El antiguo almacén parecía retener sus secretos con más fuerza a medida que Carlos avanzaba. Las paredes estaban cubiertas de graffiti desgastado, y el suelo crujía bajo sus botas empapadas. El hombre con la capucha seguía riendo, como si supiera algo que Carlos no.
__ Dime __ apretó los dientes. __ ¿Qué es lo que sabes? __ preguntó, su voz ronca por la tensión. __ ¿Por qué nos traicionaste a todos nosotros?.
El hombre se acercó, revelando un rostro marcado por el tiempo y la culpa. __ No fue una traición, Carlos. Fue una elección. __ Sus ojos brillaban con una mezcla de arrepentimiento y determinación. __ La organización para la que trabajaba... __ suspiró __...ya no es lo que solía ser. Se ha corrompido. Y yo... yo quería cambiar eso.
Carlos frunció el ceño. __ ¿Cambiarlo? ¿Cómo?.
__ Hay documentos __ el hombre sacó un sobre arrugado de su abrigo __ pruebas de todos sus crímenes. Si los exponemos, podemos derrocarte. Pero necesitábamos a alguien valiente, alguien que no tema enfrentar la verdad.
La lluvia seguía cayendo, y Carlos sopesó sus opciones. ¿Lealtad a la organización que lo había criado o justicia para todos aquellos que habían sufrido? La decisión estaba en sus manos, y el antiguo almacén parecía esperar su respuesta.
Carlos se encontraba atrapado entre dos mundos: el pasado que lo había formado y el futuro que podría cambiarlo todo. La lluvia arremetía contra las ventanas rotas del almacén, como si también estuviera tomando partido en su dilema. El hombre con la capucha, cuyos ojos reflejaban una mezcla de culpa y determinación, continuó hablando.
__ La organización para la que trabajaba ya no es lo que solía ser. Se ha corrompido. Y yo... yo quería cambiar eso. __ Su voz era un susurro cargado de secretos.
Carlos apretó los puños. ¿Qué debía hacer? ¿Seguir siendo leal a la organización que el mismo había creado, o arriesgarse a enfrentar la verdad y luchar por la justicia? Los documentos en el sobre arrugado parecían pesar más que el agua empapando sus botas.
El antiguo almacén, con sus paredes cubiertas de graffiti y su suelo crujiente, parecía aguardar su decisión. Carlos sabía que no podía quedarse en la encrucijada para siempre. Debía elegir: lealtad o revelación. Justicia o traición. El tiempo corría como la lluvia por los cristales rotos, y su elección definiría su destino.
__ ¡Oh, vaya Ethan! __ rió irónicamente __ Nunca creí que llegarías a ser capaz de cometer traición hacia tu benefactor, pero te admiro. ¡Nunca nadie había llegado tan lejos! Debo admitir que, al menos, al estar tanto tiempo bajo mi cuidado y protección, has logrado aprender algo.
Finalmente, aquel hombre encapuchado se dejó notar. Era realmente Ethan, tal como Carlos había especulado. Carlos lo fulminó con la mirada, sus ojos irradiaban ira. Nuevamente apuntó su arma hacia Ethan y sin ninguna expresión en su rostro.
__ Di tus últimas palabras __ le ordenó bruscamente con voz ronca. __ Considerate afortunado de que te permita hablar __ río irónicamente.
__ No has cambiado en absoluto, balbuceó __ pero adivina qué... __ interrumpido.
__ Tienes cinco segundos para hacer terminar de hablar __ gruñó Carlos. __ Y luego, no habrá vuelta atrás.
El aire en el almacén se volvió más denso mientras Carlos sopesaba las palabras de Ethan. La lluvia seguía cayendo, como si el cielo también estuviera esperando su elección. Carlos miró los documentos en el sobre arrugado. Pruebas incriminatorias contra la organización que había sido su vida durante años.
__ ¿Qué ganas con esto? __ preguntó Carlos, su voz apenas un susurro. __ ¿Por qué arriesgarte a traicionar a tus propios compañeros?
Ethan se acercó, sus ojos buscando los de Carlos. __ Porque hay más en juego que solo nosotros. __ Su mirada se desvió hacia una esquina del almacén, donde una sombra se movía.
Cuando Carlos dirigió su mirada hacia donde Ethan estaba mirando, se dio cuenta de que Ethan le había tendido una trampa y había traído consigo a 5 agentes federales para apresarlo. Al verse en esa situación, antes de que comenzaran los disparos, Carlos le disparó a Ethan, pero su disparo falló y solo le alcanzó en la pierna, ya que Ethan se echó a correr en busca de refugio.
Carlos, con el corazón latiendo con fuerza, se arrastró detrás de un montón de cajas mientras los disparos resonaban en el almacén. La lluvia seguía cayendo afuera, como si el mundo también estuviera en conflicto con su decisión.
Ethan, cojeando pero decidido, se acercó a la sombra que había visto antes. Era una figura encapuchada, con los ojos ocultos y las manos temblorosas. Carlos no podía ver su rostro, pero algo en su postura le resultaba familiar.
__ ¿Quién eres? __ gruñó Ethan, apuntando su arma hacia la figura. __ ¿Por qué estás aquí?.
La figura levantó lentamente la cabeza, revelando unos ojos azules intensos y una cicatriz en la mejilla.
__ Soy Rachel __ dijo con voz firme. __ Y estoy aquí para ayudarte.
Carlos, desde su escondite, observaba la escena con incredulidad. ¿Quién era esta misteriosa mujer?. Aunque se hacía un sin fin de preguntas en su cabeza, no encontraba respuestas. Rachel se acercó a Ethan y le quitó la pistola.
__ No soy parte de la organización __ explicó. __ Soy una periodista investigativa. He estado siguiendo sus pasos durante meses. Tengo pruebas de sus operaciones ilegales, y estoy dispuesta a exponerlos.
Ethan frunció el ceño. __ ¿Por qué debería confiar en ti?
__ Porque al igual que tú, también quiero justicia __ respondió Rachel. __ Y porque sé que Carlos también quiere lo mismo al venir hasta aquí. No podemos dejar que esta organización siga operando impunemente.
Carlos, por otro lado, sintió la adrenalina correr por sus venas mientras seguía disparando sin cesar. La lluvia seguía cayendo, pero dentro del almacén, una tormenta aún mayor estaba a punto de ser desatada.