz. — No permitiré que sigas estando con ese tipo de sujetos, y menos consumiendo porquerías — muy enojado me dice papa. — ¿Me prohibirás ahora tener amigos? — Tus amigos son ahora un montón de adictos, y no dejaré que te arrastren con ellos a la perdición. —dijo papá, de manera tajante Estaba bastante enojado papa y yo le dije que él no podía decirme quienes sería mis amigos, este al decir esto me dio una bofetada y ese día aprendí a nunca a levantarme la voz, ya de pequeño no me atrevía y el día que fui capaz, mis aires de ego y actitud activa duraron poco. Siempre le había tenido a papá y esa vez me dejaba aún más en evidencia que me sucedía si me atrevía a desafiarlo. Las maneras en la cual mi padre me impartió valores, no fue la más ortodoxa, pero con los años entendí que fue así como a él lo educaron, y lo hicieron llegar hacer lo que ahora era. Después de ese inconveniente, no volví a ir a casa de mis amigos y me aleje en cierta manera de ellos, temía a lo que mi padre pudiese hacer. Esa era la sensación más real que tenía sobre mi padre y su conducta. Sabía que no podía competir contra él, y problemas así, se convirtieron en el detonante para que decidiese irme casa, y buscar mi propio camino. Eso fue el epílogo de mis desgracias, irme de casa y abandonar mi destino que se me había impuesto por mi padre, el mismo que su padre había impuesto en él, y siguió, convirtiéndose en un honorable m*****o de la familia. ¡a la mierda los estatus de familia de sociedad! No me arrepiento, porque a pesar de que viví muchos momentos difíciles y tristes, fui un idealista y un precursor de mi propio destino. Me había puesto a la tarea de no ir más a la tasca pero tenía una gran dificultad que no me permitió cumplir con mi misma palabra y no era el alcohol, ni la ansiedad de librarme de mi realidad y de mis problemas, sino simplemente era Alice; era ella la razón de ir a la tasca y amaba verla a los ojos y perderme en la inmensidad de mis pensamientos, su sonrisa era paz a mi alma y cada segundo a su lado, hacia que los latidos de mi corazón tuviesen sentido. Una fuerte razón por la que iba una y otra vez, me había adicto a su mirada, y mi felicidad dependía de sus palabras. Tan sencillo y complejo de entender, así se había vuelto mi situación. Los detalles de esta situación hacían que se me escapase de las manos las posibilidades de mejor y cambiar esta manera tan derrochadora de vivir. Pero al final era más de lo mismo, la misma historia y los mismos protagonistas. Me arme de valor de decirle que aceptase una cita, ya que solo nos habíamos topado en la tasca una que otra vez y eso era todo, nunca habíamos podido entablar una conversación como quería. Solo la noche aquella en la que me acompaño un momento y fue una conexión muy linda. Llego ese día y fui a la tasca y sin pedir ningún trago, me dirigí directamente hacia Alice. — Ho-o-o-ola, ¿que tal? — de manera nerviosa le salude. — ¡hola!, bien y ¿tu? — responde Alice. — ¿deseas tomar algo, o lo mismo de siempre? — Realmente quería pedirte-te, que-que salieses conmigo algún día — nervioso como nunca me había sentido, le dije. — Claro, no hay problema, ¿Cuándo puede ser? — relajadamente me responde. Aun no procesaba esa información mi mente y por dentro se me pintaba una gran sonrisa de oreja a oreja, ¡la chica había aceptado! ¿Estaba soñando? eso creía en ese momento, parecía irreal.Pero si estaba pasando y después de hablar con ella y llegar al acuerdo de vernos, el día siguiente a las 2 pm antes de entrar al trabajo, en el parque, – hay por lo menos una decena de parques en la ciudad – así que nos veríamos en el más cercano a su trabajo, con la intención de que si hiciese tarde, no faltase a su trabajo; teniendo la máxima consideración hacia con ella, ese ere el yo que quería demostrar hacia ella, un hombre correcto. Papá alguna vez me dijo que ante lo nuevo sea persona o empresa la primera impresión era por lo menos el 70% de lo importante; y eso lo quería llevar a cabo, aunque realmente no hacía caso a lo que decía mi padre peor oía, y después que me fui de casa, aún sus palabras me seguían. Espere que llegase la hora, y dos horas antes ya estaba listo y me predispuse a salir y de camino una señora me dice –joven, ¿me ayuda con abrir este pesado portón?– con mucho gusto la ayude y eso después me pido que le ayudes a cargar cosas de su auto a dentro de la casa — Llevo prisa, no puedo ayudarla — le respondo a la señora. Realmente no tenía tiempo para cargar porquerías ni mucho menos que no son mías. De manera afana pase por donde habías quedado en encontrarnos y allí estaba, sentí gran alivio al verla, en algún momento pensé que ella no vendría o se arrepintiese de su decisión.Pero allí estaba, puntual, incluso más que yo y pude deducir que ella también tenía interés en estar y vernos aquel día. — ¡Hola! ¿Qué tal? Perdona mi tardanza es que una vieja quería que la ayudase a abrir un portón y después quería que le hiciese de mula de carga y bueno me atraso… pero acá estoy — me excusaba ante ella. — Ok, no hay problema de todas formas no llevaba mucho tiempo esperando — responde serenamente ella. — ¿Quisieras un helado y caminar por el parque? — era lo mejor que se me ocurría en ese momento . — Si claro, no tienes que ser tan formal — con una sonrisa me responde. Ella me hacía sentir muy cómodo en esa ocasión, me gustaba estar en ese momento junto a ella. Hablábamos por horas y siempre había un tema de conversación, y se fluían las ideas, sin trabas ni silencios incómodos. — La ciudad a veces me parece avasallante. — le comento acerca de mi tiempo en la ciudad. — También lo fue para mi, pero con el tiempo te acostumbras y empiezas a visitar más lugares y conocer muchas más personas, la cuestión es como sobrellevar las cosas, y olvidar de lidiar con el lugar. — me responde con toda sinceridad ella. — Donde vivía antes, era bastante difícil de socializar, es que vivía siempre en casa y no había sitios de ocio como los hay acá, esta ciudad es inmensa. — le respondo exaltado. — Realmente no soy de la ciudad y vengo de otro lugar lejos de acá, donde pasé parte de mi infancia y no los recuerdo de muy buena manera. Pero estoy acá y es lo que importa. — Tampoco recuerdo mi infancia con mucha alegría, si tuve momentos de felicidad genuina, pero fueron etapas cortas, que deseo que perdure en mis pensamientos hasta el día en que muera o me maten, en concreto que ya no sea más alguien sino que solo un recuerdo de alguien más. — mutuamente hablamos de nuestras infancias complicadas. — Vengo de una familia de 4 hijos, “claro si se puede llamar familia” — comenta de manera sarcástica. Ya que mi padre tenía otra familia con la que vivía, después de separarse de mi madre cuando tenía 8 años y pocas veces lo veía. Y cuando eso sucedía era tan poco el tiempo que me fui acostumbrado a no necesitar una figura paterna, ya que mi madre a pesar de todo nos crío a mí y a mis hermanos sola y sin ayuda ni económica ni emocional. Aunque mi madre en ocasiones pretendía dejarlo todo y tirar lo que había hecho, pero ahí se mantuvo, a pesar de todo. Fue una ejemplar madre hasta que falleció, y aún tenía yo 17, me había quedado sola con mi hermano menor de 15, ya que mis otros dos hermanos ya eran mayores y tenia una vida. — contaba ella con sus ojos brillantes a punto de llorar. — Lamento por todo lo que tuviste que pasar, también me pasó algo parecido, aunque fui hijo único y mi madre había muerto cuando yo aun era un niño y mi padre me crío con rudeza y creando para el un heredero a su firma de ingenieros, la cual decidí no seguir, por eso llegué a Malavé, en búsqueda de algo nuevo, algo que me hiciese sentir vivo. — fue mi respuesta a ella. Había sido un excelente día, pero la noche había llegado antes de que yo quisiese, ha que cuando estas con alguien que hace el tiempo corra más rápido es porque disfrutas cada instante junto a esa persona, y eso me sucedía con Alice, me hacía despegar mi mente de toda la mierda que vivía, llamada realidad me hacia sentir muy feliz. Los constantes problemas que vivía a diario por mi vicio al alcohol y el andar de fiesta en fiesta y vivir mi vida loca influenciado por Barney me estaba acabando lentamente y sabía que me estaba matando, muy bien sabía que me llevarían a la perdición y lo entendía, pero aun así no podía dejarlo, algo me lo impedía, aunque amaba a Alice y la apreciaba por todo lo que habían hecho por mí y porque aún seguía a mi lado a pesar de que estaba inmerso en mí mismo infierno en vida, no podía o no sabía qué podía hacer al respecto, me sentía frustrado y al mismo tiempo no encontraba la manera de cómo salir de ese hoyo en el cual estaba hundido y me ahogaba en el alcohol, cada fin de semana era una fiesta más, y un problema más que no sabía cómo controlar y simplemente ya no era yo. Había perdido el control y no sabía cómo recuperarlo, decidí hablar con Barney y decirle que ya no podía acompañarlo a cada una de sus fiestas, y que me alejaría un tiempo de esa vida de relajo y parrandas, el problema que enfrentaba era el cómo hallaría la manera de decirle eso a Barney.
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