—Está bien iré - digo. Lo escucho emocionarse para luego colgar. Debo de estar loca, ¿Cómo acepto viajar a miles de kilómetros para ver a un hombre que me tiene confundida? Definitivamente, este hombre me saca de mi zona de confort. Mi madre me observa desde su oficina con una sonrisa, creo que percibe mi cambio de humor. Estaba dispuesta a contarles mis angustias, que era mejor aprovechar su viaje, esa distancia continental que nos separa para evaluar nuestra relación, sin embargo, su voz es como un anestésico, solo lo escucho y todo se calma. Su propuesta me hace imaginar que en realidad desea que esto funcione, si él está luchando, yo debería hacer lo mismo. Vuelvo donde está mamá para decirle los nuevos planes: —Mamá, voy… ah… creo que iré a Londres - termino de decir. Ella achica lo

