Esa noche no pegué un ojo pendiente de Dioniso. Mi sentimiento de culpa no se iba. Hizo que me acostara a su lado en la diminuta camilla, de la que, el 90% ocupaba él. Así que, pasé una noche terrible, pero él durmió plácidamente y eso me encantó. En la mañana, después de desayunar, le dieron el alta y nos fuimos a casa en el auto todo manchado de sangre. — ¡Joder! Otro auto que se va a la basura gracias al terremoto Ianthe. —No vamos a tocar el tema del por qué te deshiciste del otro —dije con el ceño fruncido. —Con respecto a eso, hay algo de lo que debemos hablar. —Por tu bien, solo espero que esa mujer no esté embarazada —dije un poco alto. Lo escuché reír —Con el montón de preservativos que viste en el piso, ¿crees que esa mujer está embarazada? — ¿Y todavía bromeas con eso? —p

