Una conspiración

1017 Palabras
Las horas corrían apresuradamente. Ana se encontraba rendida sobre el sofá, y Elena estaba sentada en un rincón de la sala, concentrada mientras tecleaba en su monitor. Carlos las observaba; podía apreciar la belleza de Elena al estar centrada en una sola cosa y no pensar en nada más. Elena se percató de su mirada, cerró el monitor y dirigió su vista hacia él. Aún tenía sus dudas sobre él y su curiosidad aumentaba insaciablemente, cómo había llegado hasta la entrada de su puerta y cómo fue herido hasta tal extremo. Lo observó acomodarse en el sofá mientras inhalaba pesadamente. _Tengo muchas dudas sobre ti_ dijo ella, viéndolo fijamente. Él solo se limitó a observarla mientras la castaña mantenía toda su atención en él y sin apartar la vista de encima, dudó por unos minutos porque no sabía si ser completamente sincero con una desconocida. _¿Qué quieres saber de mí? _ Carlos, aún herido y exhausto, sopesó sus palabras. _Cuéntame acerca de tu vida y por qué te perseguían _ indicó Elena. Carlos exhaló lentamente, eligiendo sus palabras con cuidado. _ Mi camino aquí fue tortuoso _ comenzó. _ Soy un fugitivo, perseguido por las fuerzas nacionales que no puedo comprender del todo. Herido y desesperado, llegué a tu puerta buscando refugio. _ confesó _ No podía respirar bien y mi corazón latía desesperadamente. De repente, perdí el oxígeno y sin darme cuenta, ya estaba sobre tus brazos. Pero ahora, al mirarte, me doy cuenta de que quizás no sea solo el azar lo que nos ha unido. Sus ojos se encontraron con los de Elena, y en ese instante, el misterio de su llegada se entrelazó con el destino. Elena lo escuchaba atentamente, su mente girando como las ruedas de un reloj. La tensión en la sala era palpable mientras Carlos compartía su relato. Elena, con los ojos fijos en él, esperaba ansiosa por más detalles. Carlos tomó un sorbo de agua antes de proseguir. _ Mi vida antes de todo esto era muy diferente _ comentó. _ Solía ser un ingeniero de software, trabajando en una empresa de tecnología. Pero todo cambió cuando descubrí algo que no debía. Elena inclinó la cabeza, intrigada. _ ¿Qué fue lo que descubriste? _ preguntó. Carlos miró al suelo, como si reviviera aquellos momentos. _ Una conspiración. Algo grande. No puedo decirte exactamente qué, pero involucraba a personas poderosas, gobiernos y tecnología avanzada. Me topé con información que no debía conocer, y eso me convirtió en un objetivo. _ ¿Y cómo terminaste herido frente a mi puerta? _ preguntó Elena. Carlos suspiró. _ Fui perseguido implacablemente. Me dispararon en el hombro mientras huía. No sabía a dónde ir, pero algo me llevó aquí. Quizás fue el destino o simplemente la desesperación. Pero al verte, sentí que había encontrado un refugio seguro. Elena asintió, procesando la historia. _ ¿Y ahora qué? ¿Qué planeas hacer?. Carlos sonrió débilmente. _ No lo sé. Pero estoy agradecido de haberte encontrado. _ sonrió levemente. La sala se llenó de silencio, y ambos sabían que estaban en medio de algo mucho más grande de lo que imaginaban. El misterio y la conexión entre ellos se profundizaban, y el destino seguía tejiendo sus hilos invisibles. La mañana llegó y el sol apenas comenzaba a asomarse, la suave brisa hacía que las cortinas bailaran al compás. Elena se encontraba en su habitación mientras que Ana aún seguía dormida. Carlos estaba allí tirado en el sofá, pensando detenidamente qué haría después, porque sabía que en el mismo instante en que Ana se despertara, se vería obligado a marcharse de allí. Su concentración no duró mucho cuando se vio interrumpida por Elena, quien bajaba lentamente las escaleras con su computadora en manos. Ella se dirigió hacia donde él estaba y dejó su monitor sobre la mesa. _ ¿Cómo te encuentras? _ le preguntó mientras lo veía fijamente. Carlos se limitó a observarla. No sabía si su preocupación por él era real a pesar de ser un completo desconocido para ella, pero le reconfortaba saber que al menos alguien lo hacía. Carlos se tomó un momento antes de responder. Sus pensamientos estaban dispersos, pero la presencia de Elena parecía anclarlo de alguna manera. _ Estoy... bien, supongo. _ respondió finalmente, aunque su voz no sonaba convincente. Elena frunció el ceño ligeramente, como si no estuviera del todo convencida. Se sentó frente a él y encendió su computadora, pero sus ojos no se apartaron de Carlos. _ ¿Seguro? _ insistió. _ Pareces tener muchas cosas en mente. Carlos suspiró y se pasó una mano por el cabello. _ Es complicado. _ admitió. _ No estoy acostumbrado a hablar de mis problemas con extraños. Elena asintió comprensivamente. _ A veces, hablar con alguien que no te conoce puede ser más fácil. No hay juicios, solo escucha. _ dijo suavemente. Carlos la miró, sorprendido por la sinceridad en sus palabras. Quizás, pensó, podría confiar en ella, aunque fuera solo un poco. Por primera vez se sentía bien de alguna manera. _ Está bien. _ dijo finalmente. _ Supongo que no tengo nada que perder. Elena sonrió, satisfecha de haber logrado que Carlos confiara en ella, aunque solo fuera un poco. Pero su alegría fue interrumpida cuando comenzó a escuchar unos golpes en la puerta seguidos de un toque rápido de timbre. Se levantó de su asiento y le hizo una señal a Carlos indicándole que no se moviera de su lugar y que se quedara allí en completo silencio. Elena le hizo una señal a Carlos para que se mantuviera en silencio. Los golpes en la puerta continuaron, más insistentes esta vez. ¿Quién podría estar afuera? Elena se acercó a la puerta con cautela, preguntándose si debía abrir o no. La tensión en la sala era palpable mientras esperaban a que alguien se identificara. Elena se asomó por la mirilla con cautela, tratando de identificar a la persona al otro lado de la puerta. La luz del pasillo apenas iluminaba lo que estaba afuera, pero pudo distinguir una figura alta y sombreada, era Martín.
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