Amanece, y la típica lluvia de Londres se puede escuchar a fuera, seguida de una temperatura fría, aunque no para morir, más bien para acurrucarse todo el día. Aún seguimos en el cómodo mueble donde disfrutamos tanto anoche. Tengo deseos de ir al baño, Mateo me tiene sujetada por la cintura, intento gafarme de sus fuertes brazos, sin embargo, este me presiona más contra su cuerpo. —Mateo, suéltame, quiero ir al baño - le digo. —Uumm, no, quédate un rato más - me dice con su voz adormilada. ¿Acaso piensa que puedo controlar esa parte del ser humano? —Mateo - lo llamo con autoridad. A regañadientes me suelta, aprovecho para levantarme, antes de que me vuelva a ser su prisionera. Cuando intento pararme siento dolor en mi entrepierna, sabía que eso iba a pasar, lo de anoche fue intenso, d

